John Wesley Taylor V

¿Prueba o Sendero?El camino hacia la disciplina redentora

Cierto día estaba buscando una nueva experiencia para cambiar la rutina diaria de mis ejercicios. Había oído acerca de un sendero rodeado de arbustos y pinos de diversas variedades. Sabía además que tenía un sector empinado y largo, que debido a su dificultad había recibido el apodo de “loma cardíaca”.

Para mi alegría, la senda estaba bien marcada y la primera parte tenía una subida suave. Luego de una curva pude divisar un cartel inclinado en una forma muy extraña. Tal vez había sido colocado por alguien con un humor peculiar o quizás era fruto de un lapsus. En vez de decir Trail (sendero) decía Trial (prueba).

¿Qué aprendí? Seguramente, no todas las pruebas de la vida nos llevan al destino que queremos. A lo largo de los senderos de la vida, siempre encontraremos desafíos pero la forma en que enfrentemos estas pruebas determinará si lograremos, o no, alcanzar nuestras metas.

De todos los caminos en la experiencia de la vida, uno de los más difíciles de seguir es el de la disciplina. Este artículo trata de señalizar el camino hacia la concepción cristiana de la disciplina.

¿Es la disciplina un problema?

Los resultados de la encuestadora Phi Delta Kappa/Gallup nos indican que la disciplina, o la falta de ella, es uno de los mayores desafíos que enfrentan las escuelas en Estados Unidos.1 Esto provoca un efecto adverso en la educación. Los estudios recientes indican que al menos un catorce por ciento de los maestros de las escuelas públicas en Estados Unidos abandonan la profesión después de finalizar el primer año de trabajo y casi la mitad de los maestros cambian de rumbo profesional en los primeros cinco años.2 Estas deserciones se deben básicamente a la dificultad de mantener el orden en el salón de clase o a problemas disciplinarios más graves.3

Incluso los alumnos miden la eficacia de sus profesores en relación al tipo de disciplina que lideraron.4 En varias situaciones, los jóvenes concuerdan que sus peores docentes fueron los que aplicaron la disciplina en forma represiva o por el contrario los débiles, y que los mejores profesores supieron combinar magistralmente exigencia y cariño.

Este problema no se limita a la era moderna. La historia nos dice que tanto los padres como los maestros han estado preocupados desde antaño procurando encontrar una solución al problema de la mala conducta. Por ejemplo Rousseau, un teórico de la adolescencia, observó que un joven podía llegar a ser “casi ingobernable”.5 Desde el Antiguo Testamento surge la pregunta: “¿Cómo debemos criar al niño? ¿Cómo deberá portarse?”6

¿Qué es la disciplina?

La disciplina puede ser vista desde dos perspectivas opuestas. La primera es la del castigo. Para muchos, castigo y disciplina son sinónimos. El enfoque está colocado en el comportamiento externo –principalmente en el área de síntomas y control. Cuando los maestros y alumnos se enfrentan en una batalla a ver cuál de las dos voluntades va a prevalecer, la disciplina se degenera y se torna una contienda.

La disciplina, sin embargo, no consiste simplemente en el acto de castigar al transgresor, corregir sus errores, o prevenir algunas travesuras. En el ambiente escolar, la verdadera disciplina tiene como objetivo ayudar a los estudiantes a internalizar los principios bíblicos en la mente, de tal manera que puedan disfrutar de una vida plena como Dios nos ha prometido.7

Esto nos conduce hacia la segunda perspectiva, la de la instrucción, donde la disciplina es considerada como un viaje en el cual los niños y jóvenes tienen posibilidad de crecer y modelar el carácter. Los maestros saben que su tarea consiste en desarrollar el potencial y ayudarlos a navegar con éxito en un mundo difícil. En este modelo, la disciplina es enseñada, en vez de ser simplemente administrada. En un sentido más amplio, es una expresión tangible del amor. Involucra todo lo que los educadores son y pueden hacer, por los niños y jóvenes. Se convierte en un proceso por medio del cual se guía el desarrollo y el destino, ayudando a los estudiantes a crecer para alcanzar la plenitud de la persona que Dios quiere que sean.

En esencia, la disciplina cristiana es “discipulado”; es la adquisición de lealtad reflexiva a los principios correctos. Jesús llamó a un determinado número de hombres a ser discípulos. Eran personas que además de sus buenas cualidades y talentos, tenían hábitos perversos, caracteres malvados y un orgullo egoísta. Cristo los tomó como estaban, y por su ejemplo, estímulo y corrección amorosa los moldeó para que llegaran a ser personas comprometidas, centradas en Dios que, a su vez, lograron transformar el mundo en que vivían.8

¿Cuál es nuestro objetivo?

