Históricamente, los Adventistas del Séptimo Día le han dado un gran valor a la Biblia y a su polifacética verdad, la cual ha sido iluminada y apoyada por los escritos de Elena de White. Sus escritos han demostrado su autenticidad en relación con varios aspectos de la vida, incluyendo los desafíos universales de este mundo y los eventos de los últimos días que se desarrollan rápidamente. Además, la Biblia señala repetidamente que el conocimiento bíblico de Dios y su voluntad para la humanidad deben ser compartidos con cada ser humano. Esa es una de las razones por las que Elena de White hablaba frecuentemente sobre la educación adventista, que imparte y fomenta un desarrollo equilibrado de la persona, tanto espiritual como intelectual, física y socialmente, en un entorno de fe y aprendizaje.

El valor filosófico de la educación adventista y su adecuada implementación en la vida del pueblo de Dios en el contexto de los eventos escatológicos finales son conceptos inseparables. Así, considerando el contexto escatológico de la gran controversia entre el bien y el mal, la verdad y la mentira, Elena de White hizo un llamado a la iglesia a ser educada en “el cumplimiento del propósito de Dios en la historia de las naciones y en la revelación de las cosas futuras”, porque hay “lecciones que tenemos que aprender, la obra que hay que hacer, la transformación del carácter que debe efectuarse”.1 Así pues, este artículo trata de aclarar, a la luz del Espíritu de Profecía, la naturaleza y la función de esos desafíos en el contexto de la educación adventista que todo maestro y administrador educativo deben afrontar, reconocer y superar y estar preparados para los acontecimientos escatológicos finales que se aproximan rápidamente.

Los tres pilares de la educación adventista

La educación Adventista del Séptimo Día se ha construido sobre tres pilares históricos que unen el pasado, el presente y el futuro: redención, integridad y permanencia. La educación adventista tiene su propia y única historia de unos 145 años desde el comienzo de la contribución de Elena de White y el establecimiento de la primera escuela adventista en 1872.2 Sin embargo, para encontrar los inicios de una amplia historia de esta educación, hay que retroceder a través de las edades de la humanidad. El patrón educativo establecido por Dios en el Jardín del Edén se caracterizó por una estrecha asociación y relación directa entre la humanidad y la divinidad.3 En esa época, los primeros seres humanos creados estuvieron expuestos a lecciones físicas, mentales y espirituales que tuvieron el privilegio de aprender de la naturaleza circundante y directamente de su Creador. La primera pareja llevaría consigo estas lecciones integrales durante toda su vida, mucho después de haber sido desplazados de su hogar original (Génesis 3:24).

El hecho de que la redención ocupa la atención del Creador del universe inspira a los estudiantes. Se les da el privilegio de participar en el ejercicio educativo más alto y jamás conocido por los seres humanos, que incluso será objeto de estudio a lo largo de las edades sin fin de la eternidad.

Muchos años después, Moisés en su último sermón llamó al pueblo de Dios a educar continuamente a sus hijos, al sentarse, al caminar, al acostarse y al levantarse, para impartir los valores morales de la vida (Deuteronomio 6:7). Estos estándares de una formación adecuada de un niño no han disminuido con el tiempo. Las palabras del Señor al sacerdote Eli, “yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco” (1 Samuel 2:30, RVR1960),4 recuerdan a las generaciones actuales que deben reverenciar al Dios Todopoderoso.

Así, los principios de la metodología educativa Cristo-céntrica: tocar el corazón humano con el conocimiento de los valores eternos, fueron introducidos por primera vez en el Edén, enseñados por los patriarcas, repetidos por Jesús, y reenfatizados a través de los tiempos por los fieles creyentes que los compartieron con sus hijos. Estos principios no se han alterado con el paso del tiempo o con el cambio de ubicación geográfica. De los escritos de Elena de White se deduce que son redención, integridad y permanencia.5

Redención

Elena de White dedicó numerosas páginas al tema de los actos de amor redentores de Cristo en nombre de los seres humanos caídos. Libros como El Deseado de Todas las Gentes, Palabras de Vida del Gran Maestro, El Camino a Cristo, El Ministerio de Curación, etcétera, ofrecen conocimientos profundos sobre el sacrificio de Cristo. Sin embargo, en el libro de La Educación, Elena de White puso especial atención en la educación describiéndola vívidamente como una obra de redención. En el capítulo 4 se explica este concepto afirmando que “en el sentido más elevado, la obra de la educación y la de la redención, son una”.6 Además, el objetivo de esta unidad es ayudar a los estudiantes a iniciar una relación íntima con Cristo que se convertirá en el “poder dominante”7 de sus vidas (1 Corintios 3:11). Sin esta transformación, la educación se convierte en “más perjudicial que benéfica”.8

