Perspectivas | Daniel Gonzalez-Socoloske

Por qué es importante la naturaleza: Educación adventista del séptimo día en el Antropoceno

Mi primer contacto con la noción de conflicto entre necesidades humanas y el mundo natural ocurrió en el 5º grado cuando estaba decidiendo qué proyecto presentar en la feria de ciencias juveniles del condado. Mi maestro de ciencias sugirió que hiciera una presentación sobre la pequeña mariposa endémica1 llamada Sátiro de Mitchell (Neonympha mithellii) que se encuentra en solo una docena de pantanos en el sur de Michigan y el norte de Indiana. Disfrutaba de estar en la naturaleza y aprender sobre los animales, así que decidí seguir su recomendación.

Para ese entonces había una propuesta del Departamento de Transporte de Michigan para extender la autopista US-31 de Berrien Springs norte a la autopista interestatal I-94 en Bent Harbor. Esto les ahorraría a los viajeros unos 10 minutos. Muchos conductores y empresarios estaban a favor de este proyecto; sin embargo, algunos ciudadanos bien intencionados y grupos de conservación estaban en contra porque la carretera propuesta atravesaría uno de los pocos pantanos restantes del hábitat de la mariposa Sátiro de Mitchell. Pero había que tomar una decisión. La construcción comenzó en la década de 1980 pero se detuvo a finales de la década de 1990 debido a demandas por parte de grupos de conservación.

Yo recuerdo haber visitado el pequeño pantano al norte de Berrien Springs en 1994, donde viven estas mariposas, con una cámara que me había prestado mi maestro. No vi ninguna mariposa, lo que no es de sorprenderse ya que las mariposas adultas solo salen por unas dos semanas al año durante el verano, pero recuerdo haber apreciado el hábitat único de los pantanos. No gané la feria de ciencias de ese año (obtuve el segundo lugar) pero sí aprendí una lección importante sobre las decisiones que tomamos como humanos y las posibles consecuencias que tienen sobre los organismos que nos rodean.

¿Por qué es importante la naturaleza? ¿Por qué deberíamos preocuparnos por la naturaleza como individuos, como miembros de nuestra iglesia, de nuestro país, de la raza humana? Si una pequeña mariposa que solo se ve dos semanas al año en unos cuantos pantanos se extingue, ¿realmente importa? Estas preguntas pueden sonar crueles e injustas, pero de una forma muy real nos hacemos preguntas muy similares todos los días y las respondemos con las decisiones que tomamos. La vida se trata de decisiones. Algunas fáciles y relativamente con pocas consecuencias, como el sabor del helado; otras son más difíciles, como el escoger a la persona adecuada con quien compartir la vida. Algunas son muy directas en términos de moralidad; otras no son muy claras.

Mi objetivo en este ensayo es desafiar a los educadores adventistas a reexaminar su relación con la naturaleza y su dependencia de los beneficios vitales que nos proporciona. Espero transmitir la importancia que tiene la naturaleza y que vivimos en una época única en términos de nuestro impacto hacia ella. Presentaré el concepto de ética ambiental y espero convencer al lector que, como creyentes, es nuestra obligación moral cuidar de la naturaleza y que, como educadores adventistas del séptimo día, es nuestra responsabilidad informar a nuestros estudiantes sobre el estado actual de nuestro planeta y las consecuencias de nuestras acciones.

No es necesario ser un ecologista para apreciar la naturaleza y los beneficios “gratuitos” que nos ofrece. La naturaleza no solo nos ofrece una belleza estética, sino que también es vital para nuestra supervivencia ya que nos proporciona el aire que respiramos, el agua que tomamos y la comida que comemos. Desafortunadamente, la mayoría de las personas no se dan cuenta que la naturaleza existe en una delicada red de interdependencia entre los organismos y los entornos en los que viven; es decir, ningún organismo es autosuficiente. Todos los organismos dependen de otro organismo para sobrevivir. Por ejemplo, se estima que tenemos tantas bacterias como células humanas en nuestro cuerpo.2 Dependemos de este bioma humano (la comunidad colectiva de organismos que viven dentro de nosotros) para regular nuestro sistema inmunológico, ayudarnos a digerir los alimentos, producir ciertas vitaminas y protegernos de organismos patógenos, que causan enfermedades.

A mayor escala, los aspectos abióticos de la naturaleza (el suelo, los cuerpos de agua, la atmósfera) influyen y son influenciados por los componentes bióticos de la naturaleza. Las plantas, los hongos y las bacterias cambian y le dan forman al suelo, lo que a su vez permite que otras plantas y una multitud de otros organismos prosperen, incluidos los seres humanos.

La naturaleza funciona manteniendo el equilibrio. Las relaciones destructivas no son sostenibles y se descontinúan efectivamente con el tiempo. Ningún depredador consume a su presa de manera indiscriminada. Las relaciones de explotación son sin duda una parte importante de la naturaleza, pero siempre están en equilibrio, y en última instancia, terminan con la pérdida de una o ambas especies. El desperdicio es raro en la naturaleza.