Hace más de un siglo Elena White escribió: “El objeto de la disciplina es educar al niño para que se gobierne solo. Se le debería enseñar la confianza en sí mismo y el dominio propio”.9 En consecuencia, la disciplina debería centrarse en la restricción interna en vez de la externa; en permitir en vez de controlar. La disciplina, por lo tanto, no consiste en una serie de acciones que una persona realiza, sino más bien algo que esa persona hace para ayudar a los niños y los jóvenes a desarrollarla por sí mismos.10

¿Por qué la autodisciplina debería ser el objetivo? La autonomía implica un proceso de toma de decisiones personales y una estructura que proporcionan estabilidad a la vida de una persona. Los jóvenes así preparados llegan a la edad adulta con objetivos claros, en vez de vagar sin rumbo a través de la vida porque nunca aprendieron a tomar decisiones de carácter moral.

El objetivo de la disciplina, es desarrollar en los estudiantes la capacidad y disposición para ser responsables de sus vidas. Deben aprender a pensar y actuar por sí mismos,11 para que conscientemente se esfuercen en conocer la voluntad de Dios y vivir de acuerdo con su principios.12 En el proceso, aprenden dominio propio y autoconfianza, como si tuvieran señales de “pare” y “siga” en la decisiones de la vida. De hecho, la vida disciplinada no es más que la expresión externa del amor, respeto a Dios, a los demás, y a uno mismo.13

El éxito de los educadores para lograr en sus alumnos el objetivo de autocontrol depende de la forma en que se orienta la disciplina. Hay varios tipos de disciplina, que obviamente producen diferentes resultados. Vamos a considerar cinco: autoritaria, permisiva, rimbombante, democrática y redentora. (Ver Tabla 1)

El enfoque autoritario

En 1831 Jacob Abbott, en un discurso ante el Instituto Americano de la Enseñanza, abogó para que los estudiantes estuvieran sujetos a la voluntad de sus profesores, quienes debían hacerles cumplir rigurosamente la reglas de la obediencia.14 Hemos recorrido un largo camino desde la introducción de esa filosofía… ¿no le parece?

La disciplina autoritaria puede ser descrita como autocrática: exigente, dominante y restrictiva. Trata de lograr el control y obliga a complacer un cumplimiento. Se presta poca atención a las necesidades del alumno que por su parte está obligado a obedecer: “Tú obedeces ¡o verás!” El adulto autoritario se apoya mucho en el castigo.

Las primeras investigaciones realizadas por Lippitt y White15 analizaron el comportamiento de niñitos bajo un sistema autoritario. Observaron que la respuesta era una sumisión servil o bien una agresión abierta; los niños trabajaban bien solo cuando el líder estaba presente.

Las deficiencias de este enfoque se hacen evidentes. Mientras que un docente autoritario puede producir estudiantes con comportamiento intachable, al ser adultos y no estar rígidamente controlados, a menudo carecen de capacidad para decidir o actuar por sí mismos. No están preparados para la vida y a menudo fracasan al ingresar en caminos equivocados.

El profesor que busca desarrollar la capacidad de sus estudiantes para el autocontrol no debe quebrantar su voluntad o empequeñecer sus habilidades para tomar decisiones debido que así solo logrará destruir el objetivo de la disciplina cristiana. Más tarde serán presa fácil para el poder coercitivo de las personas con segundas intenciones. El carácter debe ser guiado, pero no estrictamente limitado.

En la Edad Media, San Anselmo lo dijo muy bien: “Si vas a plantar un árbol en tu jardín y planeas limitarlo de forma tal que no pueda extender su ramas, ¿qué pasará al final de varios años, cuando lo liberes de sus ataduras? Verás un árbol con ramas dobladas y retorcidas, y ¿no serás tú el culpable, por mantenerlo extremadamente confinado?”16

No fue la intención del Creador que el espíritu humano fuese quebrantado. Un espíritu abatido o golpeado reacciona en forma desconfiada y evasiva, y hasta puede llegar a albergar un odio ardiente hacia la autoridad. Algún educador puede argumentar: “Pero solo estoy tratando de protegerlo de las malas influencias porque lo amo”.

El exceso de control es muy sutil. Se manifiesta cuando los adultos sobreprotegen, reaccionan con rigidez o toman medidas correctivas muy excesivas sin mostrar consideración por los estudiantes, en un necio afán por enseñar autocontrol. Este exceso es peligroso. Elena White señala: “Si usted quiere arruinar a su familia, [o sus alumnos] continúe gobernándola por la fuerza bruta, y resultará así ciertamente”.17 A pesar de que tanto maestros como administradores poseen autoridad, deben ser muy juiciosos con el uso del poder, teniendo en cuenta que el uso correcto de esa autoridad devengará una bendición eterna para todos los estudiantes de la institución, pero desprovista de amor, la autoridad se convierte en opresión.

