Editorial | Carol Tasker

Maestros:

Personas que marcan la diferencia en la educación adventista

Los maestros adventistas comprometidos y apasionados por Dios y por sus hijos son el recurso más valioso de la educación adventista. Son tesoros de valor inestimable. ¿Cómo lo sé? Porque cuando yo asistía a la escuela primaria y secundaria, no había escuelas adventistas cerca de mi casa. Yo fui a escuelas de gobierno donde aprendí a leer y escribir y a sacar buenas notas, pero me sentía aislada porque no podía asistir a los eventos escolares de los viernes de noche y sábados. Mi mundo de la escuela no se conectaba con las creencias y los valores de mi casa y mi iglesia. Sentía que no pertenecía, y cada semana negociaba inconscientemente entre objetivos y direcciones de vida opuestos.

Desde mi primer año de escuela primaria sabía que quería ser maestra. Había oído del Colegio Avondale, nuestra institución de educación superior Adventista del Séptimo Día en Australia, y quería estudiar ahí. Al terminar la escuela secundaria, mis cinco veranos de trabajo me proporcionaron la parte en efectivo para la colegiatura del primer semestre. ¡A ese paso me tomaría 20 años para terminar la universidad! Mis padres no me podían ayudar financieramente. Su contribución a mi educación cristiana consistió en sábanas, mantas, los libros de la serie El Conflicto de los Siglos, y un baúl de aluminio para llevar mis pertenencias en el tren hacia el Colegio Avondale.

Sin embargo, mi primer contacto con la educación Adventista fue cautivador, ¡y eso, gracias a los maestros! Mis maestros oraban antes de comenzar las clases y con frecuencia mencionaban a Dios en las clases de inglés, historia y ciencias. Todo esto era nuevo para mí. Mi primer sábado en el colegio me sorprendió ver a mi respetado maestro de historia como diácono: me dio la bienvenida a la iglesia y al recoger las ofrendas lo vi pasar el platillo por cada fila. Nunca me había imaginado que este tipo de cosas pudieran pasar en una escuela. Pero había más… El domingo en la mañana tuvimos el programa voluntario “Plan modelo”, donde los maestros y alumnos, vestidos con nuestra ropa de trabajo, compartíamos historias mientras nos ensuciábamos las manos trabajando juntos en la hortaliza del colegio. Mi maestro de historia, que también era diácono, ahora como jardinero me enseñaba a trasplantar repollo.

Elena White captó la importancia de este tipo de actividades y su impacto a largo plazo: “La atención requerida al trasplantar [sic], en el lugar adecuado para que no se se amontonen las raíces más finas, el cuidado de las plantas tiernas, la poda y el riego; la protección contra la helada de la noche y el sol durante el día, el cuidado de mantener alejadas las malas hierbas, las enfermedades y las plagas de insectos, el arreglo de las plantas; no sólo enseñan lecciones importantes en cuanto al desarrollo del carácter, sino que el trabajo mismo es un medio de desarrollo. Al desarrollar el cuidado, la paciencia, la atención a los detalles, la obediencia a la ley, se obtiene una educación esencial. El contacto constante con el misterio de la vida y el encanto de la naturaleza… tienden a vivificar la mente, y refinar y elevar el carácter, y las lecciones aprendidas preparan al trabajador para tratar con más éxito con otras mentes”.1 Esta futura profesora estaba descubriendo una enriquecedora educación que va más allá de los libros, las clases y las tareas, por lo cual estaré siempre agradecida.

¿Ha pensado en la gama de habilidades que el programa ideal de educación proporciona a sus estudiantes? Algunas de estas habilidades incluyen organización, comunicación, administración, liderazgo espiritual, evaluación, resolución de problemas, pensamiento y planeación estratégica, toma de decisiones, negociación, consejería, así como habilidades interpersonales. Sobre todo, estos programas cultivan en los futuros maestros una sensibilidad a las diferencias individuales en las capacidades y habilidades, intereses y necesidades de los alumnos.

Es crucial que cada institución de educación adventista, en cada nivel de nuestro sistema educativo, encuentre formas de guiar y edificar a los maestros en sus primeros años de enseñanza al mismo tiempo afirmar y validar a los maestros experimentados mientras se les brindan oportunidades continuas de desarrollo profesional. Si no logramos estos objetivos, hay innumerables organizaciones e instituciones esperando a nuestros graduados de educación, bien equipados y listos para trabajar, y por esta razón nuestro sistema educativo se empobrecerá. Ver maestros adventistas graduados de nuestras instituciones reclutados para desempeñar otras carreras en Papúa Nueva Guinea en los últimos 20 años, me hace pensar si deberíamos duplicar el número de alumnos matriculados cada año en nuestras instituciones, para que podamos emplear la mitad de los maestros que se gradúan mientras que la otra mitad se convierte en la sal y la luz en puestos de la iglesia, el gobierno, los negocios y las ONGs, lo que contribuye al crecimiento y el desarrollo general del país y a la apertura de las iniciativas evangélicas.

