En la primera parte de este artículo (Opciones adventistas: La relación entre la cultura adventista y la educación adventista) se presentó a los lectores el diseño y la metodología de un estudio que examinó la cultura adventista dentro de la parte continental de Estados Unidos: sus raíces, sus ramificaciones y su realidad entre los miembros de la iglesia.

Cada comunidad tiene su propia cultura, nacida de experiencias compartidas, de un lenguaje compartido, de costumbres compartidas, y la Iglesia Adventista del Séptimo Día no es diferente. Si se les pregunta a los miembros adultos de la iglesia estadounidense con qué relacionan el sábado, podrán decir que con los haystacks o caminar cerca del agua, pero sin nadar. Puede que recuerden las excursiones del internado, los decatlones académicos, los campamentos o los banquetes mientras asistían a una de las instituciones de educación superior de la iglesia; sin embargo, como se comentó en el primer artículo, se trata de cuestiones culturales.

Mi investigación se centró específicamente en el paradigma de la cultura adventista. Para empezar, quería averiguar si existía. Una cosa es hablar de anécdotas en una comida y otra es producir pruebas empíricas. Pero si los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Estados Unidos tienen una cultura compartida, que era mi hipótesis, quería dar un paso más y examinar la fuerza de las diferentes inclinaciones culturales de los individuos y su efecto en el comportamiento, es decir, en la elección de la escuela.

En este artículo comparto los resultados y las conclusiones de mi investigación, evalúo las ramificaciones para la elección de escuela y ofrezco un debate reflexivo sobre la mejor manera de utilizar estos datos a nivel local. Este estudio se llevó a cabo antes de la pandemia del COVID-19 y del cambio resultante en el aprendizaje virtual, por lo que las recomendaciones de aplicación son específicas para los entornos de aprendizaje presenciales.

Resultados

Para obtener una imagen más completa del estudio, es útil entender primero la composición demográfica de los que respondieron. Los criterios para la encuesta1 fueron (a) ser miembro de una Iglesia Adventista del Séptimo Día local en Estados Unidos y (b) ser padre de un niño de edad escolar de nivel primaria o secundaria en el ciclo escolar 2017-2018.

Del total de encuestados,

  • el 82.7% tenían entre 36 y 55 años;
  • el 86.7% estaban casados;
  • el 81% tenía una licenciatura o un título superior;
  • el 61% tenía un ingreso anual superior a los $80,000 dólares;2
  • el 75% eran blancos, el 13% eran hispanos, el 9% eran asiáticos y el 5% eran afroamericanos;
  • el 19% nunca había asistido a una escuela adventista de educación primaria o secundaria, el 20% había asistido a una escuela adventista de estos niveles unos pocos años y el 61% había asistido a una escuela adventista de estos niveles la mayor parte o toda su experiencia de educación primaria y secundaria.

Pasando del análisis descriptivo a un examen más minucioso de los datos, consulté mis preguntas de investigación originales. En primer lugar, ¿Cómo difiere la elección de escuela entre los padres adventistas? Del análisis factorial surgieron varios elementos que demostraron tener una relación significativa con la elección de escuela.

Hubo una correlación entre el contexto educativo de los padres y la elección de escuela para sus hijos (Figura 1). De todos los que asistieron a una escuela adventista incluso durante parte de su experiencia en la escuela primaria o secundaria, más del 60% eligió inscribir a su hijo en una escuela adventista. Por otro lado, solo el 20% de esos padres eligió una escuela no adventista para su hijo.3

Los ingresos también resultaron ser un factor importante para la elección de la escuela. Como se ve en la Figura 2, los padres que declararon tener un ingreso inferior a los $40,000 dólares al año eran mucho menos propensos (6.2%) a matricular a sus hijos en una escuela primaria o secundaria adventista, o educarlos en casa, que aquellos que ganaban más de $121,000 dólares (29.9%). Sin embargo, hubo muy poca diferencia en la elección de la escuela cuando se compararon los grupos de ingresos de clase media, $40,000 a $120,000 dólares.

