Iris Mamier • Edelweiss Ramal • Anne Berit Petersen • Harvey Elder

Invitación a un diálogo espiritual:Una perspectiva de Loma Linda

Edición Especial

Enfermería Adventista

Dos experiencias contribuyeron con este artículo. Uno fue la pérdida que tuvo una colega de su anciana madre justo antes del final del año académico. Durante la hospitalización previa en un centro médico adventista, debía dividirse entre responder a las exigencias de su trabajo y las necesidades de su madre. La iba a ver varias veces al día, pero quedó perpleja cuando su madre falleció en forma inesperada. Durante la hospitalización, le dió prioridad a las necesidades médicas de su madre pero no había tenido la oportunidad de velar por sus necesidades espirituales. Cuando supo que dos de sus estudiantes de enfermería habían orado con su madre justo antes de que falleciera, sintió solaz en saber que su madre había tenido apoyo en el momento de la muerte.

La segunda experiencia provino de un estudio de investigación cualitativo llevado a cabo hace unos años en la Universidad de Loma Linda.1 El primer autor realizó una encuesta con los enfermeros que trabajan en cuidado intensivo, sobre encuentros significativos experimentados con la espiritualidad durante sus horas de trabajo. Aunque la mayoría de los encuestados informó encuentros positivos al ofrecer asistencia espiritual, una enfermera expresó dudas sobre la preparación que había recibido en una universidad adventista en su responsabilidad como proveedora de asistencia espiritual. Dijo que se le había enseñado a elevar una oración (y masajear la espalda) durante sus guardias noscturnas. Esto no le había creado ninguna dificultad hasta que comenzó a trabajar en un hospital que no pertenecía a una entidad religiosa. Un día, se encontró en la incómoda situación de ser reprendida por su supervisora porque un paciente se había quejado.

Esas dos situaciones ameritan una reflexión. Una interacción fue recibida como un precioso regalo, y fue recordada con gratitud, mientras que la otra, como mínimo, terminó con el enojo del paciente y el desaliento de la enfermera. Está claro que los estudiantes de enfermería necesitan estar equipados con herramientas para navegar las necesidades espirituales de los pacientes en una sociedad de múltiples confesiones. Como educadores, tenemos la responsabilidad de prepararlos para que reconozcan signos espirituales y enseñarles cómo invitar a una conversación espiritual en los diversos contextos de atención al paciente. Existe la necesidad de que los estudiantes se vuelvan sensibles a posibles obstáculos y aprendan cómo conectarse con las personas de todos los trasfondos de manera tal que el paciente siempre se sienta respetado y honrado. Por lo tanto, la forma en que enseñamos a los estudiantes sobre el cuidado espiritual merece una preparación concienzuda de parte del educador en enfermería.

La asistencia adventista sobre salud adopta el enfoque de un ciudadano integral que incluye la espiritualidad del paciente. Dado el legado histórico de la asistencia adventista de salud, es fácil asumir que sus profesionales quienes han sido educados y que trabajan en instituciones adventistas, han sido capacitados en el cuidado espiritual. Aun así, hay escasas publicaciones (más allá de los escritos de Elena G. White a los profesionales médicos) que expliquen con claridad una perspectiva adventista sobre la asistencia espiritual y cómo debería enseñarse. Si este es en efecto central a la asistencia adventista sobre salud, entonces merece una discusión más abierta. El propósito de este artículo es brindar a enfermeros y educadores adventistas en enfermería una guía práctica para iniciar un diálogo espiritual. A continuación, se efectúa una revisión de dos encuentros significativos de los evangelios y se extraen consejos dados por Elena G. White en su libro El ministerio de curación, para armar así el escenario. Al reflexionar sobre nuestras propias experiencias y la sabiduría práctica de los que han sido nuestros mentores, situamos estas perspectivas en el contexto de la práctica colaborativa interdisciplinaria en el área de Salud de la Universidad de Loma Linda, y sugerimos que la combinación de experiencia, investigación y orientación a partir de fuentes inspiradas da una perspectiva única de cómo enseñar a los enfermeros para a ofrecer un cuidado integral. Esperamos estimular más pensamientos y mayor reflexión en la práctica y ámbitos académicos.

Encuentros bíblicos de sanamiento integral

La vida y el ministerio de Jesús ejemplificaron de qué manera la atención espiritual es parte integral de la atención de los enfermos. Su enfoque al momento de sanar a dos paralíticos reflejó un verdadero enfoque “de atención integral de la persona”, conectando el bienestar físico, mental y espiritual.