Además, ella declaró que “la ciencia de la redención es la ciencia de las ciencias”.9 Esta es la capacitación que se puede comparar con el proceso de restauración porque es el método “por el cual el alma se prepara para el cielo”.10 La noción de que la redención ocupa la atención del Creador del universo eleva a los estudiantes. Se les da el privilegio de participar en el ejercicio educativo más alto y jamás conocido por los seres humanos, que incluso será objeto de estudio a lo largo de las edades sin fin de la eternidad.11

Integridad

La integridad es otro principio fundamental de la educación adventista, como se puede ver claramente en los escritos de Elena de White. Se refiere a “la preparación de las facultades físicas, mentales y morales para la ejecución de todo deber; es el adiestramiento del cuerpo, la mente y el alma para el servicio divino”.12 Esto requiere un enfoque sano de la vida en general y de la educación en particular. Para que los seres humanos experimenten un desarrollo integral y equilibrado, el currículo también necesita ser integral y equilibrado. Por lo tanto, debemos incluir elementos de fe en el proceso de aprendizaje, así como para la educación física que beneficiará no solo al cuerpo sino también a la mente y el alma en los estudiantes de todas las edades.13

Así pues, la educación adventista, cuando se planifica e implementa de forma efectiva, presenta una perspectiva equilibrada que incorpora los aspectos académicos del desarrollo de los estudiantes.14 El entrenamiento físico efectivo que involucra a los jóvenes en el trabajo productivo les ayuda a elevar la mente a realidades espirituales y desarrollar el carácter;15 que es la cualidad que puede perdurar a lo largo de la eternidad.16

Al mismo tiempo, el trabajo físico no es un pasaporte gratis al cielo (Hechos 4:12; Romanos 6:23); tampoco el proceso de la formación y desarrollo del carácter es una cuestión de ganarse el favor de Dios, porque “nuestras obras no tienen valor en ellas mismas ni por sí mismas”.17 Solo por la gracia de Dios, los individuos crecen y se desarrollan para alcanzar “la perfección del carácter cristiano, luchando continuamente para sujetarnos a la voluntad de Dios”.18 Por lo tanto, un desarrollo equilibrado e integral de la persona desempeña un papel decisivo y distintivo en la verdadera educación, que contrasta fuertemente con todos los demás enfoques educativos y normas filosóficas.

Permanencia

El tercer principio de la educación adventista representa la continuidad a lo largo de “todo el período de la existencia accesible al hombre”.19 Elena de White describió en detalle una perspectiva de los procesos de aprendizaje continuos que comienzan en el vientre de la madre, continúan a lo largo de la niñez y la adolescencia y hasta la madurez, y se extienden hasta la eternidad, si la persona se mantiene fiel a Dios. Así pues, gran parte de sus escritos están dedicados al desarrollo personal antes de que el individuo llegue a la edad adulta,20 comenzando por las influencias en el embrión a través de la actitud y disposición de la madre.21 A menudo se ignora o se malinterpreta el valor de tales estímulos. Sin embargo, Dios valora incluso a estos embriones y tiene un plan para cada uno de ellos (Isaías 49:1, 5; Jeremías 1:5).

Elena de White escribió a fondo sobre el valor de la educación en el hogar y recomendó que ambos padres desempeñaran un papel importante no solo como maestros sino también como representante de Dios ante sus hijos para permitirles comprender su hermoso carácter.22 Con frecuencia enfatizó que el hogar cristiano debería ser “un símbolo del hogar celestial”,23 donde la verdadera educación se combina con el amor, y la disciplina moldea a los jóvenes.

La educación adventista desempeña un papel crucial en el desarrollo de la verdadera identidad en la mente y el corazón de los jóvenes preparándolos para llegar a ser participantes activos en el plan misiológico de Dios en esta tierra. El concepto misiológico combina dos enfoques tradicionales que deben obrar juntos.

Al mismo tiempo, Elena de White fue una gran defensora del establecimiento de escuelas de iglesia en donde fuese posible,24 ya sea conectadas a una iglesia pequeña o grande en áreas rurales o urbanas, para el beneficio del desarrollo integral de los niños donde pudieran aprender el valor del servicio a los demás. Por esta razón, la calidad moral del carácter de los maestros debe considerarse tan importante como su desarrollo intelectual.