¿Cómo debería usar entonces su autoridad? Para guiar, aconsejar y desarrollar. Todo verdadero maestro debe pensar que “si ha de errar, es mejor errar del lado de la misericordia que del de la severidad”.18

La perspectiva permisiva

La disciplina permisiva no es un método de disciplina, sino la falta de ella. James Dobson señala que tal vez la mayor catástrofe social del siglo XX fue la creencia de que cuando abunda el amor la disciplina se hace innecesaria.19 Este concepto, sin embargo, es ajeno a Dios mismo. La Biblia revela que Dios ama a los seres humanos con un amor que es más grande que la muerte, y sin embargo los corrige.20 En su infinita sabiduría, Dios entiende que los seres humanos, a menos que tengan una voluntad santificada, inevitablemente van a elegir el camino pecaminoso.21

La permisividad se basa en un falso concepto de alianza entre libertad y amor. Algunos educadores al querer evitar que sus alumnos se sientan restringidos, los hacen sentir miserables. Les permiten plasmar una vida centrada en ellos mismos, lo que produce inevitablemente agitación interior y descontento. Los estudiantes necesitan límites;22 les gusta el orden, valoran la justicia y les resulta incomprensible el caos de la disciplina permisiva. La falta de límites los llena de inseguridad.

Cuando los maestros no exigen ni responsabilidad ni respeto de sus estudiantes, sientan las bases para una sociedad que carece de estas virtudes.23 Si hacemos una rápida evaluación de las sociedades contemporáneas donde la permisividad ha estado en boga, llegaremos a la conclusión de que ha sido un desastre.24

Un corolario de la disciplina permisiva es el docente demasiado ansioso de evitar que sus alumnos sufran las consecuencias de malas decisiones. Esto no les brinda ningún servicio, ya que los coloca en un ambiente artificial muy diferente a la vida real y por lo tanto no llegan a estar preparados para afrontar el “mundo real”. El carácter se desarrolla a través de las pruebas.25 El objetivo del educador cristiano no radica en enseñar a los estudiantes cómo escapar de las dificultades, sino ayudarlos a transformar las dificultades en peldaños de progreso.

Otra variante de la permisividad es cuando el educador persuade, soborna, compromete o retrasa el enfrentar el mal comportamiento hasta un “momento oportuno”. 26 Este enfoque muestra sentimentalismo en lugar de amor. Por otra parte, cuando los maestros “hacen ofertas” a fin de “tomar el control”, los resultados son solo temporales.

¿Cómo alinear la permisividad con el objetivo de autocontrol? Al igual que un niño bajo la disciplina coercitiva, el joven consentido tiene pocas oportunidades de aprender a tomar decisiones correctas y no se desarrolla la base moral de su personalidad. La indulgencia de los adultos se ha degenerado en la tolerancia de las deficiencias juveniles. Todo está bien, o al menos es tolerable. Esta falla en la educación constituye en realidad una forma de abuso infantil.27

En resumen, la disciplina permisiva es la pendiente descendente con menos resistencia, pero al fin del sendero se habrá producido en ese educando un gran daño al carácter, la autoestima y a su vida futura.

El aluvión de palabras

El método rimbombante deja llover la disciplina por medio de un torrente de palabras y amenazas airadas. A veces las acciones se suceden, pero a menudo solo estimulan un nuevo diluvio de amenazas vacías. Los estudiantes llegan a estar tan acostumbrados a ese ruido, que hacen caso omiso a las amenazantes palabras del maestro o profesor, quien debe elaborar un frenesí de gritos con el fin de producir alguna reacción, ya que no puede lograr una obediencia inmediata.

Muchos niños han sido criados en este ambiente disciplinario de “truenos y relámpagos”. Sin embargo, nada crece en un manto de lava impulsado por erupciones violentas. Tratar de disciplinar mientras estamos enojados es en realidad una forma de exceso de control que degenera rápidamente en permisividad. No se resuelve el comportamiento no deseado, sino que se extiende y multiplica.

Los estudiantes que experimentan disciplinas inconsistentes, nunca entienden qué se espera de ellos. Están convencidos de que es absurdo tratar de seguir las normas,28 pero lo más trágico de todo, es que las inconsistencias de esos adultos no proporcionan un fundamento moral de referencia. Los jóvenes necesitan la guía, la paz y la seguridad que surgen de la predictibilidad de los adultos.

Elena White dijo: “Las palabras agudas y la continua censura aturden al niño, pero no lo reforman”.29 Los docentes no deberían hacer declaraciones rápidas y duras antes de comprender realmente cuál es la situación. Es muy fácil pronunciar amenazas que después no deseamos o no podemos cumplir.30 Evite las amenazas y ¡actúe! Pero actúe con determinación y sensibilidad. Cuando usted se siente impulsado a actuar con pasión, actúe con compasión. Allí está la diferencia.

La dimensión democrática

Si el propósito de la disciplina es desarrollar el autocontrol en la persona, es imprescindible incorporar elementos democráticos. En muchos aspectos, la disciplina democrática es el mejor de todos los enfoques que hemos analizado. En un estudio ya mencionado31 en el cual treinta y un niños menores estuvieron bajo un sistema autoritario, todo parecía funcionar bien mientras el líder estuviese presente. Pero al comparar con un grupo acompañado por un líder democrático tanto la cooperación como la productividad eran considerablemente mejores, aun cuando el líder no estuviese visible. El método democrático se basa en trabajar con los controles internos. Para ello es necesario explicar los principios que gobiernan la vida, de tal manera que la lógica y la interacción de causa y efecto sean claramente entendidas. Esto ayudará a los estudiantes a identificar los valores positivos y a utilizarlos en la toma de decisiones personales.