Para mí, uno de los aspectos más sorprendentes de la naturaleza es la complejidad y la interdependencia de todo. A pesar del aparente egoísmo y la apariencia a menudo cruel de la lucha por la supervivencia, todos los organismos finalmente dependen unos de otros para sobrevivir. Cuando observamos de cerca la naturaleza descubrimos mucha más dependencia y cooperación que aislamiento y competencia.

¿Así que cuál es el problema? La Tierra es un planeta muy grande y todavía hay espacios abiertos donde no hay seres humanos. Si bien eso es cierto en un sentido (aunque cada vez menos a medida que pasan los años), de hecho, estamos viviendo un momento de la historia humana sin precedentes. Nuestro impacto en el medio ambiente, mejor conocido como nuestra huella ecológica, es más visible que nunca. Ya no podemos negar razonablemente la realidad de que estamos destruyendo el delicado equilibrio de la naturaleza del que depende nuestra vida y de que estamos cambiando nuestro planeta de maneras potencialmente irreversibles. La ironía de todo esto es que ultimadamente nos estamos destruyendo a nosotros mismos. El ganador del premio Pulitzer y profesor de Harvard E. O. Wilson escribió lo siguiente en su libro de 1998 Consilience: The Unity of Knowledge [Consiliencia: La unidad del conocimiento]: “Pocos dudarán que la humanidad se ha creado a sí mismo un problema del tamaño del mundo. Nadie lo deseó, pero somos la primera especie en convertirse en una fuerza geofísica, alterando el clima de la tierra, un papel que previamente estaba reservado a la tectónica, las erupciones solares y los ciclos glaciares”.3

Este cambio es tan profundo que en el año 2008 un grupo de geólogos de la Sociedad Geológica de Londres consideró una propuesta para nombrar una nueva época geológica después del Holoceno llamada Antropoceno.4 El razonamiento para esto fue el reconocimiento de un creciente impacto geológico de la influencia humana en los ecosistemas, el uso de la tierra y la biodiversidad. Los científicos continúan debatiendo cuándo colocar el inicio del Antropoceno. Algunos piensan que debería extenderse al inicio de la agricultura hace miles de años, mientras que otros han propuesto fechas recientes como 1945 cuando se llevó a cabo la prueba nuclear Trinity, o 1964 cuando inicio “la gran aceleración” de nuestra capacidad de impactar al planeta. Sin embargo, todos están de acuerdo en que hemos entrado en una época en la que los seres humanos, como especie, estamos dando forma a la naturaleza a escala global. En 2015, Lewis y Maslin escribieron en Nature [Naturaleza] que “en gran medida el futuro del único lugar donde se sabe que existe la vida está siendo determinado por las acciones de los humanos”.5

Ahora usted estará pensando: “un momento, los humanos han existido por mucho tiempo, ¿por qué estaría pasando todo esto ahora?” Es una razón matemática: Más. Más humanos tienen más capacidad de alterar el medio ambiente. Todas las civilizaciones han causado un impacto negativo en el medio ambiente hasta cierto punto; sin embargo, la revolución industrial en el siglo xix permitió a los humanos prosperar a expensas de otros organismos y del medio ambiente en una escala sin precedentes. Desde entonces, la población humana se ha disparado. Les tomó miles de años a los seres humanos llegar a una población de mil millones en el año 1804; Solo 123 años alcanzar los dos mil millones (1927), y cada 12-14 años hemos agregado mil millones de personas. Los estudiantes de ecología reconocen este tipo de curva de crecimiento como crecimiento exponencial. La tasa de crecimiento alcanzó su punto máximo a finales de la década de 1960 y ha comenzado a disminuir; sin embargo, ajustándonos a esta disminución en la tasa de crecimiento, todavía estamos en camino a alcanzar los ocho mil millones de personas en el 20256 y 11 mil millones para fines de siglo. En un abrir y cerrar de ojos geológico, nuestra especie ha crecido explosivamente, en población y en tecnología, y nuestro impacto continúa siendo global.

Los científicos estiman que actualmente el 83 por ciento de la biósfera terrestre7 está bajo influencia directa de los humanos.8 El suelo usado para la producción humana (tierras de cultivo y pastoreo) ahora ocupa alrededor del 40 por ciento de la superficie terrestre, lo que la convierte en uno de los biomas más grandes de la tierra.9 El diez por ciento del total de agua dulce renovable se desvía actualmente para uso humano. Los bosques artificiales monoculturales, tales como los de las plantaciones forestales y de palma, ahora cubren millones de kilómetros cuadrados en todo el mundo.10 Un estudio reciente utilizó datos de rastreo satelital de más de 70,000 barcos de pesca comercial y descubrió que cuando se controlan áreas donde los datos satelitales son pobres, actualmente estamos pescando alrededor del 73 por ciento del océano.11

Durante esta misma era de éxito sin precedente en términos de crecimiento humano y avances tecnológicos, nuestra atmósfera, nuestra tierra y océanos y las especies no humanas se han visto muy afectadas. Pocas especies han aumentado en número, como nuestros animales domésticos; sin embargo, la mayoría de los animales y sus hábitats han sufrido una gran pérdida.

