Perspectivas | Ginger Ketting-Weller

La secularización y la extinción de lo santo

“Santifíquense, pues, y sean santos, porque Yo soy el Señor su Dios”

(Levítico 20:7, NBLA).1

La santidad es tan fundamental para la vida que las Escrituras llaman a sus seguidores a que vivan una visa santa. La palabra santo aparece unas 592 veces en la Biblia.2 La primera vez que aparece la palabra es en Éxodo 3:5, cuando Dios le ordenó a Moisés: “No te acerques aquí. Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa”. El libro de Éxodo también incluye las siguientes aplicaciones a la palabra: una asamblea santa, una morada santa, una nación santa, un día santo, vestimentas santas, un lugar santo y un lugar santísimo.

Jesús utilizó la palabra santo a menudo, principalmente para hablar del Espíritu Santo. También habló del “Padre santo” y de los “santos ángeles”, una vez cada uno (Juan 17:11; Mateo 25:31 [RVR1960]). La siguiente vez que usó la palabra es en Mateo 7:6, “No den lo santo a los perros, ni echen sus perlas delante de los cerdos”.

Los personajes bíblicos eran bastante conscientes del concepto de santidad, y aceptaban que había consecuencias cuando se infringía la santidad. Sin embargo, hoy en día no se oye a menudo la palabra santo, sobre todo en el ámbito de la enseñanza superior. Me he preguntado, ¿hemos perdido, como educadores en la educación superior adventista, el valor de los lugares, tiempos y experiencias que son santos?

Creo que sí.

Me inquieta pensar en la educación superior adventista del séptimo día. Pareciera que la mayor amenaza para la educación superior adventista a nivel mundial es la secularización.

Pero primero, ¿qué es la “secularización”? Según el Diccionario Oxford, es la “transformación de algo que pertenecía al estamento eclesiástico en una realidad secular”.3 En mi experiencia, el término parece estar solo marginalmente relacionado con mi vida en la educación superior adventista. Pero se hizo muy real hace unos años, cuando escuché a un capellán adventista comentar que parecía ser el único pastor para un grupo numeroso de profesores y el personal de la universidad donde trabajaba.

“¿Qué?” Pensé, poniéndome en alerta. “¿No tienen otro pastor?” Pero pronto entendí que se refería a que muchos empleados de esa institución estaban desconectados de cualquier iglesia local, pastor o congregación fuera de su cultura laboral.4 ¿Cómo se lleva a cabo la misión adventista en una comunidad así? ¿Cómo formamos discípulos y preparamos líderes adventistas con una conciencia de fraternidad más amplia? ¿Cómo tratamos de entender el carácter de nuestra iglesia cuando opera fuera de nuestra institución? ¿Cómo creamos una comprensión compartida con otros creyentes en cuanto a lo que es santo? ¿Cómo descubrimos valores comunes entre la Iglesia y la institución a los cuales podamos invitar a nuestros estudiantes?

Si bien es cierto que podría haber otras explicaciones para el comentario del capellán, su afirmación me hizo ver claramente la atracción existente hacia lo secular en la comunidad adventista y su falta de reconocimiento de lugares, momentos y experiencias que deberían considerarse santos.

Encontrar lo santo en medio de lo secular

Dentro de cualquier nación, cultura o subcultura, existen múltiples sociedades, que independientemente de su ubicación geográfica, mantienen una tendencia a la secularización.5 Algunas han sido seculares durante siglos, mientras que otras han abrazado con el paso del tiempo una ideología más secular. Para muchos de los que viven en países o culturas seculares, hay poco que sea considerado santo en su sociedad actual. Sin embargo, muchas de estas sociedades sí parecen promover valores no religiosos que consideran “santos”. He aquí algunos que he percibido como sagrado dentro de una cosmovisión secular del mundo (algunos más relacionados con ciertas culturas que otros):

  • ser uno mismo,
  • ser auténtico,
  • guardar las apariencias,
  • proteger tus propias prioridades y deseos,
  • lograr tu propia felicidad y alegría,
  • lograr el éxito educativo y profesional,
  • buscar la estabilidad económica,
  • buscar la justicia social (esté o no basada en creencias religiosas),
  • preferir el yo a los demás.