Los maestros adventistas que estudian en programas donde se ponen un énfasis integral en el aspecto espiritual, mental, social y físico, impactarán para la eternidad la vida de aquellos en su esfera de influencia. Esto es lo que hace que nuestro sistema educativo sea único. Los maestros comprometidos con Dios tienen oportunidades enormes de modelar a los estudiantes y sus familias mostrándoles cómo es Él.

Nuestra visión es tener maestros adventistas comprometidos que eduquen estudiantes discípulos en escuelas adventistas de calidad. Espiritualmente, los maestros estarán conectados con Dios todos los días; mentalmente, se verán a sí mismos como estudiantes de por vida en la búsqueda de crecimiento y desarrollo profesional; y socialmente, serán potenciadores de relaciones, modelando buenas habilidades interpersonales a medida que interactúan con sus familias, estudiantes y compañeros de trabajo. Físicamente, “Mientras mejor sea su salud, mejor será su trabajo”.2 Elena White reconoció que “las responsabilidades de los maestros son tan agotadoras que se requiere un esfuerzo especial para preservar el vigor y la frescura”.3 Cuando los maestros demuestran un compromiso positivo en las cuatro áreas de la vida, sus estudiantes observan un modelo valioso para seguirla.

Los artículos en esta edición muestran una variedad de intereses y son escritos por individuos apasionados en proporcionar educación adventista de calidad con fundamento bíblico, orientada al reino de los cielos y al servicio, con Cristo como su centro.

El artículo de John Wesley Taylor proporciona una exploración exhaustiva de ejemplos, procesos y principios bíblicos para la investigación. Michael Harvey concluye que los líderes institucionales deben ser intencionales y deliberados en sus esfuerzos para introducir de manera efectiva la integración de la fe y la enseñanza en el aula. Charity García y Charissa Boyd, quienes han tenido amplia experiencia local y global, explican la pedagogía culturalmente sensible y su impacto en escuelas culturalmente diversas.

Betty Bayer nos muestra cómo la junta directiva de la escuela puede mejorar las oportunidades de aprendizaje profesional de los maestros, mientras que Daniel González-Socoloske presenta cuestiones de ética ambiental al invitar a los estudiantes y maestros a estar informados y participar en iniciativas globales para salvar el planeta. Kayla Gilchrist-Ward ofrece una serie de estrategias de enseñanza para mejorar la escritura, las habilidades verbales y el aprendizaje basado en proyectos. Finalmente, Katia García Reinert presenta el programa Youth Alive [jóvenes vivos] como un recurso para que las escuelas adventistas ayuden a los jóvenes a construir resiliencia.

Una cita muy reconocida que a menudo se le atribuye a William Butler Yeats dice, “La educación no es llenar una cubeta, sino encender un fuego”.4 Yo creo que los maestros llenos del Espíritu son aquellos que encienden ese fuego con resultados eternos. Cuando miramos hacia atrás lo que fue nuestra formación, recordamos a esos maestros por quiénes eran, no solo por sus métodos y técnicas. De hecho, los maestros están en el centro del verdadero aprendizaje, por ahora y por la eternidad. Los programas adventistas de educación para maestros principiantes y en servicio, y los recursos profesionales como esta Revista, están diseñados para fomentar su compromiso a medida que impactan la vida de aquellos a quienes sirven y encienden el fuego con recompensas eternas.

Carol Tasker

Carol Tasker, PhD, es Directora Asociada de Educación en la División del Pacífico Sur (DPS), que incluye Australia, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea y diez islas más en el Pacífico Sur. Sus 45 años como educadora adventista han incluido enseñar en escuelas en la DPS así como en Taiwán, Myanmar, Filipinas y Chile. Se desempeñó como Decana de la Facultad de Educación en la Universidad Adventista del Pacífico (Papúa Nueva Guinea) y como catedrática en AIIAS (Filipinas). La Dra. Tasker tiene un Doctorado en Educación Religiosa de la Universidad de Andrews en Berrien Springs, Michigan, EE. UU., y se considera una estudiante de por vida. Ella cree que el carácter del maestro tiene un efecto inestimable en los estudiantes.

Citación recomendada:

Carol Tasker, “Los maestros: Las personas que marcan la diferencia en la educación adventista,” Revista de Educación Adventista Disponible en https://jae.adventist.org/es/2019.81.3.1.

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Elena G. White, Educación (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1998), 111.
  2. Ibid., 277.
  3. Elena G. White, True Education (Nampa, ID: Pacific Press, 2000), 172.
  4. Esta cita a menudo se le atribuye al poeta William Butler Yeats: https://www.brainyquote.com/quotes/william_butler_yeats_101244; sin embargo, algunos se la han atribuido al filósofo Plutarco: https://www.beaninspirer.com/education-spark-that-lights-up-mind/.