Dos informes recientes de estudios que analizaron la población de insectos a lo largo de varias décadas encontraron deterioros alarmantes. En un estudio de 27 años (1989-2016) en una reserva protegida en Alemania, los científicos documentaron una disminución del 76 por ciento en los biomas de los insectos voladores.12 Asimismo, en la selva tropical de Puerto Rico, los científicos han documentado una disminución del 98 por ciento y del 78 por ciento en los biomas de insectos terrestres y del dosel, respectivamente, durante un periodo de 36 años (1976-2012).13 El caso de los vertebrados no es muy diferente. Actualmente, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el 25 por ciento de los mamíferos, el 12 por ciento de las aves y el 32 por ciento de los anfibios están en peligro de extinción.14 La causa principal es la pérdida del hábitat, aunque la contaminación, la caza furtiva y la sobreexplotación también son causantes principales.

Usted puede haber escuchado que los científicos creen que las especies se están extinguiendo a razón de 10 a 1.000 veces las tasas de referencia “normales”.15 La causa para este alto nivel de variabilidad en las estimaciones es que esos datos son tan difíciles de recolectar, y la historia de vida de cada especie puede variar mucho. Yo formo parte del comité que evalúa el estado de los manatíes cada década más o menos y puedo decir que no es un trabajo fácil. A pesar de estas complicaciones, la mayoría de los biólogos están de acuerdo en que estamos perdiendo especies a un ritmo alarmante y que los humanos son la causa directa o indirecta del problema.16

Las temperaturas globales promedio han aumentado y esto está relacionado con los aumentos atmosféricos de los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano. Han aumentado los niveles del mar y los glaciares se han reducido, todo esto en los últimos 50 o 60 años. La lista continúa: especies invasoras que cambian los ecosistemas locales, deforestación que excede la plantación de nuevos árboles, contaminación, derretimiento de las regiones polares, decoloración de corales. Mis alumnos que han viajado a Florida y a Cuba en viajes de ecología han sido testigos de muchos de estos problemas. Han visto corales decolorados y dañados y basura plástica mientras bucean en los Cayos de Florida y han sido testigos de los efectos devastadores de las especies invasoras como el pez león (Pterois) en Cuba y la pitón de Birmania en Florida. Hace veinte años, cuando participé como estudiante en el curso Ecología de Florida, vi ciervos de cola blanca, mapaches y otros mamíferos en el Parque Nacional de los Everglades. En 2017, cuando regresé como profesor con un grupo de estudiantes, no vimos ninguno, ni siquiera atropellados en la carretera, debido al crecimiento demográfico explosivo de la pitón invasiva.

La pregunta ahora es, ¿podemos hacer algo al respecto? De hecho, ¿deberíamos hacer algo al respecto? ¿Cómo deberíamos nosotros, como educadores cristianos, responder a este desafío global actual? Si observamos al cristianismo convencional, encontramos que Estados Unidos, paradójicamente, tiende a apoyar el desarrollo y no la conservación; la desregulación y no la protección del medio ambiente. Si bien es cierto que en las últimas décadas varias organizaciones cristianas han adoptado ideas relacionadas con la sostenibilidad, estas son la excepción a la regla.

Pero ¿qué con respecto a los Adventistas del Séptimo Día? ¿Somos diferentes? Nuestra declaración oficial aprobada a mediados de la década de 1990 puede sorprender a algunos debido al uso de un lenguaje directo y fuerte al hablar de nuestras obligaciones morales (véase el Recuadro 1 para leer la declaración completa). Nuestra declaración indica que la naturaleza es un regalo de Dios y que nosotros, como humanos, somos responsables de gran parte del sufrimiento y la destrucción actuales debido a nuestro “egoísmo y codicia”. Exige un cambio radical de comportamiento, “respetar la creación” y “reafirmar la dignidad de la vida creada”.

Entonces, ¿por qué tratamos a la naturaleza con tanta indiferencia y falta de visión? ¿Por qué no practicamos lo que enseñamos? ¿Por qué ni siquiera lo enseñamos? Creo que hay dos posibles razones para nuestra indiferencia hacia la naturaleza y la disonancia cognitiva entre lo que decimos y lo que hacemos. La primera es única a nuestra denominación y la segunda la compartimos con el resto de los cristianos y tal vez con la sociedad occidental en general. Al explorar estas dos posibles razones, espero fortalecer a los educadores adventistas para que puedan superarlos.

Creo que tendemos a ser indiferentes a los problemas ambientales porque no creemos que viviremos para ver las consecuencias. Cada generación de adventistas del séptimo día desde la época de los milleritas ha creído que son la última generación. ¿Podría ser que nuestra creencia apocalíptica de que Jesús viene pronto produce un efecto secundario negativo no intencionado, una indiferencia hacia los desastres que causamos los seres humanos?