En el sistema democrático los mismos alumnos ayudan a establecer la reglas del aula.32 Esto los hace partícipes en el manejo y en la toma de decisiones del sistema. Empiezan a reconocer y aceptar las consecuencias de su comportamiento, y por lo tanto asumen la responsabilidad de sus vidas.

La disciplina democrática busca que la obediencia sea un objetivo realizable; esto podría requerir el ajuste de algún requisito, para que el alumno pueda cumplir las exigencias. El rendimiento aceptable y la acción correcta se colocan dentro del campo de la posibilidad, para que la autoestima del niño se vea reforzada cuando el maestro le proporciona oportunidades para lograr el éxito.

Mientras que el punto de vista democrático es uno de los más favorables en los ambientes seculares, hay una perspectiva adicional que podemos agregar desde la educación cristiana: la redentora. Es el enfoque que transforma todo el sistema disciplinario de la escuela.

El fundamento bíblico

La disciplina redentora se basa en los principios bíblicos. El libro de Proverbios, por ejemplo, incluye al menos veinte pasajes sobre este asunto.46 Dependiendo de la traducción de la Biblia, los términos como disciplinar, corregir, nutrir e instruir son usados indistintamente. Esto es correcto si consideramos el contexto de la lengua original, a la vez que disciplina e instrucción son parte de todo el proceso educativo.47

Al estudiar Hebreos 12:5-13 podemos extraer una serie de conceptos fundamentales sobre disciplina:

  • El amor motiva la verdadera disciplina (vv. 5, 6).
    Cuando los estudiantes son corregidos deben sentir que el castigo fue impuesto porque los amamos.
  • La disciplina está fundada en lazos de parentesco (vv. 7, 8). Es una declaración de pertenencia, una evidencia de empatía y cuidado.
  • La disciplina debe incorporar el respeto (v. 9). Se debe enseñar el respeto por los demás, por uno mismo y hacia los que están en posiciones de autoridad.48 Este respeto debe ser mutuo. Los adultos no pueden esperar que un joven trate a los demás con dignidad, a menos que ellos mismos muestren esta virtud.
  • La disciplina tiene un propósito elevado (v. 10). Le ayuda al alumno a alcanzar la santidad y la semejanza a Dios.
  • La disciplina está orientada hacia el futuro (v. 11). Tiene en cuenta la eternidad.
  • La disciplina establece límites claros y expectativas precisas (vv. 12, 13) Es al mismo tiempo compasiva, al educar, corregir y fortalecer.
    En toda la Biblia encontramos principios de disciplina redentora. A continuación estos textos nos revelan que la disciplina:
  • Funciona en un contexto de amor: “El que lo ama [a su hijo] desde temprano lo corrige” (Prov. 13:24, 3:12 RV60, Apoc. 3:19).
  • Implica el dominio propio: La gracia del Dios. . . “nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio” (Tito 2:11, 12, NVI; ver Fil. 2:12; 2 Tim. 1:7; Tito 1:8).
  • Es sensible al tiempo: “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo” (Prov. 19:18 RV60).
  • Es personalizada: “Tengan compasión de los que dudan; a otros sálvenlos arrebatándolos del fuego” (Judas 1:22, 23 p.p. NVI).
  • Se refiere a la imagen de nosotros mismos: “Rechazar la corrección es despreciarse a sí mismo” (Prov. 15:32 p.p. NVI).
  • Se centra en el aprendizaje: “La vara y la corrección dan sabiduría” (Prov. 29:15 p.p. RV60; Sal. 94:12; Prov. 1:1-7, 12:01, 15:5).
  • Busca resultados a largo plazo: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Heb. 12:11 RV60; Prov. 22:6).
  • Se centra en el destino: “… la disciplina es el camino a la vida (Prov. 6:23 u.p. NVI; Prov. 5:23 y 10:17).

Concluimos nuestra investigación de los principios bíblicos acerca de la disciplina con Efesios 6:4 RV60 “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.

El apóstol Pablo primero nos da una orden negativa de no provocar, o no hacer enojar. Esto sucede cuando los adultos son arbitrarios y caprichosos, cuando amenazan y a continuación no cumplen lo que dicen, o cuando disciplinan con gran enojo e ironía, o cuando no proveen ninguna orientación legítima. El resultado es que los alumnos pierden su confianza en que los adultos están interesados en su bienestar, y el desánimo toma el lugar de la confianza en sí mismos y el autogobierno. Terminan desalentándose.49

El apóstol también habla sobre lo positivo: “criadlos en disciplina”; edúquenlos para ser maduros.50 Recordemos que eso se da a través de dos procesos: la disciplina y la instrucción. La Palabra griega paideia51 traducida como “disciplina” o “entrenamiento”, se refiere a la educación de los niños e incluye un equilibrio entre la instrucción y la corrección. En el contexto de la sociedad griega, este proceso consistía en transmitir cultura y preparar al individuo para tener dominio propio. En griego la palabra nouthesia,52 se traduce como “instrucción” o “amonestación” lo que significa aconsejar, advertir o recomendar. Esto evidencia la necesidad de los menores de ser orientados, y la responsabilidad de los mayores (educadores) de guiarlos, dirigirlos y animarlos.