Sanamiento en Betesda

Juan 5 nos informa sobre la recuperación de un hombre que había estado paralizado durante 38 años. Betesda, que significa “Casa de Misericordia”, era un lugar de miseria concentrada en Jerusalén, donde multitudes de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos esperaban asistencia y buscaban ser sanados. Jesús deliberadamente visitó ese hospital un sábado, sin la compañía de sus discípulos.2 Se sintió atraído por un hombre que había estado paralítico por mucho tiempo. Después de casi cuatro décadas de sufrimiento, sintiéndose solo, sin amigos y desalentado, el hombre había perdido casi toda esperanza. Para conseguir la atención del hombre, Jesús se inclinó, lo miró a ojos y le hizo una pregunta que puede haber parecido obvia pero que invitó al hombre a que compartiera su historia: “¿Quieres ser sanado?”3 La respuesta del hombre da cuenta del lamento de su alma: “Señor –respondió–, no tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua y, cuando trato de hacerlo, otro se mete antes”.4 Su expectativa de sanamiento se enfocaba en una cura mágica que supuestamente era el resultado de entrar al estanque en el momento correcto. No tenía idea con quién estaba hablando. Jesús entonces le ordenó hacer lo imposible: “Levántate, recoge tu camilla y anda”5 Con la energía que le dieron esas palabras, el hombre obedeció y fue sanado. Entonces salió rápidamente de allí y se dirigió directamente al templo, aún llevando su lecho, con el propósito de alabar a Dios por su recuperación.

Apenas llegó el hombre jubiloso al templo, los líderes judíos lo confrontaron por quebrantar el sábado. Según ellos, había pecado otra vez. El hombre se angustió. Pero en ese momento, Jesús inició un segundo encuentro en el templo: ¡Sanamiento, segunda parte!

Refiriéndose a los verdaderos asuntos, Jesús compartió con el hombre cómo podía conservar su salud: “Mira, ya has quedado sano. No vuelvas a pecar, no sea que te ocurra algo peor”.6 Después de experimentar la restauración física, el hombre tenía razones para confiar en que Jesús quería lo mejor para él y que sus consejos eran importantes. La pregunta “¿Qué te ayuda a no quedar atrapado e indefenso otra vez?” sigue siendo relevante para nosotros hoy. El hombre necesitaba un poder externo lo suficientemente fuerte y confiable para mantenerlo alejado del pecado, un poder que, como cristianos, creemos que solo resulta de una relación con Dios. El éxito de los programas basados en lo  espiritual, tales como Alcohólicos Anónimos y programas similares dirigidos a otras adicciones, son testigos de esta realidad. Han tenido éxito porque conectan a los pacientes con un “poder superior” y reestablecen valores espirituales.7

Tan pronto como los líderes religiosos descubrieron quién era el sanador, confrontaron duramente a Jesús porque lo había sanado en sábado. Jesús respondió con calma: “Mi Padre aún hoy está trabajando, y yo también trabajo”.8 Aquí Jesús explica la perspectiva más abarcadora de la atención espiritual: Desde que los seres humanos eligieron desconfiar de su Creador, Dios ha estado trabajando sin descanso, y especialmente en el sábado,9 para restaurar una relación de confianza. Asi, el Hijo está haciendo lo mismo que percibe hacer el Padre; uniéndose al Padre en su tarea. ¿Cómo podría hacerlo de otra forma?10 Si Jesús obraba sobre la base de seguir al Padre, nosotros también deberíamos enfocarnos en las señales de la obra de Dios en la vida de un paciente. Puede que surjan indicios espirituales en forma de expresiones de inutilidad, vergüenza, culpa, relaciones fracturadas, desesperanza, etc., que señalan hacia una necesidad espiritual de perdón, aceptación, esperanza y reconciliación. Estas a menudo no se hacen evidentes a menos que el proveedor de la asistencia satisfaga primero las necesidades físicas de una forma empática y competente. Una vez que se ha atendido a estas y se ha cultivado la confianza, los pacientes pueden revelar qué es lo que más les preocupa de su enfermedad. El lamento expresado por el alma da entonces dirección al cuidado espiritual o a la derivación a especialistas (por ej., la aistencia pastoral).