La falta de conocimiento ambiental no parece ser el problema principal. Uno de los pocos estudios sobre el conocimiento ambiental adventista del séptimo día encontró que los maestros adventistas en Florida obtuvieron puntajes comparables con la población en general y que tienen por lo menos un conocimiento nominal del medio ambiente, con los puntajes más altos en la subescala cognitiva (conocimiento) y los más bajos en la subescala de comportamiento.17

¿Podría ser que no nos interesa la realidad actual de nuestro planeta porque creemos que Jesús viene “muy pronto” y que simplemente presionará el “botón de reinicio”? Mientras tanto, pasan las generaciones; como resultado de esto, debemos continuar viviendo con nuestra falta de visión y acción. Cada nueva generación recibe un planeta más degradado, con menos recursos y con problemas más grandes. Incluso si el Señor viniera hoy, ¿eso justifica o exime nuestras acciones descuidadas o nuestra falta de acción hacia los problemas ambientales?

En la Biblia encontramos claros ejemplos de la conexión entre nuestro pecado y avaricia con la destrucción y el sufrimiento de la naturaleza. Oseas escribió, “Ya no hay entre mi pueblo fidelidad, ni amor, ni conocimiento de Dios. Cunden, más bien, el perjurio y la mentira. Abundan el robo, el adulterio y el asesinato. ¡Un homicidio sigue a otro! Por tanto, se resecará la tierra, y desfallecerán todos sus habitantes. ¡Morirán las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar!” (Oseas 4:1-3, NVI, cursiva agregada).18

Se podría argumentar que la destrucción ambiental es un subproducto de nuestro pecado contra la humanidad y contra Dios, las únicas entidades de las que somos responsables, ¿cierto? Seguramente la destrucción directa o indirecta (como la falta de acción) de la tierra no es un pecado en sí mismo. ¿Nos juzgará Dios por cómo tratamos el suelo, la vida silvestre, la tierra física que nos ha confiado?

Mencioné que había dos razones para nuestra indiferencia. Mientras que la primera es un subproducto de nuestras creencias apocalípticas, la segunda es el resultado de la falta de una ética de las tierras. Ética es el conjunto de normas que nos ayuda a saber qué está correcto y qué incorrecto. La regla de oro es un ejemplo de ética entre individuos. Basamos nuestras decisiones morales en nuestros puntos de vista éticos.

Aldo Leopold, en el capítulo final de su libro A Sand County Almanac: And Sketches Here and There [Un almanaque del condado Sand: Y unos cuantos bocetos] (1949) escribió, “todavía no hay una ética que se ocupe de la relación entre los humanos y la tierra, los animales y las plantas”.19 Leopold sugirió que necesitamos extender los límites de nuestra ética para incluir el agua, las plantas y los animales, es decir, colectivamente, la tierra. Esto puede sonar obvio, pero ¿cuántos de nosotros pensamos que es un problema moral cuando tomamos decisiones sobre nuestra producción de basura o el consumo de recursos? ¿Está moralmente mal comprar vehículos que consumen combustible ineficiente o casas innecesariamente grandes si tenemos los recursos financieros para hacerlo? E. O. Wilson lo expresa de esta forma: “Tenemos una elección muy fáustica: bien sea, aceptar nuestro comportamiento corrosivo y arriesgado como precio inevitable del desarrollo económico y de la población, o, analizarnos y buscar una nueva ética ambiental”.20

Entonces, como adventistas que vivimos en el Antropoceno, ¿qué elección moral debemos tomar? ¿Y qué papel tenemos como educadores? Creo que necesitamos usar la ética de la tierra junto con nuestra otra ética hacia la humanidad y hacia Dios para dar forma a nuestro comportamiento. Esto significa que tomaremos decisiones basadas no solo en el bienestar propio (de los humanos), sino también en el de toda la creación, y no solo para los tiempos actuales sino también para las generaciones futuras. Como educadores, tenemos la tarea de enseñar la ética de la tierra junto con la ética que ya enseñamos sobre Dios y la humanidad.

Abordar problemas ambientales complejos y globales

Es esencial evitar los extremos. Mis 15 años en el trabajo de conservación me han enseñado que es importante llegar a un consenso con las personas. Tenemos que ser realistas. Por ejemplo, la mayoría de la gente estará de acuerdo con que si se va a consumir carne, debemos tratar de reducir nuestra huella ecológica al comprar carnes de granjas responsables. Pedirles a todos que dejen de usar sus autos puede no ser viable, pero seguramente podemos estar de acuerdo en que debemos reducir el consumo de combustibles fósiles e invertir recursos en transporte público y en investigaciones para desarrollar tecnologías que proporcionen alternativas que dependan de recursos renovables. No es realista prohibir el uso de todos los plásticos, pero todos podemos estar de acuerdo en que no queremos un mundo con más plástico que peces en nuestros océanos (¡lo que podría pasar para 2025!).21

Los problemas ambientales que enfrentamos son de naturaleza compleja y global y requieren no solo un cambio personal sino también modificaciones políticas e institucionales. Las decisiones personales son ampliamente conocidas (p. ej. el uso de bombillas de luz de bajo consumo, la compra de productos locales, el consumo moral de recursos, la planificación familiar, etcétera), no me enfocaré en ello en este artículo. Los cambios políticos e institucionales requerirán aplicar la ética de la tierra cuando elegimos a nuestros líderes y los hacemos rendir cuentas cuando las cosas van bien y también cuando fallan. Hay mucho que decir sobre estos cambios necesarios, pero el enfoque de este artículo es en la educación adventista.