Además de las escuelas de iglesia, ella enfatizó la importancia y el valor de la iglesia local donde la educación continúa durante todas las edades capacitando a los miembros de iglesia a llevar a cabo la obra de traer a otros a los pies de Cristo.26 Ella instó que “no haya demora en los planes de preparar a los miembros de la iglesia”27 para crecer en la gracia cristiana y los no creyentes a su alrededor “puedan ser encantados por la fe que produce tales resultados”.28 Así, el pueblo de Dios de todas las edades y pueden crecer en la gracia por medio de una educación integral, porque “las obras de la salvación y la redención están a disposición de todos los que aprovechen esa oportunidad para sí por medio de Cristo”.29 No hay excepciones al proceso de educación continua, excepto el rechazo personal de la misma, porque “en la escuela de Cristo, los estudiantes nunca se gradúan. Entre los alumnos se cuentan tanto viejos como jóvenes”.30

Como culminación de un viaje educativo continuo, Elena de White elaboró proféticamente en esta gran ocasión con las escenas celestiales en mente: “Todos los tesoros del universo serán abiertos al estudio de los hijos de Dios. Entraremos con inefable deleite en el gozo y en la sabiduría de los seres no caídos”.31 Por eso invitaba constantemente a sus lectores a buscar la verdadera educación en esta tierra en la medida posible, para que el pueblo de Dios no solo viva con Él por toda la eternidad, sino porque “la educación que iniciaremos aquí se perfeccionará en el cielo”, donde los redimidos “no haremos más que entrar en un curso superior”.32

La Educación Adventista: El propósito misiológico

La educación adventista desempeña un papel crucial en el desarrollo de la verdadera identidad en la mente y el corazón los jóvenes preparándolos para llegar a ser participantes activos en el plan misiológico de Dios en esta tierra. El concepto misiológico combina dos enfoques tradicionales que deben obrar juntos. Por un lado, es necesario preservar la identidad de la iglesia protegiendo y enseñando a los jóvenes de la iglesia. Por otro lado, el elemento misiológico y el modo de vivir son aspectos fundamentales. Si la iglesia quiere cumplir fielmente con la gran comisión en vista de la pronta venida de Cristo, se deben combinar estas dos dimensiones.33 Sin embargo, en su esencia, aunque el segundo aspecto fue fuertemente enfatizado por la mensajera de Dios hace más de 100 años, todavía no ha sido plenamente utilizado en el sistema educativo adventista.

Elena de White imaginó a los jóvenes estando al frente de la obra de Dios y conduciendo ardientemente su obra misionera en todo el mundo. Para ella, “con celo ardoroso [atizarán] las indolentes energías del pueblo de Dios, y [aumentarán] así el poder de la iglesia en el mundo”.34 En el libro La Educación, ella proclama, “con semejante ejército de obreros como el que nuestros jóvenes, bien preparados, podrían proveer, ¡cuán pronto se proclamaría a todo el mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir!”35 Esto exige que las instituciones educativas adventistas reconsideren seriamente no solo un nuevo énfasis en la preservación de la verdadera identidad adventista, sino también su propósito misiológico para cumplir la comisión de Cristo (Mateo 28:19, 20) y promover el reino de Dios.

La Educación Adventista: Discipulado transformador

Cultivar las disciplinas espirituales en los jóvenes depende de si están rodeados de maestros y administradores educativos en los que puedan confiar. En otras palabras, necesitan seguir adultos modelos que los amen incondicionalmente y les muestren la realidad sobre ellos, sobre la gente que los rodea y sobre Dios como su creador y redentor.36 Este grupo de adultos incluye no solo los maestros y administradores en las escuelas y los padres en casa, sino también los miembros de la iglesia local, el pastor de la iglesia y su equipo de ministros laicos. El papel influyente de estos individuos en la educación es crucial y no debe minimizarse ya que se encargan de desarrollar ciudadanos para el reino de Dios.

Así, el aspecto escatológico de la educación adventista se puede comprender e implementar plenamente cuando una combinación entre la educación en el hogar, en las escuelas adventistas y una iglesia equipada con su pastor, participan activamente en la misión de Dios.

Esmond, abundando en este sentido, pide a los proveedores educativos modelar un discipulado transformador en vez de la modificación en el comportamiento entre los jóvenes.37 El discipulado transformador requiere no solo una interacción de una sola vez, sino el establecimiento de una amistad duradera con un modelo a seguir positivo. Explica que para poder ayudar a los niños y jóvenes “a tomar la decisión no solo de creer sino de tener una experiencia personal con Dios, y por extensión vivir sus consejos, las iglesias deben crear oportunidades para que sean guiados por seguidores de Cristo cuidadosos y maduros”.38 Por extensión, el punto subyacente aquí es educar a los miembros de la iglesia en su responsabilidad de ser “padres espirituales” de cada niño y joven en la iglesia local y en la escuela de iglesia.