Sanamiento en Capernaum

La segunda historia, sobre el paralítico de Capernaum, aparece en tres de los cuatro Evangelios: Mateo 9:1-8, Marcos 2:1-12 y Lucas 5:17-26. Ese paralítico estaba tan indefenso que dependía de la determinación y la fuerza de sus amigos para que lo llevaran a Jesús. Cuando se dieron cuenta de que era imposible pasar entre la multitud, arrancaron parte del techo de la casa donde estaba Jesús y bajaron al hombre ante su presencia. Es probable que la miseria del hombre se viera reforzada por el estigma de sentirse un pecador abandonado por Dios,11 a lo que se sumaba la angustia mental y la desesperanza espiritual a una situación física de por sí devastadora. En consecuencia, las primeras palabras que le dirigió Jesús fueron recibidas como un bálsamo de sanación: “¡Ánimo, hijo; tus pecados quedan perdonados!”.12

Este caso nos sirve de inspiración. Por ejemplo, cuando se les pregunta a los pacientes de qué manera ha influido una enfermedad en su manera de ver a Dios, no es raro que expresen remordimiento, culpa o vergüenza por sus decisiones del pasado. Algunos atribuyen su enfermedad a Dios, como castigo por sus malos actos del pasado. Una comprensión semejante de Dios dificulta mucho que la persona afectada imagine que Dios los mirará con amor y no con desprecio y rechazo. La culpa y la vergüenza, por lo tanto, los separan del recurso más valioso que de otra manera podrían tener: el refugio en la presencia amante de un Dios perdonador que los conoce personalmente y que los acepta en una relación de confianza con Él. Para el paralítico, la seguridad del perdón otorgada por Jesús le dijo que Dios no lo había rechazado, por el contrario, lo amaba con un amor infinito.

Con una identidad renovada como hijo amado de Dios, su sentido de autoestima se vio restaurado, y comenzó a experimentar sanamiento emocional y espiritual. Por lo tanto, cuando Jesús dijo las poderosas palabras: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”,13 el paralítico fue sanado integralmente: espiritual, física y mentalmente. Lo que para las autoridades religiosas era un acto blasfemo reveló en realidad el poder divino y la autoridad de Jesús como Hijo del Hombre, según se evidenció en la restauración de la salud física del paralítico.

Aplicación a la asistencia médica moderna

En ambas historias, Jesús es presentado como encargado de brindar ayuda espiritual. Ya fuera que estos hombres eran conscientes o no de sus necesidades espirituales antes de ser sanados, o simplemente se presentaron con las necesidades que sentían para buscar sanamiento físico y esperanza, Jesús los vio como un ser integral y se conectó con ellos de manera auténtica, y se ocupó de restaurarlos, no solo física sino también espiritual y mentalmente.

Puede que surjan indicios espirituales en forma de expresiones de inutilidad, vergüenza, culpa, relaciones fracturadas, desesperanza, etc., que señalan hacia una necesidad espiritual de perdón, aceptación, esperanza y reconciliación. Estas a menudo no se hacen evidentes a menos que el proveedor de la atención satisfaga primero las necesidades físicas de una forma empática y competente.

Como adventistas responsables de brindar asistencia a otros, se nos recuerda que el Espíritu Santo obra en la vida de los pacientes antes, durante y después de nuestro encuentro con el paciente. Nuestra experiencia y percepción de un paciente y su situación es limitada. Por el contrario, Dios conoce la historia de vida de un paciente y sus necesidades. A medida que los enfermeros se vuelven más conscientes de las necesidades espirituales de un paciente y responden a ellas, en esencia, ingresan a “terreno santo”.14 Al seguir el modelo de Cristo, los enfermeros buscan evidencias de que Dios está obrando en la vida del paciente. Libres de cualquier agenda y guiados por el Espíritu Santo, escuchan el lamento del alma, mostrándose empáticos y validando las necesidades subyacentes. Los enfermeros no pueden forzar este proceso, ni deberían llegar a sentir que su tarea primordial es la restauración espiritual y la salvación del paciente. Por el contrario, los enfermeros pueden asegurarse de estar en sintonía personal con el Espíritu Santo, al entregarse y someterse a su conducción. El fundamento de la asistencia espiritual, por lo tanto, se encuentra en conectarse con Dios mediante la oración y el estudio de su Palabra, para detectar las necesidades en ocasiones disimuladas de los pacientes. Ese fue el método de Jesús, y también puede ser el nuestro.