En el instrumento de la encuesta, se pidió a los encuestados que indicaran en una escala móvil de 0 a 100 el porcentaje de amigos y compañeros de trabajo adventistas que tenían. En el proceso de depuración de los datos, clasifiqué las respuestas en 0% - 49% y 50% - 100%. Esto resultó ser un factor significativo para la elección de escuela. Los padres que estaban inmersos en una red social adventista eran cuatro veces más propensos a matricular a sus hijos en una escuela adventista de nivel primario o secundario que en una escuela no adventista (Figura 3). También tenían el doble de probabilidades de elegir una escuela adventista que sus homólogos que no tenían tantas relaciones personales o profesionales adventistas.

Otra variable (la Unión en la que vivía el encuestado) también se asoció significativamente con la elección del centro educativo (p<.01). Esta variable categórica separó a los encuestados en grupos utilizando las ocho regiones geográficas de la División Norteamericana que se encuentran en Estados Unidos. (Véase la Figura 4). En general, parecía que, aunque la mayoría de los adventistas estadounidenses encuestados enviaban a sus hijos a una escuela adventista de nivel primario y secundario, había variaciones entre las Uniones.  

Mi segunda pregunta de investigación se centró específicamente en la relación entre la fuerza de la identidad cultural y la elección de escuela: ¿Cómo se relaciona el grado de consonancia cultural del modelo Adventista del Séptimo Día con el comportamiento de consumo visto en la elección de escuela? El propósito de desarrollar el dominio cultural y la escala fue desarrollar un indicador con el cual medir la identidad cultural. Para seguir descubriendo si el grado de identidad cultural está relacionado con la elección de la escuela, la variable de identidad cultural se estratificó primero en tres categorías: baja, media y alta. Los encuestados en la categoría baja fueron los que mostraron un bajo grado de consonancia (identidad) cultural; es decir, no practicaban o vivían con frecuencia las normas, tradiciones o expectativas culturales de la cultura Adventista del Séptimo Día. Los umbrales para cada categoría se eligieron examinando primero un histograma de la puntuación de consonancia cultural de todos los encuestados. Debido a las curvas aproximadas que se observan en el histograma, como se muestra en la Figura 5, se decidió que “baja” = < -55, “media” = -54.99 - 34 y “alta” = < 35+ para la variable consonancia cultural.

Con los datos derivados de los resultados de la encuesta, pude clasificar la identidad cultural en niveles altos, medios o bajos. Así que hubo diferencia entre los que tenían una fuerte identidad con la cultura adventista y los que no.

Con la variable de consonancia cultural estratificada, se examinó la consonancia cultural y la elección de escuela dentro de una tabulación cruzada. Los encuestados que mostraban una consonancia cultural baja eran menos propensos a enviar a sus hijos a una escuela adventista que los que tenían una consonancia cultural media o alta. Sin embargo, los que mostraban una mayor consonancia cultural no tenían el mayor porcentaje de hijos matriculados en una escuela adventista; más bien, los de esta categoría tenían el mayor porcentaje de hijos educados en casa. Los que demostraron un grado medio de consonancia cultural fueron los más propensos a enviar a sus hijos a una escuela adventista. En la Figura 6 se ofrece una representación visual sencilla. Los que tenían una identidad cultural baja tendían a matricular a sus hijos en una escuela no adventista, los que tenían una identidad cultural media elegían escuelas adventistas y los que tenían niveles más altos de identidad cultural educaban a sus hijos en casa.