Pablo en realidad está destacando el aspecto más importante de esta experiencia: criarlos en la disciplina e instrucción del Señor. La disciplina redentora debe proporcionar a los estudiantes una visión más clara de quién es Dios y llevarlos a una relación más íntima con él.

El remedio redentor

La disciplina redentora es una actividad realizada en sociedad con Dios. Se busca ayudar a los estudiantes a conocer a Dios más profundamente, entender cabalmente su propósito para sus vidas y experimentar la salvación. Esto involucra no solo el deseo de un cambio en el comportamiento sino también en las prioridades y la fidelidad –un cambio orientado hacia Dios.

En la disciplina redentora, Dios es el que cambia el corazón. A través de la dirección del Espíritu Santo, los seres humanos pueden ser restaurados a la imagen de su Hacedor. Los profesores deben crear un ambiente lleno del Espíritu Santo, a fin de que sus alumnos puedan vivir la experiencia de conocer a Dios. Como representantes del carácter de Dios, deben tratar de mostrar en forma tangible su amor y su plan de salvación. Como resultado, los jóvenes estarán preparados para un fiel gobierno de sí mismos tanto en este mundo como en los cielos.

En el enfoque redentor, la disciplina y el amor no son antagónicos. Uno de ellos, no es sino una función del otro.53 Dios sabe que la ausencia de amor o de justicia acarrea un rápido desastre. La autoridad y el afecto deben estar unidos. La justicia debe ser moderada por la misericordia y la compasión. El amor es el centro de la redención.54 Cuando los maestros reflejan el amor de Dios, se entregan a sí mismos y sin condiciones podrán amar a los que no merecen ser amados. El niño o joven que se siente amado de esa manera podrá vivir una vida segura y llena de esperanza.

La disciplina redentora no es igual a los otros métodos descritos en este artículo. Cuando se compara con el enfoque autoritario, por ejemplo, el adulto redentor ejerce influencia en lugar de agresión. Obtiene cooperación sin exigirla. En lugar de una orden (“Haz lo que te digo”), dirá “Vamos a hacerlo juntos”. En vez de defender su frágil prestigio de adulto, reflexionará acerca de lo que se necesita en cada situación.

La redención se destaca por acercarse integralmente a la persona y por lo tanto moldea las actitudes emocionales y espirituales del alumno, además de las cognitivas y del comportamiento. Cultiva los afectos, fomenta la confianza, la cooperación y la compasión.

Aun cuando un alumno tenga una conducta inaceptable los adultos deben evitar que se sienta rechazado. A través de sus acciones deberán transmitir un mensaje como: “Yo te quiero tanto que no puedo permitir que te destruyas a ti mismo o a los demás”. Esto preservará la autoestima del estudiante y revitalizará su ánimo. Si el profesor analiza el problema de causa y efecto, le permitirá al estudiante identificar la raíz del problema y hasta podrá predecir nuevos problemas. Al llamar al pecado por su nombre, el maestro no debe confundir al pecador con su pecado. Cuando Dios disciplina a sus hijos, no los elimina, sino que los acerca a sí mismo. Los estudiantes deben ser dirigidos a Dios como la fuente de perdón y ayuda para superar los hábitos que son destructivos.

La disciplina que se centra en la erradicación del mal está condenada a fracasar. Puede parecer que la persona es buena, pero en realidad no es buena. El propósito final de la disciplina es el discipulado.55 La verdadera disciplina no solo protege, sino guía, vence el mal con el bien.56 En otras palabras, se centra en un desarrollo positivo.57 El individuo verdaderamente disciplinado, no solo sabe lo que no debe hacer, sino que recibe instrucción y pone en práctica el comportamiento positivo.58

En consecuencia, la disciplina redentora se centra en observaciones positivas como el elogio, la palabra de ánimo y las felicitaciones, sin por ello caer en la adulación. De esa manera reafirmará las actitudes y comportamientos positivos: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel!”59 Busca deliberadamente la oportunidad de “sorprender al estudiante” cuando hace bien algo; entonces lo felicita y al mismo tiempo reconoce que “Toda buena dádiva. . . desciende de lo alto”.60

Esta perspectiva es bíblica. Jesús, por ejemplo, felicitó a María por haber elegido “la buena parte”.61 Tuvo palabras de elogio hacia la viuda que dio dos pequeñas monedas, lo mismo que para la mujer que tímidamente tocó su manto, y para el centurión que exclamó: “¡Di la palabra solamente”.62 Alabó a la viuda persistente, al recaudador de impuestos que veía su indignidad; magnificó el servicio desinteresado del Buen Samaritano y el ministerio de Juan el Bautista.63 Así nos dio un testimonio convincente de la función del elogio.