El ejemplo de Jesús al sanar a los paralíticos también demuestra que la asistencia espiritual no tiene que ver con debatir doctrinas sino revelar el amor del Padre. Elena G. White lo expresó de esta manera: “A la cabecera de la cama del enfermo, evítese toda palabra acerca de dogmas o controversias. Diríjase la atención del enfermo hacia Aquel que quiere salvar a todos los que a él acuden con fe. Con fervor y ternura, procúrese ayudar al alma pendiente entre la vida y la muerte”.15 A todo aquel que la pida, se le promete la sabiduría necesaria para este enfoque de la asistencia espiritual. “El Salvador está dispuesto a auxiliar a cuantos le piden sabiduría y claridad de pensamiento. Y ¿quién necesita más sabiduría y lucidez que el médico (o enfermero), de cuyas resoluciones dependen serias consecuencias? Todo aquel que procura prolongar una vida debe mirar con fe a Cristo para que dirija todos sus movimientos. El Salvador le dará tacto y habilidad cuando se enfrenta con casos difíciles”.16

¿Cómo enseñarla?

Los educadores adventistas en enfermería sienten satisfacción al capacitar a profesionales de la salud para ser competentes y calificados. Nada es dejado al azar. Los currículos están diseñados para responder a todos los aspectos de la salud física y mental. Como educadores, actuamos en forma deliberada con respecto a lo enseñado en clase. En los ambientes de práctica, probamos y evaluamos el conocimiento y las habilidades de los estudiantes, y observamos con detenimiento los resultados del programa. También invertimos mucho esfuerzo en nutrir espiritualmente a los estudiantes. Esa inversión se basa en la convicción de que la vida espiritual del estudiante y su relación personal con Dios moldeará todos los aspectos de su futuro, incluida su práctica profesional.

Por lo tanto, los estudiantes de instituciones educativas a nivel terciarios y universidades adventistas toman al menos una clase de religión por año de su educación profesional. Creemos que a medida que aumenta la concientización espiritual y la experiencia de fe, los estudiantes se mostrarán más sensibles a las necesidades espirituales de los demás. Sin embargo, tenemos que preguntarnos, “¿Es esto suficiente para que los estudiantes estén preparados para brindar asistencia integral al paciente? ¿Tendrán las habilidades necesarias para invitar a un diálogo sobre sus necesidades espirituales? ¿Qué marcos, herramientas y principios pueden ser ofrecidos, que puedan ser tomados en cuenta por los enfermeros para orientarlos en su práctica?” La asistencia espiritual es un arte, y así como sucede con el desarrollo de otras habilidades y destrezas en enfermería, se aplican principios que abarcan desde un principiante hasta el más experto17

Enfoques explorados en la Universidad de Loma Linda

Los investigadores de la Universidad de Loma Linda han luchado con estas preguntas. El doctor Harvey Elder y el doctor Wil Alexander18 han preguntado específicamente cómo podemos transformar un arte –dirigido por el Espíritu Santo– en principios prácticos y aplicados que los estudiantes lo desarrollen en habilidades, confianza y pericia. El enfoque de ellos ha sido precursor en el cuidado integral del individuo del área de Salud de la Universidad de Loma Linda, como también han sido mentores de incontables proveedores de asistencia en las últimas décadas, a través de talleres y visitas a los pacientes.

Cuidado espiritual en el contexto del cuidado integral de la persona. En lugar de reducir al paciente a un proceso de enfermedad, un enfoque de cuidado a la persona en su totalidad intenta comprender a los pacientes con sus propias historias, y complejidades en sus dimensiones físicas, emocionales, relacionales y espirituales. El fundamento espiritual es visto como una dimensión integradora de todas las demás dimensiones del ser. Basándose en cuatro décadas de atención de pacientes con HIV/AIDS, el doctor Elder ha reflexionado de manera extensiva sobre los enfoques prácticos y bíblicos que implica enseñar técnicas de asistencia espiritual a los profesionales cristianos de Salud.19 Él recomienda que los educadores sean ejemplos y motiven a los estudiantes a seguir una serie de pasos en su práctica. Esto incluye (1) pedir al Espíritu Santo que les dé la pasión, amor e interés genuino por el cuidado de sus pacientes; (2) permanecer comprometido en escuchar lo que el paciente y el Espíritu Santo dicen; y (3) invitar a los pacientes a contar sus historias y estar atentos a escuchar la “angustia de su clamor” o el dolor asociado a sus experiencias. Después de que un paciente ha compartido su historia, él aconseja a los profesionales de salud que les hagan preguntas que inviten a un diálogo espiritual. En el siguiente pasaje, compartimos un enfoque práctico para abordar y escuchar los temas espirituales que han sido usados en el área de Salud de la Universidad de Loma Linda.