Con estos resultados podemos volver a la estratificación por Uniones y evaluar la fuerza de la identidad cultural a través de este marco. La Figura 7 indica que la Unión del Atlántico (Atlantic Union) y la Unión del Sur (Southern Union) tienen el mayor porcentaje de encuestados con altos niveles de identidad cultural. Si se observa la Figura 4, estas dos Uniones también tienen altos porcentajes de quienes eligen educar en casa, lo que ciertamente ayuda a validar la conexión propuesta por este estudio en relación con la cultura adventista y la elección de escuela. Además, la Unión de los Lagos (Lake Union) y la Unión del Pacífico (Pacific Union) tenían el porcentaje más alto de encuestados con baja identidad cultural y los correspondientes porcentajes altos de asistentes a escuelas no adventistas.4

Discusión

En este estudio propuse que la elección de escuela es una extensión de la identidad religiosa y cultural del individuo, y por lo tanto, la hipótesis de que la captura de los perfiles religiosos y culturales de los padres daría una valiosa información sobre la elección de una escuela primaria y secundaria para sus hijos, como se evidencia en la tercera y última pregunta de investigación: ¿En qué medida la religiosidad general de los padres adventistas, su compromiso doctrinal y su identidad eclesiástica (representados por la consonancia cultural) se relacionan con la elección de una escuela para sus hijos? Los resultados proporcionan ciertamente varios hallazgos que hay que descifrar y examinar más de cerca.

Al examinar los antecedentes educativos de los encuestados, los datos demostraron que aquellos que habían pasado tiempo en una escuela adventista eran más propensos a matricular a sus hijos en una escuela adventista (61.2%) que los que no tenían experiencia previa con la educación adventista (51.5%). Además, hubo una asociación significativa entre la elección de la escuela y la propia formación educativa de los encuestados (X2=31.423, p<.01). Esto indica que cuantos más años habían pasado los adventistas estadounidenses en una escuela adventista de nivel primario o secundario, era más probable que enviaran a sus hijos a una escuela adventista, una observación que se alinea perfectamente con otros hallazgos de que los graduados de otras escuelas religiosas eran más propensos que sus homólogos que asistieron a escuelas públicas a enviar a sus hijos a escuelas religiosas.5

Esta variable podría tener diversos elementos. Para empezar, puede apuntar a un nivel de familiaridad o inclusión en lo que respecta a las experiencias de los encuestados en el sistema educativo adventista. En 2016, el Centro de Investigación sobre Educación Adventista Primaria y Secundaria (CRAE por sus siglas en inglés) realizó una encuesta informal, en la que se preguntaba a los miembros de la iglesia Adventista del Séptimo día en la División Norteamericana por qué creían en la educación adventista. Los resultados se tabularon en un artículo de mercadotecnia que proporcionaba las “100 razones principales para la educación adventista”.6 De los cientos de respuestas que llegaron a la oficina del CRAE, la primera de la lista era la idea de estar rodeado de personas con ideas afines. Los comentarios al respecto incluían:

Una familia de compañeros y profesores Adventistas del Séptimo Día invitan a los estudiantes;

  • Estar con creyentes afines;
  • Una extensión de los valores que se enseñan en el hogar;
  • Los estudiantes en la educación adventista comparten nuestros valores o entienden por qué uno elige vivir de la manera que lo hace;
  • Estas declaraciones, aunque recogidas de manera informal, parecen corresponder con la idea de que las experiencias que estos encuestados tuvieron en una escuela adventista, les resultaron cómodas y familiares, y que querían que sus hijos tuvieran experiencias similares, algo así como la mentalidad de “nos gusta lo que sabemos y sabemos lo que nos gusta”.

Estos datos también implican que no solo la experiencia fue familiar, sino que fue positiva. La propia asistencia a una escuela adventista, especialmente si es una experiencia positiva, parece llevar a una persona a considerar esa opción con más fuerza para la siguiente generación.

Desde el punto de vista de la mercadotecnia, esto también parece ser algo que vale la pena analizar con más cuidado. Los reclutadores de la educación adventista deben hacer estas preguntas a los exalumnos: ¿Cuáles fueron las experiencias positivas en su paso por la escuela adventista? ¿Qué tipo de recuerdos de una escuela adventista primaria y secundaria se deberían seguir creando y perpetuando? ¿Qué elementos de la educación adventista de hace 20 o 30 años deberían conservarse?