Los educadores que buscan rescatar, deben tener tacto y sensibilidad, respetando los sentimientos de los alumnos y sus necesidades de desarrollo, al mismo tiempo que estableciendo límites bien definidos y con una orientación dinámica. Al establecer una relación de confianza con sus alumnos, podrá rescatarlos a través de la bondad y el amor y cada vez que tengan que emitir un reproche, incrustarán en él un mensaje positivo que diga: “para que puedas crecer”.

La llegada

La disciplina redentora no es un evento sino un proceso. Cuando los educadores comienzan el viaje, deben tener un propósito definido en mente: “Que nuestros hijos en su juventud, crezcan como plantas frondosas; que sean nuestras hijas como columnas esculpidas para adornar un palacio”.64 Los educadores cristianos deben concentrarse en la búsqueda de resultados eternos para elevar una generación de jóvenes que manifieste el carácter de su Señor y Salvador, ahora y por toda la eternidad.

No todos los caminos nos llevan a ese destino. La ruta no será fácil, pero el camino de Dios es el único que puede garantizar el éxito. Los invito a colaborar con Dios en el ministerio de la disciplina redentora y así transformar vidas a través de la gracia y el amor redentor.

Por cierto, cuando llegué a lo alto de la cuesta y pude ver las cumbres cubiertas de nieve, aprendí una lección más: el destino vale la pena.

John Wesley Taylor V

John Wesley Taylor V, EdD, PhD, es director asociado del Departamento de Educación en la Asociación General de la Iglesia Adventista en Silver Spring (Maryland, Estados Unidos) donde cumple funciones de enlace con la División Interamericana, la División del Pacífico Sur, la División de África Centro-Occidental, la División de Asia Pacífico Norte, y la Unión Misión de Oriente Medio y Norte de África. Ha enseñado en todos los niveles, desde el primario hasta el posgrado universitario, y ha trabajado en varias instituciones del mundo: La Universidad Montemorelos (México), el Instituto Adventista Internacional de Estudios Avanzados (Filipinas), la Universidad Andrews y la Universidad Adventista Southern (Estados Unidos). Usted puede contactarlo en taylorjw@gc.adventist.org.