Capacitación aplicada a la práctica del cuidado espiritual. Durante los últimos diez años, el doctor Harvey Elder y la doctora Carla Gober-Park, del Centro de Vida Espiritual y Plenitud de la Universidad de Loma Linda (www.religion.llu.edu/wholeness), han llevado a cabo múltiples talleres de cuidado o asistencia espiritual para los profesionales de salud. Estos suelen incluir una práctica en las unidades de atención al paciente en las instalaciones médicas de la Universidad de Loma Linda. El objetivo de la actividad ha sido invitar a un diálogo espiritual con los pacientes que estén dispuestos a hablar con un grupo de dos o tres profesionales de salud.

Los enfermeros a cargo de la unidad brindan orientación para saber a qué pacientes contactar, o no. Al entrar a la habitación del paciente, el grupo se presenta como profesionales de salud que no son parte del equipo de tratamiento pero que están asistiendo a una conferencia. El encargado de práctica informa al paciente que el grupo quiere aprender a realmente escuchar, y pregunta si el paciente está dispuesto a hablar con el grupo. El encargado pregunta si ellos pueden sentarse mientras conversan. Esto se debe a que se quiere evitar la postura de mirar desde arriba al paciente durante el diálogo. El encargado de práctica sigue diciendo: “Si en algún momento usted se siente incómodo o no quiere seguir hablando con nosotros, diga simplemente: ‘¡Estoy cansado!’, y todos nos iremos”. Esos simples pasos prácticos son importantes para establecer consentimiento y dar control al paciente sobre la interacción.

Durante el taller los participantes reciben una secuencia de preguntas para guiar la conversación. El equipo ha hallado que las siguientes preguntas resultan efectivas para evocar diálogos de índole espiritual que resulten significativos y sustancial:

  1. ¿Desde cuándo tiene (o ha estado viviendo con) esta enfermedad?
  2. ¿Qué es lo que más le preocupa de su enfermedad?
  3. ¿Cuál es su fuente de fortaleza?
  4. ¿Cómo ha cambiado esta experiencia la manera en que usted se ve a sí mismo?
  5. ¿Cómo ha afectado esta experiencia su manera de ver a Dios/un Poder Superior/la vida?

La pregunta inicial: “¿Desde cuándo tiene esta enfermedad?” enfoca el diálogo en la experiencia del individuo con la enfermedad en lugar de los detalles de su diagnóstico. Permite que el paciente revele tanto o tan poco como quiera sobre su historia médica. Pueden reenfocar la pregunta a su marco de tiempo preferido. Por ejemplo, durante un diálogo, una mujer de mediana edad nos dijo que había sufrido un accidente cerebrovascular durante su luna de miel en un barco-vivienda en un estado vecino. Rememoró entonces el sentido de gratitud que había experimentado porque su esposo se había asegurado de que ella recibiera la atención médica que necesitaba y la había apoyado durante su calvario.

La segunda pregunta: “¿Qué es lo que más le preocupa de su enfermedad?”, busca explorar y comprender el sufrimiento primordial del paciente, o la “queja mas grande”. Es fácil para los enfermeros, al igual que los demás profesionales de salud, asumir que conocen las preocupaciones principales de los pacientes. Sin embargo, hacer esa pregunta ha revelado en repetidas ocasiones que la preocupación principal del paciente no está necesariamente relacionada con el diagnóstico o plan de tratamiento. Hemos llegado a ver que es posible que un enfermero pase toda su guardia sin darse cuenta de cuál es la fuente principal de angustia para el paciente. Por ejemplo, en uno de los diálogos, cuando le hicimos esa pregunta a un musculoso joven que estaba sentado en su cama, su respuesta fue: “¿Será que Dios me va a perdonar?” Desconocido para el pequeño grupo, era el hecho de que había participado de una pelea a tiros y había perdido la mitad de la pierna, Sin embargo, en lugar de concentrarse en su sufrimiento físico o pérdida inmediata, su angustia no expresada era una catarata silenciosa de culpa y condenación. Y asombrosamente, cuando se lo invitó a compartir, transmitió inmediatamente su lamento espiritual.

Este modelo de indagación permite entonces preguntar al paciente sobre su fuente de fortaleza y apoyo: “¿Qué cosas le ayudan cuando atraviesa momentos difíciles?” El paciente a menudo se refiere a su sistema de apoyo: su familia, amigos o colegas. Algunos mencionan su iglesia, un club al cual pertenecen o una persona en particular. Dios puede que sea parte de su visión. Una pregunta de seguimiento puede investigar aún más: “¿Tiene usted una tradición religiosa o comunidad de fe que le resulte relevante?” Seguido de: “¿Es esa una fuente de apoyo para usted en este momento?”