¿Qué podemos hacer como educadores adventistas?

  1. Desarrollar en nuestros estudiantes un carácter moral que incluya una ética de la tierra. Como educadores, jugamos un papel importante en la formación de las normas éticas de nuestros estudiantes. Elena G. de White escribió, “La verdadera educación imparte esa sabiduría. Enseña el mejor empleo que se puede dar no solo a uno sino a todos nuestros conocimientos y facultades. De ese modo abarca toda la gama de nuestras obligaciones hacia nosotros mismos, hacia el mundo y hacia Dios.”22 Debemos ayudar a nuestros estudiantes a ir del conocimiento ambiental nominal (básico), al conocimiento ambiental operativo (conductual) inculcando en el corazón y la mente una convicción moral sobre el cuidado de nuestro planeta.
  2. Informar a los estudiantes sobre el estado actual del planeta. Es importante que reciban información científica actualizada y precisa sobre el estado de nuestro planeta y cómo los humanos lo están afectando (véase la Barra lateral 1). Si esos recursos no están disponibles en los materiales de ciencia que proporciona nuestra iglesia, exíjalos. Pida que se asignen los recursos en los distintos niveles (Unión, División y Asociación General) para que los científicos adventistas especializados en las áreas de ciencias de la tierra, geología, biología de la conservación y población, ecología, ciencias climáticas, etc.se responsabilicen en desarrollarlos.
  3. Modelar una vida sostenible y consumir recursos de manera responsable. Piense en los recursos que usa en casa y en el aula de clases. Evite el uso de plásticos de un solo uso y recicle siempre que sea posible. Considere la cantidad de basura que produce su escuela cada día. De acuerdo con la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos, los estadounidenses producen un promedio de 2 kilos de desechos por día.23 ¿Cuánto de eso termina en un vertedero o en el océano, y cuánto tiempo seguirán existiendo esos desechos después de que se depositen en la basura?
  4. Desafíe a sus estudiantes a pensar en el futuro. Cree proyectos de clases en los que se exploren los problemas que enfrentan los seres humanos y desafíe a sus estudiantes a inventar soluciones. Programe una feria ambiental anual donde sus estudiantes presenten los proyectos e ideas para solucionar los problemas ambientales. Enseñe a sus alumnos sobre educación cívica y la importancia de votar.
  5. Elija y apoye a los líderes que entiendan la importancia de la ética de la tierra. Como ciudadanos activos, debemos apoyar a quienes entiendan la importancia de la ética de la tierra, ya sean administradores de iglesias o escuelas, o líderes locales, estatales o nacionales. Como maestros, podemos expresar nuestra preocupación cuando se toman decisiones que van en contra de esta ética. Podemos apoyar iniciativas que garanticen a las generaciones futuras la belleza estética y los beneficios ecológicos que recibimos del mundo natural ahora y que a menudo damos por sentado.

Así como las comunidades pueden causar una terrible destrucción, también pueden tomar acciones definitivas. Note que he usado terminología moral para describir acciones humanas que afectan a nuestro planeta. Como comunidades escolares locales, podemos ser un ejemplo para la comunidad en general. Imagine si lo siguiente sucediese en nuestras escuelas:

    • Las universidades y escuelas locales proporcionaran parcelas gratuitas para hortalizas a las comunidades en las que se encuentran, al igual que ofrecieran capacitación acerca de cómo cultivar hortalizas orgánicas;
    • Las escuelas e instituciones no solo reciclaran sus desechos, sino apoyaran o incluso construyeran centros de reciclaje donde la comunidad en general pudiera traer sus desechos de plástico, aluminio y papel;
    • Las escuelas y universidades aspiren a reducir su huella de carbono a cero y se enfocaran principalmente en usar recursos sostenibles;
    • Los nuevos edificios y los edificios viejos renovados fueran diseñados para cumplir con certificaciones ambientales externas como la otorgada por la organización no gubernamental LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) [Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental];
    • Las escuelas y las universidades se comprometieran a usar la energía de manera más inteligente y eficiente e invirtieran en fuentes de energía sostenible como la energía solar y geotérmica.

Todas estas iniciativas se ajustan perfectamente con la declaración oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día sobre el medio ambiente.

¿Realmente se puede hacer algo para revertir nuestra trayectoria actual? Mi lado cínico dice, “No, es demasiado tarde”. La avaricia humana, los intereses corporativos, los que controlan el dinero son demasiado poderosos y muchos de los que tienen poder para tomar decisiones no tienen visión. Pero veo a las nuevas generaciones marchando por el mundo abogando por el cambio y que se reconozca la cruda realidad ambiental a la que se enfrenta nuestro mundo.24 Escucho a esos jóvenes defender algo que creen con razones morales; ven la urgencia de la situación y quieren hacer algo al respecto. Reconocen que ya tenemos soluciones financieramente viables y científicas.