Así, el aspecto escatológico de la educación adventista se puede comprender e implementar plenamente cuando una combinación entre la educación en el hogar, en las escuelas adventistas y una iglesia equipada con su pastor, participan activamente en la misión de Dios. Esta colaboración no solo motivará a los jóvenes, sino que los dotará de perspicacia y comprensión respecto a sus responsabilidades antes y durante los eventos escatológicos finales, de modo que estén listos y dispuestos a dedicar sus talentos, energía y, de hecho, hasta su vida para prepararse a sí mismos y a los demás para la eternidad.39

Conclusión

La declaración escatológica de Elena de White, “el último gran conflicto entre la verdad y el error no es más que la última batalla en la controversia que se viene desarrollando desde hace tanto tiempo con respecto a la ley de Dios”,40 llama a cada adventista a tomar en serio la calidad de su vida espiritual y a enseñar a otros el valor de establecer una relación amorosa con Cristo. Habrá un conflicto final entre las leyes humanas y los preceptos de Yahvé, entre los claros mandamientos de la Biblia y la religión falsa basada en la tradición humana.41 Por lo tanto, todo creyente, ya sea joven o adulto, debe ser educado y consolidado en Cristo para vencer al enemigo y salir victorioso en la pronta venida de Cristo.

Esto llama a la Iglesia Adventista del Séptimo Día a reexaminar y volver a enfatizar la importancia de la educación adventista por todos sus medios y en todos sus niveles para mantenerse fiel a los eventos escatológicos que se aproximan rápidamente. Debemos recordar que la educación auténtica dada en la Biblia y resumida en los escritos del espíritu de profecía, resistirá la prueba del tiempo y continuará por la eternidad. En sus escritos, Elena de White contribuyó inmensamente a esta causa. Llamó a los creyentes a conocer personalmente a Cristo y su voluntad y a enseñar los principios del cristianismo a sus hijos en casa, en la escuela y en la iglesia. “Necesitará[n] valor, firmeza y conocimiento de Dios y de su Palabra” para que “la luz de un carácter semejante al de Dios [brille] con el máximo fulgor” en sus vidas,42 y elijan convertirse en victoriosos del lado de Dios. Por lo tanto, uno de los mayores desafíos que enfrentan los educadores y administradores educativos, incluyendo padres, pastores y miembros de iglesia, es entender claramente el verdadero valor de la educación adventista, su significado y las consecuencias de largo alcance, reevaluarla y apoyarla con todos los medios disponibles porque “los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:3, RVR1960).


Este artículo ha pasado por la revisión de pares.

Anna M. Galeniece

Anna M. Galeniece, DMin, es catedrática asociada de capellanía en el Departamento de Ministerio Cristiano del Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día, en la Universidad de Andrews, en Berrien Springs, Michigan, EE. UU. Como ministra comisionada del evangelio, la Dra. Galeniece, ha trabajado en tres continentes: Europa, América y África, y ha servido como obrera bíblica, pastora asociada, capellana de salud y profesora. Antes de ocupar su cargo en la Universidad de Andrews, sirvió como directora del Centro White en la Universidad Adventista de África en Nairobi, Kenia.

Citación recomendada:

Anna M. Galeniece, “La educación adventista y su dimensión escatológica en los escritos de Elena de White,” Revista de Educación Adventista 82:1.