En una sociedad considerada secular, moderada por una cultura secular, cada individuo se convierte a menudo en el árbitro final de lo que es considerado santo. Esto se hace a menudo sin premeditación. Por lo tanto, reflexionemos deliberadamente sobre algunas preguntas.

Dios nos invita a ser una nación santa, un pueblo santo. No nos intimida para que lo seamos. Nos invita, y a su vez debemos invitar a los demás.

1. ¿Existen personas santas en una sociedad secular? En una sociedad secular, hay quienes, por ejemplo, se consideran así por su influencia en la sociedad en la que viven. Muchos de estos individuos han desarrollado un mayor sentido de libertad (exacerbado por las redes sociales) para criticar amargamente a los demás (compañeros, líderes, figuras públicas, personas que tienen creencias políticas distintas a las suyas) ignorando que Dios ha depositado una chispa de su imagen en cada persona. Cuando las personas pierden su comprensión de que los seres humanos han sido creados por Dios, que es santo, tienden a asumir que la destrucción social de otra persona es permisible. En el clima social actual, parece que muchas personas muestran amor a aquellos que les agradan y cosifican a los que no les agradan o con quienes no están de acuerdo. Aunque todavía existe la sensación de que los líderes y las figuras públicas deberían tener un mayor nivel de expresión, la persona común puede ser absolutamente despiadada con quienes no está de acuerdo, negándose a escuchar, a entender o a aprender. Cuando los que no encajan en el perfil del grupo “popular” son tratados como si no hubiera ninguna chispa de santidad en el propio aliento que Dios les ha provisto, entonces pueden ser vistos simplemente como materia animada, apenas más valiosa que una roca de arenisca.

2. ¿Existen tiempos santos en una sociedad secular? El mundo está en constante estado de agitación. Las noticias están en un ciclo de 24 horas, Internet nunca duerme, las notificaciones siguen apareciendo en nuestros teléfonos y las oportunidades de entretenimiento y distracción son infinitas. Al reflexionar sobre un enfoque del sábado demasiado orientado a las reglas y sin alegría en la vida de algunas familias adventistas, la tendencia es a corregirlo en exceso y sustituirlo por una actividad incesante que ignora la presencia de Dios. En otras palabras, la pérdida del sentido del tiempo santo deja una vida que solo se vuelve cada vez más frenética, ansiosa y agotadora. No hay un llamado a elevar los ojos y los corazones hacia el cielo, no hay un llamado a un tiempo santo que está hecho para la humanidad, sino que es de Dios. ¿Es posible seguir comprendiendo plenamente el concepto de “tiempo santo”? Si es así, ¿qué aspecto tendría?

3. ¿Existen experiencias santas en una sociedad secular? ¿Habla Dios en una sociedad secular de manera que pueda ser escuchado por los creyentes? ¿Hay significados más profundos en los acontecimientos de la historia y las circunstancias de la vida? ¿Tiene la experiencia de adoración comunitaria algún derecho sobre la vida de un seguidor de Cristo, o depende del individuo decidir basado en su estado de ánimo del momento si participa o no? ¿Qué pasa con las experiencias en “terreno santo”? ¿Pueden los individuos tener una experiencia que incluya la presencia del Dios divino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, eligiendo estar en su presencia y renunciando al control?

Con respecto a la creciente secularización y la desaparición de lo santo, más notable en los países occidentales, algunos educadores en instituciones cristianas, incluso en la educación superior adventista, se están sintiendo muy cómodos manteniendo a Dios a una distancia conveniente, creyendo que pueden aprender, lograr sus metas y vivir sin Él. La historia de la educación superior cristiana, sin embargo, cuenta algo muy diferente.6

Mis pensamientos siempre me llevan a este punto: no quiero vivir en un páramo secular. Sin embargo, veo que demasiados cristianos, incluidos los adventistas, aceptan y participan en la creciente invasión del secularismo sin detenerse a notar, discutir, resistir o, al menos, ser intencionales sobre lo que está sucediendo.