Las políticas ambientales y las acciones básicas han mejorado muchos los problemas ambientales, lo que ha resultado en una mejora del aire25 y del agua,26 así como la recuperación de algunas especies en peligro de extinción.27 El cambio es difícil y muchos no tienen la fuerza de voluntad para hacerlo; sin embargo, pienso que esta nueva generación tiene el valor de implementar ese cambio.28

Como educadores adventistas, necesitamos empoderar a los jóvenes con un conocimiento sólido sobre el tema y fomentar su deseo de cambio animándolos a seguir una ética de la tierra en vez de convertirse en un obstáculo más para el proceso. Yo creo que si adoptamos una ética de la tierra y extendemos nuestros límites morales para aceptar la naturaleza como un regalo de Dios, podemos encontrar un equilibrio entre las necesidades humanas y el mundo natural. ¿Será fácil? No. Requiere sacrificios y eso tiene un costo para nuestro estilo de vida actual. La palabra compasión significa “sufrir con alguien o algo”; es decir, el sentimiento que surge cuando uno se enfrenta al sufrimiento ajeno y se siente motivado para aliviarlo.

Algunas cosas han desaparecido para siempre. Las generaciones anteriores escogieron un mundo sin rinocerontes blancos del norte (Ceratotherium simum cottoni), sin el delfín chino de río (Lipotes vexillifer) y sin el sapo dorado (Incilius periglenes). Ya no podemos hacer nada al respecto. ¿Recuerdas la mariposa Sátiro de Mitchell en el pantano norte de Berrien Springs? Pues las últimas investigaciones del verano de 2018 indicaron que se han extinguido en ese pantano, aunque pueden existir otras poblaciones de esa especie en otros lugares, y los planes del condado de terminar la autopista se han aprobado nuevamente y las obras se reanudarán en el año 2021.

En 1991, cuando era estudiante de biología en la Universidad de Andrews, la revista de los exalumnos, Focus [Enfoque], publicó un artículo sobre los cambios ambientales y cómo la universidad luchaba con ellos.29 En el artículo, el Dr. Woodland (entonces catedrático en el departamento de biología) presentó muchos de los problemas que se comparten en este artículo y proporcionó una lista de cosas que las escuelas pueden hacer para resolverlos. Si bien el entonces rector apoyaba estas recomendaciones y concordaba con que encajaban con nuestras creencias filosóficas adventistas y con los objetivos de la universidad, se expresó una preocupación sobre la posible carga financiera. En la actualidad, más de 20 años después, y casi medio siglo después de la primera celebración del Día de la tierra en la universidad, persiste el mismo problema, ahora más serios que antes. Muchas de nuestras escuelas se enfrentan a desafíos similares. Nuestra declaración oficial de la iglesia sobre el medio ambiente se escribió hace casi 25 años, y no hemos actuado de manera sustancial como denominación para abordar el problema.

Lo invito a que viaje conmigo unos 25, 50 o 100 años en el futuro. Si Jesús no ha regresado, ¿cuál será la conversación entre los jóvenes adventistas del séptimo día que viven en el Antropoceno mientras leen y reflexionan sobre nuestra declaración oficial sobre el medio ambiente publicada en 1996 y los artículos antiguos de la revista Focus [Enfoque] de 1999 y esta revista de 2013 o 2019? ¿Será una conversación en tono de decepción sobre nuestra incapacidad de valorar y conservar la creación de Dios y, en última instancia, nuestra propia contribución a un planeta empobrecido? ¿O será de motivación al darnos cuenta de que desde entonces hemos actuado de manera positiva para garantizar un planeta mejor para aquellos que vienen después y que lideraron el camino con sus propios sacrificios? La generación anterior a la nuestra hizo su propia elección. Ahora es tiempo que nosotros elijamos.


Este artículo ha pasado por la revisión de pares.

Daniel Gonzalez-Socoloske

Daniel González-Socoloske, PhD, es catedrático asociado de biología en la Universidad de Andrews (Berrien Springs, Michigan, EE. UU.). El Dr. González-Socoloske recibió su Doctorado en ecología de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte (EE. UU.). Se especializa en la ecología mamífera y la conservación y es miembro de la Sociedad de Mastozoología Marina, la Sociedad Latinoamericana de Especialistas en Mamíferos Acuáticos y asesor científico del Grupo de Especialistas de Sirenia, un subgrupo de la Comisión de Supervivencia de Especies (SSC, por sus siglas en inglés) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Enseña ecología general, bioestadística, comportamiento animal y mastozoología.

Citación recomendada:

Daniel González-Socoloske, “Por qué es importante la naturaleza: Educación adventista del séptimo día en el Antropoceno,” Revista de Educación Adventista Disponible en https://jae.adventist.org/es/2019.81.3.6.