Otra variable que surgió y que habla de las diferencias entre los miembros de la Iglesia Adventista estadounidense es la localización geográfica, definida por los límites de las Uniones. Hubo una asociación significativa entre la Unión y la elección de escuela (X2 = 55.311, p<.01), lo que indica que hay una relación entre el lugar donde viven los encuestados y donde eligen escolarizar a sus hijos. La Unión del Pacífico Norte (North Pacific Union) tuvo el mayor porcentaje de encuestados que eligieron la educación adventista para sus hijos (68.2%) así como uno de los porcentajes más bajos de encuestados que optaron por una escuela no adventista (14.6%). Esto parece apuntar a un alto nivel de compromiso con la educación adventista en los estados del noroeste que conforman la Unión del Pacífico Norte. Curiosamente, hace unos años un donante anónimo cubrió todas las deudas de cualquier escuela primaria y secundaria de la Asociación de Oregón, una de las seis asociaciones de la Unión del Pacífico Norte. Sheldon Eakins, director de una de las escuelas de la Asociación de Oregón, dijo: “Alguien con un corazón puesto en la educación cristiana quería que la escuela pudiera avanzar y construir, en lugar de centrarse en la deuda”. El compromiso de este donante con esas escuelas de Oregón parece alinearse con el resto del apoyo de la Unión a la educación adventista.

En la Unión de los Lagos (Lake Union), el 32.4% de los encuestados envió a sus hijos a una escuela no adventista, el porcentaje más alto de las ocho uniones. Esto es particularmente interesante dado que la Unión es la sede de la Universidad de Andrews y el Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día, una institución educativa que forma a los aspirantes a pastores para la Iglesia mundial. Al tener una base de constituyentes de esa naturaleza, cabe pensar que el porcentaje de los que eligen escuelas adventistas sería mayor.

Sin embargo, uno de los temas emergentes en la conversación sobre la disminución de la matrícula en las escuelas adventistas en Norteamérica es la falta de participación, contexto y comprensión del desempeño de la educación adventista entre los pastores adventistas. Estudios recientes muestran que muchos pastores son personas con segunda profesión, con poco o ningún antecedente de educación adventista.7 Por diversas razones, muchos no asistieron a una escuela adventista en su infancia y, por lo tanto, tenían poca comprensión o lealtad hacia la educación adventista como adultos.

A esta idea se suma una conversación que mantuve con la directora de la Escuela Secundaria Adventista Andrews, en Michigan. Ella señaló que existe una mentalidad interesante en esa comunidad sobre las escuelas adventistas y no adventistas. Mientras que muchos miembros de allí son “adventistas acérrimos”, comprometidos con la iglesia de diversas maneras incluyendo educar a los estudiantes del seminario para que un día sean líderes de una iglesia, a menudo envían a sus hijos a la escuela pública de la comunidad porque piensan que es lo suficientemente adventista.8 Hay varios profesores adventistas que enseñan en las escuelas públicas locales y se calcula que alrededor del 40% de la población estudiantil de las escuelas públicas de Berrien Springs es adventista. Incluso hay un autobús escolar que llega al campus de la Universidad Andrews para recoger a los estudiantes y llevarlos a la escuela pública de la ciudad. En una comunidad como esta, en la que existe una escuela cerca de una gran universidad y hospital adventista, o en la que el financiamiento de la educación adventista puede ser un reto debido al costo de la matrícula no solo para los hijos sino también para los padres matriculados en estudios superiores, muchos miembros de la iglesia eligen enviar a sus hijos a las escuelas públicas porque sienten ellos que son adventistas. Este contexto puede explicar en parte el porcentaje alto de encuestados en la Unión de los Lagos que eligen escuelas no adventistas.