Mientras seguíamos al doctor Elder en una clínica de HIV/AIDS cuando visitaba a un hombre con sarcoma de Kaposi, se volvió aparente que el paciente no estaba tomando sus medicamentos antirretrovirales. Durante la interacción, el doctor Elder le preguntó por su tradición religiosa. El paciente le explicó que había crecido en una denominación protestante pero que sospechaba que Dios no lo quería por el estilo de vida que había escogido. Ese encuentro ilustró de qué manera las creencias espirituales subyacentes (por ej., la culpa, los sentimientos de baja autoestima, una visión punitiva de Dios) pueden tener un impacto significativo en las decisiones de cuidaddo del paciente (por ej., la fidelidad a tomar los medicamentos). En este caso, la dimensión espiritual fue clave para entender por qué el paciente había dejado de cuidarse, y por qué tratar con la espiritualidad del paciente era fundamental para que el tratamiento fuera efectivo.

De la misma manera, cuando los pacientes se identifican como ateos o agnósticos, suele existir una historia de fondo, a menudo una de desilusión con una persona o grupo religioso determinado que explica por qué han renunciado por completo a Dios. Aun así, los pacientes pueden hallar terapéutico que se les dé la oportunidad de compartir sin ser juzgados. Al mismo tiempo, los pacientes que son creyentes pueden apreciar la oportunidad de compartir de qué manera su fe los ayuda a enfrentar los desafíos de la vida, dando al profesional de salud la oportunidad de afirmar la fe del paciente.

La cuarta pregunta expresa: “¿De qué forma esta experiencia ha cambiado la manera en que usted se ve a sí mismo?” Esta pregunta permite que el paciente reflexione sobre la forma en que la experiencia de la enfermedad lo ha afectado personalmente. Al enfrentar su propia vulnerabilidad, puede ser que digan: “Siempre he sentido que soy fuerte e independiente. Me da miedo verme de repente tan débil e indefenso”. O: “Después de esta caída, tengo miedo de volverme una carga para mi familia”. Estas dos respuestas muestran que el sentido de autoestima del paciente se ha visto sacudido, lo que refleja el paradigma: “Solo tengo valor cuando estoy fuerte, cuando soy un miembro productivo de la familia o comunidad”. No es raro que las experiencias de enfermedad generen preguntas sobre el propósito de la vida y las fuentes de su significado. Estar en situación vulnerable y recibir asistencia de enfermería y médica en forma bondadosa puede llevar a renovadas perspectivas sobre la vida y lo que realmente importa, que los pacientes quieran compartir.

Finalmente, dependiendo de que el individuo haya reconocido o no su fe en Dios, podemos continuar preguntando: “¿Cómo ha afectado esta experiencia su manera de ver a Dios o cualquier otro significado que tenga usted de la vida?” Esta pregunta investiga abiertamente la concepción o imagen que tiene el paciente sobre Dios y las preguntas existenciales de su vida. Esas creencias tienen el potencial de moldear significativamente la experiencia de estar enfermo. En un estudio que buscó explorar el afrontamiento religioso, Kenneth Pargament20 encuestó a 310 miembros de iglesias cristianas seis semanas después de la tragedia del bombardeo de Oklahoma. Mediante el análisis de factores, se categorizaron las creencias religiosas subyacentes como “útil” o por el contrario “perjudicial”. Aunque el enfoque útil produjo apoyo espiritual y una redefinición religiosa benévola, el enfoque religioso perjudicial se vio caracterizado por dolor y confusión religiosos, descontento con Dios, la iglesia, y la redefinición de eventos negativos de la vida como un castigo de Dios. Pargament halló que los que participaron mayormente de un útil afrontamiento religioso sostuvieron creencias benévolas sobre Dios y crecieron espiritual y psicológicamente después de esa situación complicada de la vida, mientras que el afrontamiento religioso negativo se asoció a mayor insensibilidad ante los demás.

Para los pacientes que aceptaron, esas cinco preguntas pueden generar diálogos sustanciales y significativos que validan sus experiencias. La secuencia no está diseñada como una estructura rígida sino más bien que motiva a encaminar la conversación en una dirección significativa. Sobre la base de nuestra experiencia, los pacientes y/o sus familiares aprecian tener la posibilidad de contar con la atención completa de los profesionales de salud. Esto en sí mismo puede ser experimentado como un regalo y como algo terapéutico.

