Editorial | Julián Melgosa

Semillas que dan frutos

Se llamaba don Manuel y era mi maestro de primer grado. Como crecí sin una figura paterna, él llegó a ser el ídolo que los más pequeños ven en su padre. Lástima que nadie tomó una foto de mi rostro en esos momentos de aprendizaje porque me imagino a mí mismo con la boca semiabierta, los ojos fijos en el docente y un respirar quieto y uniforme. Don Manuel exhibía una caligrafía impecable, nos enseñaba canciones y hacía mímica al compás del ritmo, dibujaba con primor y, sobre todo, contaba unas historias fascinantes. Oh… aquellas historias nos hacían olvidar que éramos traviesos o desobedientes y nos sumían en un mundo maravilloso donde el tiempo pasaba fugazmente. No sé de dónde sacaba tantas y tan interesantes historias, y todas con una enseñanza moral.

Tuvo mi maestro cientos de alumnos en su carrera y creo que todos dejaron el aula con el sabor dulce del aprendizaje que se adquiere en compañía de paciencia y motivación. Para mí, don Manuel era el prototipo del maestro de niños. Nos enseñó no solo a leer y escribir, sino también a ser organizados, mostrar respeto, tener paciencia, valorar la obediencia y ser un poco menos egoístas de lo que por naturaleza éramos. Además de impartir lecciones según el programa escolar nos nutrió el carácter, nos enseñó sobre convivencia y moralidad.

Como docentes, nuestro desafío es sembrar la semilla –buena semilla– como la de don Manuel y la de infinidad de docentes abnegados y comprometidos con la misión de enseñar. Sembrar la semilla. En eso consiste la tarea. No nos toca hacerla crecer ni llevarla al punto que dé frutos. De hecho, parece inevitable que parte de la semilla acabe malográndose. Dice el Evangelio que, dependiendo de dónde caiga, puede perderse –comida por las aves, quemada por el sol, desprovista de tierra entre los pedregales, o ahogada por los espinos. Pero el texto sagrado afirma que mucha semilla “cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó, creció y produjo a treinta, a sesenta y a ciento por uno” (Marcos 4: 8).

Desde otra perspectiva, también en la Revista de Educación Adventista (REA) continuamos arrojando semillas con la esperanza de que produzcan frutos. Confiamos en que cuanta más semilla caiga en buena tierra, y cuente con condiciones óptimas para fortalecer los recursos del lector, ello se traducirá en buena práctica: más semilla que promueva el aprendizaje, no solo del programa de instrucción, sino del carácter, para que los alumnos lleguen a ser ciudadanos del Reino.

Este año incorporamos un importante cambio en la REA: la digitalización de la revista. Esto conlleva una distribución más dinámica, reducción de gastos, y más eficacia para alcanzar a nuevas generaciones de maestros y profesores. Esta modalidad también permite un mayor número de artículos por año, de manera que los lectores tendrán una gran variedad de recursos pedagógicos que podrán aplicar a su tarea educativa.

Pero debemos anunciar otro cambio: la partida del editor asociado –a cargo de las ediciones internacionales en español, francés y portugués. En efecto, el doctor Luis Schulz, luego de cuarenta y cuatro años de servicio en pro de la Educación Adventista, entra en su etapa de jubilación. Sirva este primer editorial como un sincero y afectuoso mensaje de reconocimiento y aprecio al doctor Schulz por los diez años al servicio de la REA.

El doctor Schulz ha sembrado muchas semillas; buenas semillas. ¡Que el Señor bendiga a tantos que han crecido como resultado de esa siembra! ¡Y que el Señor bendiga al doctor Schulz en los años venideros! Su influencia ha sido fundamental y continuará, sin duda, siendo una bendición para muchos que se conecten con él en el futuro. Gracias, doctor Schulz, por su dedicación, su perseverancia y sus desvelos en favor de la educación cristiana.

Finalmente, quedo yo con la responsabilidad de editor asociado. Espero ser útil en esta tarea y confío que Dios guiará mi influencia sobre estas páginas para que sean herramientas válidas para todos nuestros lectores.

Julián Melgosa

Julián Melgosa es director asociado del Departamento de Educación de la Asociación General de la Iglesia Adventista en Silver Spring (Maryland, Estados Unidos), y también editor asociado de la edición internacional de la Revista de Educación Adventista. El doctor Melgosa estudió educación y psicología en la Universidad de Madrid (España), y completó su doctorado en psicología educacional en la Universidad Andrews, en Berrien Springs (Míchigan, Estados Unidos). Melgosa ha trabajado como docente, psicólogo educacional, profesor de educación, profesor de psicología y consejero en España, Inglaterra, las Filipinas, y los Estados Unidos. Ha escrito una diversidad de libros de psicología aplicada de amplia distribución entre el público en general. Entre sus intereses se encuentran las interconexiones entre la psicología y la religión/espiritualidad, las interacciones entre la mente y el cuerpo, y los factores que influyen sobre el envejecimiento productivo. La comisión editorial de la Revista expresa su sincero aprecio por las muchas horas que el doctor Melgosa dedicó en seleccionar temas y autores, contribuyendo sobre el contenido de los artículos y respondiendo con presteza a las consultas del editor durante la planificación y producción de este número.