Otra variable que puede hablar de las diferencias entre los encuestados es la de sus ingresos familiares netos. El costo de la matrícula es un problema que se cita a menudo cuando se discuten asuntos de inscribir a los hijos en escuelas adventistas. Los padres a veces argumentan que la razón por la cual no envían a sus hijos a una escuela adventista es porque la carga financiera es demasiado grande. Los datos demuestran una asociación significativa entre los ingresos y la elección de escuela. De los que eligen una escuela adventista para su hijo mayor, los encuestados que declararon los ingresos más bajos ($40,000 o menos) tuvieron el porcentaje más pequeño (6.1%) mientras que los que declararon ingresos familiares más altos ($121,000 o más) tuvieron el porcentaje más grande (29.7%). Curiosamente, entre los encuestados que eligieron una escuela adventista, el grupo de $41,000 a $60,999 mostró un porcentaje más alto (16.1%) que los encuestados de $61,000 a $80.999 (13.4%) y porcentajes similares al grupo de $81,000 a $99,999 (16.9%) y al de $100,000 a $120,999 (17.8%).

En otras palabras, el ingreso marcó la mayor diferencia en la elección del centro educativo cuando se comparó con los niveles de ingresos más altos y más bajos, pero no fue tan notable en los grupos de ingresos medios. Esto lleva a pensar que, si bien los ingresos pueden ser ciertamente un factor determinante para los que aportan menos ingresos, no parece ser una cuestión significativa para los demás.

Otro elemento especialmente interesante es la variable relativa a la red social adventista. La relación significativa que demuestran los datos habla del círculo de influencia que pueden ejercer los amigos más cercanos en las decisiones importantes de vida. Cuando se desglosó la variable, la tabulación cruzada mostró que los adventistas estadounidenses que eligieron escuelas primarias y secundarias denominacionales (N = 536), el 90.79% tenía un gran porcentaje de amigos adventistas (más del 50%). De igual forma, entre el grupo cuyos amigos eran mayormente adventistas, alrededor del 65% de ellos eligió una escuela adventista, mientras que solo el 16% eligió una escuela no adventista.

Esto parece apuntar a un grado de presión o expectativa social que, en este caso, apoyaba la educación adventista. Las normas sociales pueden tener sanciones internas; por ejemplo, cuando uno decide actuar de una manera determinada incluso en ausencia de otros observadores, como arrodillarse para orar junto a la cama o no eructar en voz alta. Las normas sociales, sin embargo, también pueden ejercer fuertes sanciones externas, es decir, cuando la gente se comporta de una manera específica debido a las expectativas de los que les rodean.9 En este caso, el hecho de que un gran porcentaje de los que eligieron escuelas adventistas fueron individuos que tenían un gran número de amigos adventistas proporciona un sólido ejemplo de las sanciones externas en funcionamiento. Es fácil imaginar que el miembro de iglesia A, quien vive cerca de una universidad adventista y cuya red de amigos y colegas incluye mayormente a otros miembros de la iglesia adventista, podría tomar decisiones diferentes a las del miembro de iglesia B que vive en una zona rural y tiene que conducir 65 kilómetros para confraternizar con otros miembros en la iglesia adventista más cercana.

También es interesante observar el valor inverso: casi exactamente la mitad de los encuestados (50.7%) que no tenían muchos amigos adventistas (0 - 49%) eligieron una escuela no adventista para su primogénito. Enmarcado de una manera ligeramente diferente, si la red de amigos de un encuestado era mayormente adventista, tenía el doble de probabilidades de enviar a su hijo a una escuela adventista (64.6%) frente a una escuela no adventista (33.1%).

Esta influencia social dentro de la consonancia cultural podría ser particularmente significativa para los administradores de la iglesia y de las escuelas, interesados en los patrones de inscripción para el sistema educativo adventista. Los datos de este estudio parecen indicar que la adhesión de un miembro de iglesia a la doctrina adventista está menos asociada a la elección de una escuela adventista que su puntuación de consonancia cultural. En consecuencia, las campañas de reclutamiento para estudiar en escuelas dirigidas a los miembros de la Iglesia Adventista serían más eficaces si se centraran en fomentar las relaciones sociales y comunitarias en lugar de reforzar el compromiso doctrinal. En otras palabras, es más probable que los padres adventistas opten por una escuela adventista si hacen más amigos adventistas que si se sienten repentinamente convencidos por una posición doctrinal.