Cuando los pacientes nos agradecen por tomarnos el tiempo de hablar con ellos, sabemos que el diálogo ha significado algo para ellos. Sin embargo, a menudo la bendición es para las dos partes. Por esta razón, el encargado de práctica siempre agradece al paciente o al familiar por compartir con el grupo. Si se considerara apropiado, también se puede preguntar: “¿Le resultaría útil que oremos por usted antes de irnos?” No solo creemos que es imperativo que los pacientes consientan antes de orar con ellos, sino que recomendamos expresar la oferta de manera tal que el paciente sepa que la oración no está motivada por la necesidad del profesional. Las palabras que se sugieren aquí mantienen el énfasis en el paciente, y en lo que puede serles de apoyo. La alternativa, “¿Puedo orar por usted?” se arriesga a poner al paciente en una situación en la que podrían sentir que desilusionan o hieren los sentimientos de un profesional de salud con buenas intenciones. La expresión que recomendamos permite que el paciente diga: “No, gracias, no creo que me resultaría útil”. Dado que reconocemos que la oración es una práctica íntima, personal y también comunal, también recomendamos un conocimiento básico de las religiones y principales tradiciones religiosas del mundo21 para estar más a tono con el trasfondo del paciente. Si el paciente lo solicita o lo acepta de buena manera, puede resultar útil expresar una oración como la siguiente:

Querido Dios, gracias por el privilegio de hablar con la señora Smith. Ella es tu hija amada. Gracias por estar con ella en medio de estos difíciles momentos. Estamos agradecidos de que se esté recuperando de su cirugía, y que su hijo la haya apoyado tanto a través de esta experiencia [mencione lo que el paciente ha nombrado como cosas importantes]. Por favor, quédate con ella ahora que mañana comenzará la rehabilitación [incluya preocupaciones o pedidos específicos que haya hecho el paciente]. Bendícela, Señor, y sigue otorgándole sanidad y tu paz. En tu nombre oramos. Amén.

Una vez que el grupo ha salido de la habitación del paciente, el encargado de práctica los llevará a un rincón tranquilo o a una pequeña sala de conferencias para analizar la experiencia. Es una parte esencial de la práctica, dado que se puede aprender mucho después del encuentro con el paciente. El encargado de práctica y el grupo reflexionan sobre lo que han escuchado y observado, y discuten detalles que siguieron o pasaron por alto. Las preguntas que pueden ser dirigidas al grupo son: ¿Cómo se siente la persona que hizo las preguntas? ¿Qué necesidades espirituales identificó el paciente? ¿Debería haber una derivación o seguimiento? El proceso de análisis permite que los estudiantes y participantes identifiquen temas espirituales emergentes. Estas sesiones también brindan la oportunidad de afirmar las fortalezas individuales de los participantes, brindar opiniones y sugerir enfoques alternativos. También ofrecen un marco a partir del cual evaluar la efectividad propia.

Pensamientos finales

Las dos historias al comienzo de este artículo ilustran que la satisfacción de las necesidades expresadas de los pacientes es lo que motiva cualquier tipo de asistencia espiritual. Aunque en el primer caso el apoyo espiritual permitió que el paciente falleciera en paz y este conocimiento consoló a la hija doliente, el segundo escenario fue motivo de preocupación, dado que se ofreció una oración sin la evaluación previa y sin prestar atención al contexto. Sugerimos que es importante el contexto dentro del cual se ofrece orar o cualquier otro tipo de cuidado espiritual. ¿Se ha conectado el enfermero de manera genuina con el paciente? ¿Ha evaluado y explorado las necesidades integrales del paciente? Y fundamentalmente: ¿Satisface la intervención espiritual las necesidades reales expresadas por el paciente? Las preguntas sugeridas que invitan a un diálogo espiritual pueden brindar una orientación útil. El arte de escuchar para captar indicios espirituales puede enseñarse mejor en el ambiente clínico, en encuentros con los pacientes en grupos pequeños seguidos de los análisis o discusiones posteriores correspondientes.

En conclusión, al modelar el cuidado espiritual y enseñar a los estudiantes cómo llegar a brindar ese cuidado, haríamos bien en comunicar el profundo gozo y el sentido de llamado que deriva de participar de manera intencional en esta obra sagrada. A medida que nos volvemos cada vez más en sintonía con la oportunidad y el privilegio únicos que tienen los enfermeros de “pisar terreno santo”, se nos recuerda que la postura y la verdad más poderosas desde las cuales podemos acercarnos a nuestros pacientes es verlos como hijos amados de Dios. Ese amor es transformador: “El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Las energías más potentes de nuestro surgen y entran en actividad. Libera al alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida”.22 Ese es el resultado óptimo del cuidado espiritual: que mediante nuestras interacciones con los pacientes, ellos experimenten ese amor que da vida, y reconozcan al Gran Sanador que obra en sus vidas.