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. En ecología, las especies endémicas son aquellas que se encuentran solo en una ubicación geográfica o región; no en otros lugares.
  2. Ron Sender, Shai Fuchs y Ron Milo, “Revised Estimates for the Number of Human and Bacterial Cells in the Body,” [Cálculos revisados para el número de células humanas y bacterianas en el cuerpo] PLOS Biology 14:8 (agosto de 2016): e1002533. Por mucho tiempo se pensaba que esta relación era mucho más alta en el orden de las bacterias a células humanas de 10:1, pero recientemente se ha revisado a una relación más cercana a 1:1. De cualquier manera, compartimos nuestros cuerpos con una cantidad sorprendentemente grande de otros organismos.
  3. Edward Osborn Wilson, Consilience: The Unity of Knowledge [Consiliencia: La unidad del conocimiento] (New York: Vintage, 1999), 277-278.
  4. Véase la reseña de Colin N. Waters et al., “The Anthropocene Is Functionally and Stratigraphically Distinct From the Holocene,” [El antropoceno es funcional y estratigráficamente distinto del Holoceno] Science 351:6269 (Enero de 2016): aad2622-1-aad2622-10. Los geólogos dividen los periodos geológicos en épocas; el Holoceno comenzó después del final de la última edad de hielo, unos 10,000 años AP (datación convencional). El Antropoceno proviene de la palabra Anthro que significa "humano", por lo que literalmente significa "edad de los humanos".
  5. Simon L. Lewis y Mark Andrew Maslin, “Defining the Anthropocene,” [Definiendo el Antropoceno] Nature 519: 7542 (marzo de 2015):171-180.
  6. La Organización de las Naciones Unidas predice que para el 2025 la población del mundo se incrementará de un billón de personas a aproximadamente ocho billones de personas. Véase “World Population to Increase by One Billion by 2025” [La población mundial en aumento por un billón para 2025] (2013): https://www.unfpa.org/news/world-population-increase-one-billion-2025
  7. La biosfera abarca todos los componentes abióticos y bióticos del planeta Tierra. La biosfera terrestre incluye toda la tierra, lagos y ríos dentro de la biosfera (excluyendo los océanos).
  8. Eric Sanderson et al., “The Human Footprint and the Last of the Wild,” [La huella humana y lo último de lo salvaje] BioScience 52:10 (octubre de 2002): 891-904.
  9. Jonathan A. Foley et al., “Global Consequences of Land Use,” [Consecuencias globales del uso del suelo] Science 309:5734 (Julio de 2005): 570-574. Los ecologistas dividen los diferentes tipos de hábitats terrestres en biomas principalmente en función del clima regional (temperatura y precipitación) y la comunidad de plantas.
  10. Michael Williams, “Forests” [Bosques]. En The Earth as Transformed by Human Action: Global and Regional Changes in the Biosphere over the Past 300 Years. [La Tierra transformada por la acción humana: Cambios globales y regionales en la biosfera en los últimos 300 años] B. L. Turner II et al., eds. (Cambridge: Cambridge University Press, 1990), 179-201.
  11. David A. Kroodsma et al., “Tracking the Global Footprint of Fisheries,” [Siguiendo la huella global de la pesca] Science 359:6378 (febrero de 2018): 904-908.
  12. Casper A. Hallmann et al., “More Than 75 Percent Decline Over 27 Years in Total Flying Insect Biomass in Protected Areas,” [Más del 75 por ciento de disminución en más de 27 años en la biomasa total de insectos voladores en áreas protegidas] PLoS One 12 (octubre de 2017): e0185809.
  13. Bradforld C. Lister y Andres Garcia, “Climate-driven Declines in Arthropod Abundance Restructure a Rainforest Food Web,” [La disminución del clima en la abundancia de artrópodos reestructura una red alimentaria de la selva tropical] Proceedings National Academy of Sciences 115:44 (octubre de 2018): E10397-E10406.
  14. Secretaria del Convenio sobre la Diversidad Biológica (2010) Global Biodiversity Outlook 3. Montreal, 94 páginas.
  15. Megan Lamkin y Arnold I. Miller, “On the Challenge of Comparing Contemporary and Deep-Time Biological-Extinction Rates,” [Sobre el desafío de comparar las tasas de extinción biológica contemporánea y profunda] BioScience 66:9 (septiembre de 2016): 785–789. https://doi.org/10.1093/biosci/biw088.
  16. Véase por ejemplo, William K. Hayes y Floyd E. Hayes, “How Does Human Activity Affect Species Extinctions?” [¿Cómo afecta la actividad humana a la extinción de las especies?] Revista de Educación Adventista 76:1 (Octubre/noviembre de 2013): 23-29: http://circle.adventist.org/files/jae/en/jae201376012307.pdf .
  17. Michael Murdoch, “Environmental Literacy of Seventh-day Adventist Teachers in the Parochial Schools of the Florida Conference of Seventh-day Adventists,” [Educación ambiental de maestros adventistas del séptimo día en las escuelas parroquiales de la Asociación de la Iglesia Adventistas del Séptimo Día de Florida] Journal of Applied Christian Leadership 6:2 (2012): 69-87. La educación ambiental se puede medir en tres escalas, educación ambiental nominal (comprensión básica de los términos), educación ambiental funcional (un conocimiento y una comprensión más amplia de las interacciones entre los sistemas humanos y naturales) y educación ambiental operativa (mayor profundidad y amplitud en la comprensión de donde la persona evalúa el impacto y las consecuencias de sus acciones). Murdoch descubrió que los maestros adventistas tenían al menos una educación ambiental nominal, comparable con el resto de la población general, pero que no se correlacionaba con comportamientos y acciones positivas con respecto al medio ambiente.