Hay algunos aspectos de la cultura adventista que son más conservadores que otros. Por ejemplo, la modestia en el vestir y las creencias religiosas conservadoras se entienden generalmente como indicadores de un adventista conservador. Sin embargo, esas dos variables no muestran ninguna evidencia de asociación más fuerte con la elección de escuela, lo que lleva a pensar que lo entendido coloquialmente puede no tener realmente la correlación esperada.

Los datos utilizados para la Figura 7 fueron una media de las puntuaciones de consonancia cultural (identidad) entre los encuestados que eligieron escuelas adventistas, escuelas no adventistas, o estudios desde la casa. Aquellos con puntuaciones de consonancia cultural más altas educaron a sus hijos en casa, los de puntuaciones de consonancia cultural bajas inscribieron a sus hijos en escuelas no adventistas y los de puntuaciones de consonancia cultural moderadas enviaron a sus hijos a escuelas adventistas.

Entonces, ¿qué significa para las partes interesadas en la escuela adventista el hecho de que los que tienen un alto grado de consonancia cultural y los que tienen un bajo grado de consonancia cultural sean menos propensos a enviar a sus hijos a una escuela adventista? Las escuelas que están dentro de los límites de una comunidad adventista más liberal o cuya población adventista en general puede ser menos conservadora que la normal, tendrán que encontrar formas de promover una visión positiva y atractiva de la escuela.

Por ejemplo, si se observa la Figura 4, los miembros de la iglesia de la Unión del Atlántico, una región que tiene los niveles más altos de identidad cultural, pueden ser más propensos a enviar a sus hijos a una escuela adventista si existe, que los miembros de la iglesia que residen en la Unión del Pacífico, una región que tiene la medida más baja de consonancia cultural. Los reclutadores de escuelas de la Unión del Pacífico que buscan aumentar las inscripciones puede que no encuentren tan efectivo promover los elementos exclusivamente adventistas de su escuela, como recepciones de sábado o haystacks en la comida de bienvenida. Es posible que les convenga más hacer hincapié en los aspectos que atraerían a un consumidor más general que busca una escuela para su hijo: estudios de primera categoría, un entorno seguro, ofertas extracurriculares, etcétera.

Otro hallazgo fascinante dentro de este contexto de consonancia cultural es el componente de la educación en casa (homeschool). Los datos de este estudio parecen ser paralelos a la idea generalmente aceptada de que los padres más conservadores optan por la educación en casa. Aunque la educación en casa en Estados Unidos se ha convertido en algo más generalizado, rompiendo con el estereotipo anterior de que era algo más para las familias rurales, ultraconservadoras y anti-gobierno, sigue manteniendo ciertamente los fundamentos de una mentalidad alternativa, quizá incluso radical. Este estudio, por lo tanto, afirma la idea de que los adventistas estadounidenses más consonantes culturalmente, es decir más conservadores y tradicionales, también eligen la educación en casa. A diferencia de las familias que tienen puntuaciones más bajas de identidad cultural y buscan una escuela que no sea demasiado adventista, estas familias pueden rechazar la elección de escuelas adventistas porque piensan que no son suficientemente adventistas o porque sienten que su sistema de creencias más conservador no se refleja en la escuela adventista local.