NOTAS y REFERENCIAS

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  2. Richard Ingersoll y Thomas Smith, “Do Teacher Induction and Mentoring Matter?” NASSP Bulletin 88 (marzo 2004), pp. 28-40; O. Kashti, “One In Four New Teachers Leave After First Year” (2007). Consultado el 6/12/10 en http://www.haaretz.com/news/survey-one-in-fournew-teachers-leave-after-first-year-1.217863; Xiaofeng Steven Liu, “The Effect of Teacher Influence at School on First-Year Teacher Attrition: A Multilevel Analysis of the Schools and Staffing Survey for 1999-2000”, Educational Research and Evaluation 13:1 (febrero 2007), pp. 1-16; National Commission on Teaching and America’s Future, “No Dream Denied: A Pledge to America’s Children” (Nueva York: NCT, 2003).
  3. K. Brown y S. Wynn, “Finding, Supporting, and Keeping: The Role of the Principal in Teacher Retention Issues”, Leadership and Policy in Schools 8 (2009), pp. 37-63; Education Oasis, “A Conversation With Ron Clark.” Consultado el 17/1/10 en http://www.educationoasis.com/resources/-Articles/... -inter-view.htm; R. Ingersoll, Who Controls Teachers’ Work?Power and Accountability in America’s Schools (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 2003); R. Ingersoll y T. Smith, “The Wrong Solution to the Teacher Shortage”, Educational Leadership 60:8 (2003), pp. 30-34; D. Shields, “Keeping Urban Teachers: A National Necessity”, Schools: Studies in Education 6:1 (2009), pp. 77-98; S. Wynn, L. Carboni, L. Wilson y E. Patall, “Beginning Teachers’ Perceptions of Mentoring, Climate, and Leadership: Promoting Retention Through a Learning Communities Perspective”, Leadership and Policy in Schools 6:3 (2007), pp. 209-229.
  4. J. Levy, H. Creton y T. Wubbels, “Perceptions of Interpersonal Teacher Behavior”, en T. Wubbels y J. Levy, eds., Do You Know What You Look Like? Interpersonal Relationships in Education (Bristol, Penna.: Falmer Press, 1993); R. Lewis, “Classroom Discipline in Australia”, en M. Evertson y C. Weinstein, Handbook of Classroom Management (Mahwah, N.: Erlbaum, 2006), pp. 1193-1214; R. Lewis y M. Lovegrove, “What Students Think of Their Teachers’ Classroom Control Techniques: Results From Four Studies” en N. Hastings y J. Schwieso, eds., New Directions in Educational Psychology: Behavior and Motivation in the Classroom (Filadelfia: Falmer Press, 1987), pp. 93-113; G. Sabine, “How Students Rate Their Schools and Teachers”, National Association of Secondary School Principals (1971), ERIC Document Number ED052533; G. Thompson y M. Joshua, “In Retrospect: What College Undergraduates Say About Their High School Education”, The High School Journal 85:4 (2002), pp. 1-15.
  5. Rousseau dice: “Es un león excitado; desconfía de su cuidador y se niega a ser domado”. Citado en W. Crain, Theories of Development (Upper Saddle River, N.J.: Prentice Hall, 2005), p. 14.
  6. Jueces 13:12. Si no se expresa otra cosa, los versículos bíblicos pertenecen a la Versión Reina Valera 60.
  7. Juan 10:10.
  8. Hechos 17: 6.
  9. Elena White, La educación (ACES, Buenos Aires, Argentina, 1974), p. 279. En el capítulo sobre la disciplina (pp. 279-288) está presentada la perspectiva de E. White.
  10. Proverbios 16:32.
  11. White, La educación, p. 15.
  12. “Es mejor pedir que ordenar; así se da oportunidad a la persona a quien uno se dirige, de mostrarse fiel a los principios justos. Su obediencia es más bien resultado de la elección que de la obligación” (Ibíd., p. 281).
  13. 1 Pedro 2:17.
  14. Grabado en el Annual Report, p. 90. Mencionado ens P. Harris, Changing Conceptions of School Discipline (Norwood, Mass.: Macmillan Co., 1928).
  15. R. Lippit y R. White, “An Experimental Study of Leadership and Group Life”. Dans Human Development: Selected Readings (Nueva York: Crowell, 1966).
  16. Citado en Gabriel Compayre y W. Payne, History of Pedagogy (Boston: Cushing and Co., 1885), p. 77. También citado con ligeras diferencias en la obra de F. Williamson y J. Foley, Counseling and Discipline (Nueva York: McGraw-Hill, 1949), p. 42.
  17. Elena White, Conducción del niño (ACES, Buenos Aires, Argentina, 1978), p. 236. White agrega: “La enseñanza de los niños debe guiarse por principios diferentes de los que gobiernan la enseñanza de los animales irracionales. La bestia debe únicamente acostumbrarse a someterse a su maestro, pero el niño debe aprender a controlarse a sí mismo. La voluntad debe enseñarse para que obedezca los dictados de la razón y la conciencia. Es posible disciplinar a un niño para que, como la bestia, no posea voluntad propia, al hundirse su individualidad en la de su maestro. Esta enseñanza no es buena y tiene efectos desastrosos. Los niños que son educados en esta forma carecerán de firmeza y decisión” pp. 37, 38.
  18. __________, La educación, p. 293.
  19. James Dobson, Atrévete a disciplinar (Miami, Florida : Editorial Vida, 1992), p. 12.
  20. Juan 3:16; Proverbios 3:12; Hebreos 12:6.
  21. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá ?” (Jeremías 17:9). Ver Romanos 7:18-24 y Proverbios 22:15.
  22. Hay quienes sugirieron que los niños son como relojes a los que se da cuerda, y luego hay que dejarlos andar. Si este concepto es verdadero, también es potencialmente peligroso. No se puede dejar a los niños librados a su voluntad. La Biblia nos recuerda: “la necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él” (Proverbios 22:15) y que “la vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre”. (Proverbios 29:15). Para que los estudiantes “mantengan el ritmo” su energía interior debe estar ligada a algo de valor fijo.
  23. Elí es un ejemplo. Si bien regularmente reclamaba a sus hijos por sus conductas indebidas, nunca estableció medidas correctivas. Finalmente Dios rechazó la casa de Eli precisamente porque nunca ejerció medidas disciplinarias. (1 Samuel 2:22-25; 3:12, 13).