  18. Oseas 4:1-3. Nueva Versión Internacional (NVI). Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Bíblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.
  19. Aldo Leopold, A Sand County Almanac: And Sketches Here and There [Un almanaque del condado de Sand: Y unos cuantos bocetos] (Nueva York: Oxford University Press, Inc., 1949), 203: http://www.umag.cl/facultades/williams/wp-content/uploads/2016/11/Leopold-1949-ASandCountyAlmanac-complete.pdf.
  20. Wilson, Consilience: The Unity of Knowledge, 277, 278. [Consiliencia: La unidad del conocimiento]
  21. Foro Económico Mundial, Fundación Ellen MacArthur y McKinsey & Company, “The New Plastics Economy — Rethinking the Future of Plastics” [La nueva economía de los plásticos: Repensando el futuro de los plásticos] (2016): https://www.ellenmacarthurfoundation.org/publications/the-new-plastics-economy-rethinking-the-future-of-plastics-catalysing-action 
  22. Elena G. White, Educación (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana, 2009), 203 (cursiva agregada).
  23. Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU, “Advancing Sustainable Materials Management: 2015 Fact Sheet” [Avanzando en la gestión sostenible de materiales: Hoja de datos de 2015] (Julio de 2018): https://www.epa.gov/sites/production/files/2018-07/documents/2015_smm_msw_factsheet_07242018_fnl_508_002.pdf 
  24. El viernes 15 de marzo de 2019, aproximadamente 1.5 millones de jóvenes en más de 2,000 ubicaciones en 123 países faltaron a clases y marcharon en una huelga escolar mundial por el cambio climático llamada #FridayForFuture. Véase Chad Frischmann, “The Young Minds Solving Climate Change,” [Las mentes jóvenes resolviendo el cambio climático] BBC Future (29 de marzo de 2019): http://www.bbc.com/future/story/20190327-the-young-minds-solving-climate-change 
  25. John Bachmann, David Calkins y Margo Oge. “Cleaning the Air We Breathe: A Half Century of Progress,” [Limpiar el aire que respiramos: Medio siglo de progreso] EPA Alumni Association (Septiembre de 2017). 52: https://www.epaalumni.org/hcp/air.pdf . Antes de las Enmiendas de la Ley de Aire Limpio de 1970, las principales ciudades de EE. UU. sufrían de denso smog y lluvia ácida, y el problema empeoraba. En el medio siglo desde que se promulgó la ley, una variedad de programas han reducido las emisiones de contaminación del aire en un 70 por ciento, mientras que la economía se ha más que duplicado. La calidad del aire de EE. UU. ha mejorado dramáticamente, proporcionando beneficios significativos para el medio ambiente y la salud humana.
  26. David A. Keiser y Joseph S. Shapiro, "Consequences of the Clean Water Act and the Demand for Water Quality,” [Consecuencias de la ley de agua limpia y la demanda de calidad del agua] NBER Working Paper No. 23070 (enero de 2017), 48: https://www.nber.org/papers/w23070.pdf. Al igual que la Ley de Aire Limpio, la Ley de Agua Limpia aprobada por el Congreso de los Estados Unidos en 1972 ha mejorado drásticamente el estado ambiental de las cuencas y ha reducido los niveles de contaminación. Sin embargo, todavía tiene un largo camino por recorrer para cumplir con los objetivos originales de hacer que en todas las aguas de EE. UU. se pueda pescar y nada para 1983 y tener cero descargas de contaminación del agua en 1985. La mayoría de los arroyos, lagos y áreas costeras estadounidenses aún violan los estándares de calidad del agua.
  27. Varias especies que estaban en peligro de extinción se han recuperado debido a la aplicación de las leyes ambientales y de protección. El ejemplo clásico de EE. UU. es el águila calva (Haliaeetus leucocephalus). Véase Wade L. Eakle et al., “Wintering Bald Eagle Count Trends in the Conterminous United States, 1986-2010,” Journal of Raptor Research 49:3 (enero de 2015): 259-268.
  28. La edición en inglés de Octubre/Noviembre de 2013 de la Revista de Educación Adventista (76:1) presentó varios artículos sobre cuidado ambiental y escuelas ecológicas. También hay muchas instituciones que están avanzando hacia una mayor conciencia ambiental; sin embargo, se puede y se debe hacer más para crear conciencia, proteger el medio ambiente y disminuir el desperdicio.
  29. Chris Carey, “It’s Not Easy Being Green: Twenty-nine Years After the First Earth Day, Andrews Still Struggles to Address Environmental Issues on Campus,” [No es fácil ser ecológico: Veintinueve años después del primer Día de la Tierra, Andrews todavía lucha por abordar los problemas ambientales en el campus] Focus 35 (Primavera de 1999): 10-14: https://digitalcommons.andrews.edu/cgi/viewcontent.cgi?referer=https://www.google.com/&httpsredir=1&article=1034&context=focus.