Reflexionemos sobre esto por un momento: ¿Puede nombrar tres lugares, momentos o experiencias que sean santos en su vida? ¿“Santo”, como del tipo “Quítate los zapatos, porque estás en la presencia de Dios”? Si perdemos de vista lo que es santo, ¿cómo podemos preparar nuestro carácter para un cielo en el que la “santidad de Dios es la atmósfera que respiraremos? Y para ser prácticos: si no sabemos definir cómo es lo “santo”, ¿cómo podemos, como educadores, luchar con ello y discutirlo con nuestros alumnos?

En medio de estos aspectos negativos, la ola del secularismo puede sacarnos de cualquier conexión íntima con nuestro santo Dios, convirtiendo la religión en una práctica singular fácil de descartar a la menor molestia.

¿Cómo abordamos este grave problema?

Primero, no retenemos una ola extendiendo la mano y golpeando a las personas que están vencidas, luego para ahogarnos con ellas. De hecho, no podemos contener una ola en absoluto. Todo lo que podemos hacer es remar nuestra pequeña balsa tan rápido como podamos y tratar de rescatar a la gente. Esto significa que nuestra balsa debe estar en condiciones navegables. Lo que me lleva al siguiente punto.

La invitación

Dios nos invita a ser una nación santa, un pueblo santo. No nos intimida para que lo seamos. Nos invita, y a su vez debemos invitar a los demás. ¿Podemos pintar un cuadro atractivo de la belleza de la santidad e invitar a otros a participar? ¿Podemos asegurarnos de que nuestras escuelas e instituciones de educación superior, mientras se esfuerzan por desarrollar personas fidedignas, rigurosas, y académicamente capaces, también las proteja y desarrolle como seres humanos que honran lugares santos, observan tiempos santos y reconocen experiencias santas? ¿Pueden los educadores adventistas convertirse en remeros de balsas pequeñas que lleven a la gente a un discipulado comprometido?

Veo algunas señales alentadoras de que una nueva generación está comenzando a sentir el anhelo de sentir el llamado de lo santo. Hace un par de años, dirigí un viaje de estudios por el Asia que incluyó a una estudiante europea que se había criado con una cosmovisión ateísta. Al estudiar para convertirse en científica, reflexionó sobre lo que había visto en los países asiáticos mientras observábamos a los fieles involucrados en sus prácticas religiosas. Comentó que nunca había sido capaz de dar el “salto de fe” para buscar consuelo en alguien que tal vez ni siquiera existía. Mientras compartía sus pensamientos conmigo, expresó que su pregunta siempre había sido “¿Por qué?” ¿Por qué debería alguien creer en Dios cuando no había pruebas de su existencia? Observando a creyentes devotos de las tradiciones islámica, budista, hinduista y cristiana, comentó: “En lugar de preguntarme ‘por qué’ todo el tiempo, he comenzado a preguntarme ‘¿por qué no?’” Fue al observar la devoción de los adoradores que creen en lo “santo” que se sintió atraída por una sensación de paz y alegría que vio en esos adoradores.

No tenemos una historia de conversión importante en este artículo. La obra del Espíritu Santo procede en su propia línea de tiempo, y el cambio solo puede ocurrir con el consentimiento personal. Como educadores, podemos ser pacientes, podemos escuchar, podemos modelar y alentar. La historia de mi alumna aún no ha terminado, pero me anima su atracción de “lo santo” en su corazón. Fue una invitación que no podía ignorar, incluso cuando la escuchó en el contexto de su vida sin Dios. Espacios santos, experiencias y tiempos santos le hablaron a esta joven.