Este artículo ha sido revisado por colegas.

Las autoras reconocen con aprecio las valiosas contribuciones a este artículo de parte del doctor Harvey Elder, la doctora Patricia Jones y la señora Adelaide Caroci Durkin.

Iris Mamier

Iris Mamier, PhD, MSN, RN es Profesora Asociada en el programa doctoral de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Loma Linda (LLUSN). La doctora Mamier posee un doctorado de la Universidad de Loma Linda, una maestría en educación en enfermería de la Universidad Humboldt, en Berlín (Alemania), y completó sus estudios de grado en enfermería en la Universidad de Heidelberg (Alemania). Ha practicado y enseñado en programas de enfermería en Alemania, Suiza y los Estados Unidos, y fue decana de la Escuela de Enfermería Waldfriede en Berlín (Alemania). Durante los últimos quince años, ha estado participando en la atención integral de la persona y la atención espiritual en la enfermería desde una perspectiva práctica, conceptual, pedagógica y de investigación.

Edelweiss Ramal

Edelweiss Ramal, PhD, RN, ha sido educadora en enfermería durante 40 años, 25 de ellos entre México y Botsuana, y 15 en los Estados Unidos. Actualmente es docente en las carreras de posgrado de enfermería de la Universidad de Loma Linda.

Anne Berit Petersen

Anne Berit Petersen, PhD, MPH, APRN-CNS, es Profesora Asistente en el programa de posgrado de la LLUSN. La doctora Petersen ha trabajado como educadora en enfermería en China, Tanzania, Etiopía y los Estados Unidos. Completó un título de grado en inglés en la Universidad Adventista de Washington, un título de grado en enfermería en la Universidad Andrews, maestrías en enfermería y salud pública en la Universidad de Loma Linda, y un doctorado y beca posdoctoral en la Universidad de California en San Francisco. Siente pasión por equipar a las enfermeras para que brinden una atención integral, y su programa actual de investigación está dedicado al control del tabaco y la prevención de las enfermedades no transmisibles, ya sea a nivel local como global.

Harvey Elder

Harvey Elder, MD, se graduó de la Escuela de Medicina de la Universidad de Loma Linda (LLUSM) en 1957 y completó una residencia en medicina interna en la Universidad de California en San Francisco y en el Hospital General de San Francisco. También tuvo una beca de investigación en enfermedades infecciosas en la Universidad Harvard. El doctor Elder desarrolló el programa hospitalario de control de infecciones en el Centro Médico de LLU y en el Hospital Jerry L. Pettis Memorial Veterans Administration en Loma Linda. Durante las últimas tres décadas, su práctica clínica se ha enfocado en la atención a personas con HIV y sida. Fue pionero de la atención integral de la persona por parte de los clínicos de LLU al ayudar a los pacientes para que hallen fortaleza y aliento espiritual al enfrentar desafíos de la vida y relacionados con la salud.

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Iris Mamier, “Nurses’ Spiritual Care Practices: Assessment, Type, Frequency, and Correlates”. Tesis doctoral, Universidad de Loma Linda University, 2009. ProQuest (AAT 3405316).
  2. Elena G. White, El Deseado de todas las gentes (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publishing Association, 1955): 171-184. En el capítulo 21 Elena G. White dice que Jesús caminaba solo en aparente meditación y oración cuando llegó al Estanque de Betesda.
  3. Juan 5:6. A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido extraídas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI®Copyright © 1986, 1999, 2015 de Biblica, Inc. Usada con autorización. Todos los derechos reservados.
  4. Ibíd., Juan 5:7
  5. Ibíd., Juan 5:8
  6. Ibíd., Juan 5:14
  7. Barbara Stevens Barnum, Spirituality in Nursing: From Traditional to New Age, segunda ed. (New York: Springer, 2003).
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  9. Sigve K.Tonstad, The Lost Meaning of the Seventh Day (Berrien Springs, Mích.: Andrews University Press, 2009).
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  11. John Mac Arthur, The MacArthur Bible Commentary (Nashville, Tenn.: Thomas Nelson, 2005).
  12. Mateo 9:2
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  14. Henry Blackaby, Richard Blackaby, and Claude King, Experiencing God: Knowing and Doing the Will of God (Nashville, Tenn.: B&H Publishing Group, 2008).
  15. Elena G. White, El ministerio de curación (Mountain View, Calif..: Pacific Press Publishing Association, 1959), 83.
  16. Ibíd., 81.
  17. Patricia Benner, “From Novice to Expert,” The American Journal of Nursing 82:3 (Marzo 1982): 402-407.
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