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Elena de White, Educación (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1998), 184.
  2. Herbert E. Douglass, “Ellen G. White’s Role in Adventist Education,” The Ellen G. White Encyclopedia, Denis Fortin y Jerry Moon, eds. (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2014), 794.
  3. Elena de White, Conducción del Niño (Mountain View, CA: Pacific Press, 1964), 274; __________, Educación, 20.
  4. Cita bíblica tomada de la versión de la Biblia Reina-Valera 1960 (RVR1960). Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Usado con permiso. Reservados todos los derechos.
  5. Para más información, véase Julian Melgosa, “Philosophy of Education,” The Ellen G. White Encyclopedia, 796, 797.
  6. White, Educación, 30.
  7. Ibid.
  8. __________, Consejos para los Maestros (Mountain View, CA: Pacific Press, 1971), 397.
  9. __________, Educación, 126.
  10. __________, El Deseado de Todas las Gentes (Mountain View, CA: Pacific Press, 1955), 297.
  11. Elena de White, ¡Maranata: El Señor Viene! (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1976), 363. El párrafo completo dice, “La ciencia de la redención es la más grande de todas las ciencias; es la que estudian los ángeles y todos los seres de los mundos no caídos; es la ciencia que cautiva la atención del Señor y Salvador, y penetra en los propósitos reflexivos de la mente Infinita, mantenidos en silencio durante siglos eternos; es la ciencia que estudiarán los redimidos en el curso de la eternidad. Este es el estudio más elevado a que puede dedicarse un ser humano. Como ningún otro, avivará la mente y elevará el alma...”
  12. __________, Palabras de Vida del Gran Maestro (Mountain View, CA: Pacific Press, 1971), 265.
  13. __________, Testimonios para la Iglesia (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 1998), 5:492.
  14. __________, Mente, Carácter y Personalidad (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1989), 1:293; __________, Educación, 222; __________, True Education (Nampa, Idaho: Pacific Press, 2010), 131. Véase también Andrew Mutero, “Implementation of Ellen White’s Counsel on Manual Labor and Training in Adventist Education in Africa,” The Bible, the Spirit of Prophecy, and the Church, Anna Galeniece, ed. (Nairobi, Kenya: Ellen G. White Estate Branch Office, Adventist University of Africa, 2017), 181-193: https://www.researchgate.net/profile/Sampson_M_Nwa.... Es importante señalar que mientras que las oportunidades de trabajo manual están disponibles en algunas escuelas e instituciones, otras luchan por mantener programas que proporcionen oportunidades a todos los estudiantes que necesitan y quieren trabajar.
  15. White, Educación, 21.
  16. __________, Hijos e Hijas de Dios (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 1978), 339.
  17. __________, La Maravillosa Gracia de Dios (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1973), 331.
  18. __________, Testimonios para la Iglesia, 4:512.
  19. __________, Educación, 13.
  20. Véanse los libros de Elena de White Conducción del Niño, El Hogar Cristiano, El Ministerio de Curación, La Educación Cristiana, Consejos para los Maestros, entre otros.
  21. Elena de White, El Hogar Cristiano (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 230-234.
  22. __________, Patriarcas y Profetas (Mountain View, CA: Pacific Press, 1954), 315.
  23. __________, “Devote Yourselves to God’s Service,” The Signs of the Times 16:34 (September 1, 1890): 469; __________, El Hogar Cristiano, 32.
  24. __________, Conducción del Niño, 287; __________, Testimonios para la Iglesia, 6:203; __________, Fundamentals of Christian Education (Nashville, TN: Southern Publishing Assn., 1923), 221.
  25. Joel Raveloharimisy, “Creencia y práctica: Imperativos espirituales para el docente adventista,” Revista de Educación Adventista 43:1 (Octubre–diciembre 2018). Disponible en https://jae.adventist.org/es/2018.1.6.
  26. Elena de White, Consejos sobre la Salud (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 1989), 558; __________, Testimonios para la Iglesia, 9:95; 6:56, 430, 431; __________, Obreros Evangélicos (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1997), 419; __________, El Ministerio de Curación (Mountain View, CA: Pacific Press, 1959), 107; __________, Servicio Cristiano (Mountain View, CA: Pacific Press, 1981), 74.
  27. __________, Testimonios para la Iglesia, 9:97.
  28. Ibid.
  29. Raveloharimisy, “Creencia y práctica”, 5.
  30. White, Consejos para los Maestros, 50.
  31. __________, Educación, 307.
  32. __________, ¡Maranata: El Señor Viene!, 362.
  33. George R. Knight, Educación para la eternidad: Filosofía de la educación adventista (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2017), 128.
  34. Elena de White, Mensajes para los Jóvenes (Mountain View, CA: Pacific Press, 1967), 21.
  35. __________, Educación, 271.
  36. Nick Taylor, “Spiritual Formation: Nurturing Spiritual Vitality.” In Introducing Christian Education: Foundations for the 21st Century, Michael J. Anthony, gen. ed. (Grand Rapids, Mich.: Baker Academic, 2001), 94.
  37. Dwain N. Esmond, “A Pill for the Millennial Mind: Ellen White for New Generations.” In The Bible, the Spirit of Prophecy, and the Church, 194-207.
  38. Ibid., 200, 201.
  39. George R. Knight, “Ground Zero in the Great Controversy: The Struggle for the Minds and Hearts of the Next Generation,” Ministry (June 2017): 13; Jiří Moskala, “La escuela de iglesia: Cuando las iglesias y las escuelas colaboran con la misión”, Revista de Educación Adventista N°46. Disponible en jae.adventist.org/es/2018.4.2.
  40. Elena de White, El Conflicto de los Siglos (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 2007), 569.
  41. Ibid., 569.
  42. __________, Hechos de los Apóstoles (Mountain View, CA: Pacific Press, 1957), 344.