El llamado

El llamado de las Escrituras es un llamado a la santidad. Como creyentes en Cristo y como educadores adventistas, fuimos llamados a reflejar la luz que es un don de Dios: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9, NVI).7 Este llamado, en el contexto de la narrativa bíblica del bien y el mal, la santidad y el pecado, invita a todos a poner su fe en su justicia porque “desde antes de crear el mundo Dios nos eligió, por medio de Cristo, para que fuéramos sólo de él y viviéramos sin pecado” (Efesios 1:4, TLA).8 Pertenecemos a Dios, y como sus hijos, nuestra vida debe ser un cumplimiento de sus promesas (Efesios 1:5). Es el momento apropiado para tener conversaciones profundas en los círculos de la educación superior sobre lo que es santo, sobre cómo implica inherentemente ciertas demandas en nuestra vida y sobre cómo también implica promesas.


Este artículo ha pasado por la revisión de pares.

Ginger Ketting-Weller

Ginger Ketting-Weller, PhD, es rectora del Instituto Internacional Adventista de Estudios Superiores, en Silang, Cavite, Filipinas. Una educadora y administradora educativa con experiencia, la Dra. Ketting-Weller obtuvo su doctorado de la Universidad de Graduados de Claremont, en California, EE. UU. Puede ser contactada a través de su correo electrónico: [email protected]

Citación recomendada:

Ginger Ketting-Weller,La secularización y la extinción de lo santo”, Revista de Educación Adventista 83:1 (2021). Disponible en [insert URL].

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. A menos que se indique lo contrario, todas las referencias a las Escrituras en este documento son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA). Nueva Biblia de las Américas™ NBLA™ Copyright © 2005 por The Lockman Foundation.
  2. Ibid. La palabra santo aparece 592 veces en la Nueva Biblia de las Américas.
  3. Lexico Powered by the Oxford English Dictionary (Oxford: Oxford University Press, 2021): https://www.lexico.com/es/definicion/secularizacion.
  4. Podría haber otras explicaciones para el comentario hecho por el capellán; podría haberse referido tanto a los docentes adventistas como a los no adventistas.
  5. El debate sobre las tendencias hacia la secularización global está en curso. Algunos atribuyen el desencanto con las instituciones sociales, políticas o incluso religiosas como fuerza motriz. Otras fuentes sugieren un aumento del fervor religioso debido al creciente descontento con la ciencia, el racionalismo y las organizaciones sociales y políticas. Para más información, véase Gabe Bullard, “The World’s Newest Major Religion,” National Geographic (April 2016): https://www.nationalgeographic.com/culture/article/160422-atheism-agnostic-secular-nones-rising-religion; Stephanie Kramer and Dalia Fahmy, “Younger People are Less Religious Than Older Ones in Many Countries, Especially in the U.S. and Europe,” Pew Research Center Fact Tank (June 2018): https://www.pewresearch.org/fact-tank/2018/06/13/younger-people-are-less-religious-than-older-ones-in-many-countries-especially-in-the-u-s-and-europe/; Harriet Sherwood, “Religion: Why Faith is Becoming More and More Popular,” The Guardian (August 2018): https://www.theguardian.com/news/2018/aug/27/religion-why-is-faith-growing-and-what-happens-next.
  6. La educación superior cristiana es una historia de una lucha constante con el secularismo no solo en los Estados Unidos, sino a nivel mundial. Obras como las de George M. Marsden, The Soul of the American University: From Protestant Establishment to Established Nonbelief (Oxford: Oxford University Press, 1994) exploran esta historia en detalle. Para más información sobre este tema, véase Stephanie Litizzette Mixon, Larry Lyon, and Michael Beaty, “Secularization and National Universities: The Effect of Religious Identity on Academic Reputation,” The Journal of Higher Education 75:4 (July-August 2004): 400-419; Perry L. Glanzer, “The Role of the State in the Secularization of Christian Higher Education: A Study of Postcommunist Europe,” Journal of Church and State 53:2 (Spring 2011): 161-182. Para más información sobre el rol de las universidades cristianas, considere Arthur F. Holmes, The Idea of a Christian College, Revised Edition (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1987), o Todd C. Ream and Perry L. Glanzer, The Idea of a Christian College: A Re-examination for Today's University (Eugene, Ore.: Cascade Books, 2013).
  7. 1 Pedro 2:9. Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.
  8. Efesios 1:4-5. Traducción en lenguaje actual (TLA). Copyright © 2000 by United Bible Societies.