Al momento de escribir, Estados Unidos de América estaba inmerso en una agitación política y social, con un fervor y una hostilidad desbordante que no se ha visto en los últimos años. Podríamos aventurarnos a decir que el país está cada vez más polarizado, en niveles diferentes. Quizá la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Estados Unidos esté experimentando su propia polarización cultural. Los miembros se identifican más con los elementos culturales de la iglesia o se alejan completamente de ellos. Se podría suponer que la ventana del “adventismo moderado” se está reduciendo. Y si la preponderancia de los estudiantes adventistas proviene de familias que se encuentran en dicha ventana, la disminución de la matrícula vista desde esta perspectiva tiene sentido.10

Por lo tanto, la educación adventista se encuentra en un interesante dilema: ¿deben las escuelas ser más adventistas para atraer a los que están en un extremo del espectro cultural, o deben tratar de ser menos adventistas para atraer a los que tienen más bajos niveles de identidad cultural? ¿Qué pasó con las escuelas misioneras donde los padres, que a menudo no son miembros de la iglesia, quieren que sus hijos reciban una educación basada en los valores cristianos? Estas son cuestiones que se han debatido durante las últimas décadas. Algunas escuelas han optado por la primera vía, haciendo hincapié en principios como la vida sana, el cuidado del medio ambiente y otros énfasis. Por ejemplo, la Escuela Adventista de Needles, en Needles, California, no tiene problemas con instruir a los alumnos sobre los beneficios de una dieta vegetariana. El impacto de esta práctica es evidente en las respuestas de los padres, muchos de los cuales no son miembros de la Iglesia Adventista. En el otro extremo del espectro, hay escuelas que optan por sustituir adventista en su nombre por cristiano o simplemente eliminar la palabra por completo.

Es difícil opinar qué enfoque es mejor, y la ubicación de la escuela ciertamente influirá en la decisión. Algunos argumentan que alejarse del “núcleo” del adventismo es una traición a la iglesia y que las escuelas que optan por diluir el mensaje adventista están perdiendo el sentido de la educación adventista. Otros se oponen a esto cuestionando cuál es realmente ese núcleo del adventismo. Seguramente, protestan, nuestra iglesia es algo más que una mezcla de normas culturales anticuadas.

Estas cuestiones plantean varias preguntas, y seguirán haciéndolo a medida que el mundo se vea afectado por cambios económicos, políticos, religiosos y sociales radicales.  ¿Qué hay en el corazón de la educación adventista? ¿Es importante ser único, o eso lo convierte en algo meramente exclusivo? ¿Cuál es el mejor camino? Los educadores podrían argumentar que el cambio de cultura dentro de la Iglesia Adventista no es una cuestión escolar sino una cuestión eclesiástica. ¿Reconocen los dirigentes de la iglesia este cambio y comprenden las ramificaciones que tiene en la elección de escuelas y en la matrícula? ¿Podrían, y deberían, los miembros de la iglesia regresar un punto medio?

Conclusión

Los resultados de este estudio parecen indicar que la identidad cultural desempeña, de hecho, un papel importante en la elección de escuela. A través de diversos análisis y de la correlación de una serie de variables clave, queda claro que la identidad cultural de los padres afecta la elección del centro escolar de múltiples maneras. Estos resultados aproximados han abierto ciertamente la puerta a examinar qué factores tienen un efecto más fuerte en la elección de escuela que simplemente la propia escuela. Como demuestran los datos, el descenso de la matrícula en las escuelas adventistas y en otras escuelas religiosas de Estados Unidos podría estar relacionado con un cambio en la cultura religiosa y en la forma en que los miembros se identifican y viven la cultura de su denominación. Y aunque puede haber otros factores que se deben tener en cuenta en todo el mundo, incluyendo más recientemente la pandemia de COVID-19, tanto los educadores como los administradores de la Iglesia podrían prestar atención a estos hallazgos y considerar las implicaciones de la cultura de la iglesia en sus respectivos ministerios.


Este artículo ha pasado por la revisión de pares.