  24. “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos…” (2 Timoteo 3:2). Ver Romanos 1:28-32.
  25. Job 23:10; Proverbios 17:3; Zacarías 13:9.
  26. Hechos 24:25.
  27. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece ; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige”. (Proverbios 13:24). Un joven declaró: “Para mi padre no soy nadie importante. Jamás me reprendió”. (Citado en Reuben Hilde, The Rod vs. the M&M’s [Mountain View: Pacific Press Publ. Assn., 1976], p. 50).
  28. Puede ser la razón por la cual E. White escribió: « (Les règles) devraient être peu nombreuses et mûrement réfléchies ; une fois établies, elles doivent être respectées : l’esprit apprend à accepter ce qui ne peut être changé, et à s’y adapter ; mais le manque de fermeté engendre l’envie, l’espoir, le doute, puis l’agitation, l’excitation, l’indiscipline. (La educación, p. 322).
  29. Elena White, Consejos para los maestros (Mountain View, Calif., Pacific Press Publishing Asso., 1971), p. 186. Además escribió: “A veces tendrán que ser castigados, pero nunca lo hagáis en una forma que sientan que los habéis castigado con ira. Al hacerlo, sólo provocaréis un mal mayor… Disciplinadlos solo cuando estáis bajo la disciplina de Dios. No permitáis que hagan lo que les plazca hasta que os enojéis, y entonces los castiguéis. Una corrección tal sólo ayuda al mal en vez de corregirlo. Manifestar ira hacia un niño que se equivoca, es aumentar el mal”. (Conducción del niño, pp. 228, 229).
  30. “El que fácilmente se enoja hará locuras (Proverbios 14:17 p.p.).
  31. Lippit y White, “An Experimental Study of Leadership and Group Life.”Dans Human Development: Selected Readings, op cit.
  32. Elena White dice: “En todo lo posible, las reglas que rigen en el aula deberían representar la voz de la escuela. Se debería presentar de tal modo al alumno todo principio implícito en ellas, que se convenza de su justicia. De ese modo se sentirá responsable de que se obedezcan las leyes que él mismo ayudó a formular” (La educación, p. 282).
  33. Deuteronomio 8:5. Para el estudio de la forma divina de disciplinar, tengo un agradecimiento especial hacia Richard Winn por su magnífica presentación del tema, y también a Dennis Blum por las conversaciones que hemos mantenido.
  34. Jeremías 30:11 y 46:28.
  35. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
  36. Lucas 13:34; Marcos 10:16; Oseas 11:3.
  37. Apocalipsis 3.19 NVI. “Porque Johová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Proverbios 3:12).
  38. Salmos 16:11.
  39. Juan 8:11.
  40. Juan 3:17.
  41. William Glasser, psiquiatra y autor de varios libros sobre la teoría de la elección (ver Choice Theory: A New Psychology of Personal Freedom, Harper, 1999; y Choice Theory in the Classroom, Harper, 1998), sostiene que la elección personal es el fundamento de toda relación, incluida la del profesor con su alumno. Recalca que los profesores muchas veces piensan que las personas pueden ser forzadas por amenazas, castigos o recompensas, para hacer cosas que ellos no desean hacer, lo que refuerza su tendencia a contradecir y a aplicar un control exterior, lo que produce frustración y miseria. La elección, sin embargo, es acorde a la regla de oro que invita a hacer a los otros lo que quisiéramos que nos hagan. En el aula esto se traduce en aprendizaje en equipo, que enfatiza la pertenencia, la libertad individual, la interacción significativa y la satisfacción personal. En el libro Soul Shapers: A Better Plan for Parents and Educators (Review & Herald, 2005), Jim Roy desarrolla el modelo de educación basado en la elección y compara las ideas de W. Glasser con las de Elena White. Menciona por ejemplo que el profesor no puede controlar a los niños; solo puede enseñarles a controlarse por ellos mismos. Luego manifiesta que al no ser coercitivo sus alumnos van más allá de un cumplimiento a desgano de su voluntad y se tornan individuos comprometidos y automotivados.
  42. Salmos 94:12.
  43. Job 1:8 pp.
  44. Hebreos 12:10 u.p. NVI; 1 Corintios 11:32.
  45. Job 5:17 NVI.
  46. En la Nueva Versión Internacional de la Biblia y solo en el libro de Proverbios el término “disciplina” se encuentra en los siguientes versículos: 1:2, 7; 3:11, 12; 5:12, 23; 6:23; 12:1; 13:18, 24; 15:10; 22:15; 23: 12, 13, 23; 29:15, 17.
  47. Deuteronomio 4:9; 6:4-9.
  48. Romanos 13:7.
  49. Colosenses 3:21.
  50. En griego ektrepho. También en Efesios 5:29.
  51. También en 2 Timoteo 3:16; Hebreos 12:5, 7, 8, 11.
  52. También en 1 Corintios 10:11; Tito 3:10.
  53. “Porque el Señor al que ama, disciplina”. (Hebreos 12:6).
  54. Juan 3 :16, 17.
  55. Mateo 28:18-20.
  56. Romanos 12:21.
  57. Desde su infancia Timoteo fue bien disciplinado y su mente había sido nutrida con el conocimiento de las Escrituras (2 Timoteo 3:15). A los doce años Jesús dijo que estaba en “los negocios de mi Padre” (Lucas 2:49).
  58. Jesús relató la parábola del hombre liberado de un demonio (Lucas 11:24-26). Ese demonio se fue a lugares áridos pero no encontró reposo. Finalmente regresó a su antigua casa y la encontró barrida y adornada, así que salió a buscar otros demonios sin domicilio fijo y los invitó a vivir con él en la vida limpia pero vacía del hombre. Jesús declaró que la condición final de ese hombre era peor que la primera. Ver Mateo 22:37-40; Juan 13:34; Mateo 25:31-46.
  59. Mateo 25:21 NVI.
  60. Santiago 1:17. Este equilibrio está bien ilustrado en el incidente cuando Jesús preguntó: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” y Pedro le respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Jesús lo confirmó y agregó que esta respuesta le había sido revelada por el Padre (Mateo 16:13-17).
  61. Lucas 10:38-42.
  62. Mateo 8:8.
  63. Lucas 18:1-8; Lucas 18:10-14; Lucas 10:30-37; Lucas 5:33-35.
  64. Salmos 144:12 NVI.