Parte 1 de este artículo apareció en el número 82-3:2020 de la Revista de Educación Adventista® y está disponible en https://jae.adventist.org/es/2020.82.3.5

Aimee Leukert

Aimee Leukert, PhD, es profesora asociada de Currículo y Enseñanza en la Universidad La Sierra, en Riverside, California, Estados Unidos. La doctora Leukert, que ha sido educadora dentro del sistema educativo adventista durante más de quince años, ha enseñado a nivel primario, secundario y universitario, y también ha sido directora en la Asociación Sur de California. Su trabajo en el Centro de Investigaciones sobre Educación Adventista le ha permitido compartir su pasión por enseñar mediante diversos canales, lo que incluye ayudar al Equipo de Tareas de Educación de la División Norteamericana e impulsar a Embajadores de la Educación Cristiana Adventista (AACE), una organización diseñada para reclutar, organizar y apoyar voluntarios para las escuelas primarias y secundarias de la División Norteamericana.

Citación recomendada:

Aimee Leukert, “Opciones adventistas: La relación entre la cultura adventista y la educación adventista, Parte 2,” Revista de Educación Adventista 82:4 (2020).

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Los datos demográficos de este estudio se describen detalladamente en la primera parte de este artículo. Véase https://jae.adventist.org/es/2020.82.3.5.
  2. Los ingresos anuales de los hogares indicadores en este estudio reflejan los promedios de los encuestados para este estudio. Para un contexto adicional, véanse los datos del estudio de Sahlin y Richardson, encargado por la División Norteamericana, que informó sobre ingresos familiares anuales de $25,000 dólares o menos para aproximadamente el 40% de los hogares adventistas. Para el 30% de los hogares adventistas, los ingresos anuales oscilaban entre $25,000 y $49,999 dólares. Para el 24%, este rango era de $50,000 a $99,999 dólares, y para el 7%, estos ingresos eran de $100,000 dólares o más (Monte Sahlin and Paul Richardson, Seventh-day Adventists in North America: A Demographic Profile [Milton Freewater, Oregon: Center for Creative Ministry, 2008], 19-21). Disponible en http://circle.adventist.org/files/icm/nadresearch/NADDemographic.pdf.
  3. En este estudio, una “escuela no adventista” puede ser una escuela pública, privada no religiosa o parroquial privada.
  4. Esto no tiene en cuenta la disponibilidad de escuelas adventistas en varias Uniones, lo que puede significar que los padres decidan educar en casa.
  5. Jonathan Schwarz y David Sikkink, Blinded by Religion? Religious School Graduates and Perceptions of Science in Young Adulthood (South Bend, Indiana: University of Notre Dame, 2016): https://www.cardus.ca/research/education/reports/blinded-by-religion-religious-school-graduates-and-perceptions-of-science-in-young-adulthood/.
  6. Centro de Investigación Adventista, “100 Reasons for Adventist Education” (2020): https://crae.lasierra.edu/100-reasons/.
  7. Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, “Strategic Issues Emerging From Global Research, 2011-2013,” Reach the World: General Conference Strategic Plan 2015-2020: 7 (Item 2). Los datos de cinco grandes estudios mundiales que comenzaron en 2011 muestran que “menos de la mitad de los adventistas de todo el mundo han experimentado alguna educación denominacional y muchos pastores tienen una educación adventista limitada” (p. 7); Roger Dudley y Petr Činčala, “The Adventist Pastor: A World Survey.” Un estudio de investigación realizado por el Instituto del Ministerio de la Iglesia en el Seminario Teológico Adventista de la Universidad de Andrews, en mayo de 2013: http://www.adventistresearch.org/sites/default/files/files/The%20Adventist%20Pastor%20A%20World%20Survey%20.pdf; George R. Knight, “¿Por qué tener educación adventista?” Revista de Educación Adventista 22:2016, http://circle.adventist.org/files/jae/sp/jae2006sp220404.pdf.
  8. Nombre utilizado con permiso. Jeannie Leiterman, comunicación personal, 2018.
  9. Jon Elster, “Rationality and Social Norms,” European Journal of Sociology/Archives Européennes de Sociologie/Europäisches Archiv für Soziologie 32:1 (1991): 109-129.
  10. Al momento de redactor este informe, aún no se había experimentado las repercusiones de COVID-19 en los sistemas escolares, las finanzas de la iglesia y los ingresos anuales de los hogares, pero sin duda tendrán un impacto.