Perspectivas | Timothy J. Ellis • Megan M. Elmendorf

​Etapas de desarrollo en la preparación educacional de líderes efectivos

Uno de los propósitos fundamentales de la educación es preparar a los jóvenes para que sean líderes efectivos en el ámbito académico, empresarial, eclesiástico, de gobierno y en diversos campos de la vida profesional y práctica. El presente trabajo articulará cinco propósitos fundacionales de la educación adventista y cinco métodos o enfoques prácticos para lograr y promover esos propósitos. Concluirá con una breve discusión del enigma carácter-cultura que a menudo impide que las instituciones educativas logren su misión.1 Aunque es importante que las instituciones educativas adventistas desarrollen el carácter y las habilidades de liderazgo en todos los estudiantes, este artículo se enfocará específicamente en los estudiantes de nivel terciario.

Necesidad de individuos entrenados a liderar y servir

La sociedad necesita desesperadamente buenos jueces, abogados, médicos e ingenieros que puedan tomar decisiones bien fundamentadas al buscar resolver problemas acuciantes y satisfacer las necesidades de los que llegan a ellos en busca de ayuda y, de esa manera, satisfacer con responsabilidad y éxito las necesidades de la sociedad en general. Así es que un propósito fundamental de la educación es desarrollar y cultivar los talentos y las capacidades en los estudiantes para que estos puedan llegar a ser esa clase de líderes.

Aun, para nuestras instituciones terciarias, la tarea de desarrollar y cultivar los talentos y las capacidades de los jóvenes, y prepararlos para que sean profesionales efectivos, implica mucho más que meramente ayudarlos a adquirir un reservorio de conocimientos técnicos y pericia en el campo de estudio que hayan escogido. Aunque cada universidad lucha por la excelencia académica y se siente gratamente satisfecha por el calibre profesional de sus graduados y la investigación que producen sus docentes, estos no son los únicos objetivos importantes.

La razón de esto es que el buen liderazgo y el servicio, ya sea en el gobierno, los negocios o las profesiones, requiere más que el dominio de contenidos y la adquisición de conocimientos técnicos o pericia. Solo con escuchar las noticias vespertinas y podemos notar que en nuestro mundo actual hay una crisis de liderazgo: historias desenfrenadas que detallan abusos de poder, corrupción, desfalcos, fraudes, malversación de fondos, engaño, desilusión pública, renuncias y subsiguiente pérdida general de confianza en el gobierno, las empresas, la atención de salud y los medios, entre otros. Esas realidades deberían alertarnos del hecho de que un alto cociente intelectual, calificaciones en los exámenes estandarizados, el dominio de contenidos, o aun la adquisición de conocimientos técnicos y destrezas en sí mismos, no son suficientes para preparar a los jóvenes para vidas de servicio.

Por el contrario, es el logro de la sabiduría en el uso del conocimiento y las habilidades que uno adquiere en cada nivel de educación, desde la primaria hasta la educación superior, lo que constituye el barómetro real del futuro liderazgo de servicio. Como lo expresó en cierta ocasión el sabio rey Salomón: “Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia, no te olvides de ella ni te apartes de las razones de mi boca; no la abandones, y ella te guardará; ámala, y te protegerá. Sabiduría ante todo, ¡adquiere sabiduría! Sobre todo lo que posees, ¡adquiere inteligencia! Engrandécela, y ella te engrandecerá; te honrará, si tú la abrazas. Un adorno de gracia pondrá en tu cabeza; una corona de belleza te entregará” (Proverbios 4:5-9).2

Aun así, la sabiduría por sí sola no es suficiente para garantizar una vida de servicio. Porque es imposible desarrollar la sabiduría práctica que se necesita para negociar las presiones, el estrés y las exigencias de la vida diaria, sin primero adquirir otra cualidad crucial: el carácter. No podemos enfatizar suficientemente la importancia en desarrollar el carácter de nuestros estudiantes. Como lo expresó Billy Graham en cierta ocasión: “El más grande legado que uno puede dejar a sus hijos y nietos no es dinero u otras cosas materiales que uno acumula en la vida, sino más bien un legado de carácter y de fe”.3 Martin Luther King Jr. enfatizó de manera similar que “la función de la educación es enseñar a que uno piense de manera intensiva y crítica. La inteligencia más el carácter: ese es el objetivo de la verdadera educación”.4

En pocas palabras, para preparar a los estudiantes a ser sabios líderes y seguidores en sus campos específicos de estudio, como educadores tenemos, primeramente, que ayudarlos a desarrollar un sólido fundamento de carácter que les permita adquirir experiencia y destreza en tomar decisiones prudentes e inteligentes, a pesar de la capacidad a la cual son llamados a servir.

¿Cómo pueden los educadores hacer esto?

Es aquí donde la educación cristiana difiere de enfoques tomados por las universidades seculares en al menos dos aspectos significativos. Muchas instituciones y filósofos seculares han reconocido la importancia de desarrollar la sabiduría y el carácter. En efecto, fue Aristóteles quien expresó la famosa frase: “No es posible poseer excelencia [de carácter] sin sabiduría, ni ser sabio sin excelencia de carácter”.5

A pesar de ello, mientras los educadores seculares buscan fomentar la sabiduría en los estudiantes al enseñarles a pensar críticamente, los cristianos creen que Dios es la fuente de la sabiduría. En consecuencia, para que nuestros graduados desarrollen la sabiduría que necesitan para lograr verdaderamente el éxito a largo plazo en su vida diaria y carreras profesionales primero, tienen que ser presentados a ese Dios que los creó y que es la verdadera fuente de toda sabiduría. El libro de Proverbios expresa: “El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es tener discernimiento” (Proverbios 9:10, NVI);6 y una vez más: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas” (3:5, 6).7

En segundo lugar, si bien tanto la educación cristiana como la secular promueven el desarrollo del carácter por medio de proyectos de aprendizaje del servicio y una diversidad de contenidos curriculares (por ej., los de educación general en humanidades, salud, conocimientos técnicos, etc.), en la educación cristiana, el desarrollo del carácter no es algo que pueda imponerse completamente desde afuera. En otras palabras, el desarrollo del carácter no es meramente un proceso de inculcar la disciplina como la que llevan a cabo los sargentos con los reclutas en un campamento de entrenamiento militar, ni puede ser lograda como lo enseña el budismo (mediante un esfuerzo deliberado de cambiarse a uno mismo o una experiencia transformadora que produzca el deseo de cambio). Asimismo, el verdadero desarrollo del carácter no se logra cuando las personas se ayudan a sí mismas a superarse, ni tampoco es el resultado de motivar meramente a los estudiantes para que participen en proyectos de aprendizaje en servicio o se inscriban en cursos que los ayudan a progresar en sus áreas de estudio. Aunque existen lecciones valiosas que aprender de esos enfoques, la educación cristiana requiere aún más.

Para desarrollar plenamente el carácter en nuestros estudiantes, se necesitan incorporar dos componentes al plan de estudios terciarios que suelen estar ausentes en los planes de estudio de las instituciones seculares de enseñanza superior. En primer lugar, tenemos que presentarles a nuestros estudiantes a Cristo, quien por medio de su Espíritu suaviza el corazón para la conversión. Como lo expresó en su entrevista de media noche con Nicodemo, necesitan nacer de nuevo. Sin conversión, la Biblia indica que es imposible que el intelecto humano comprenda la sabiduría de lo alto. Como lo expresó Pablo en 1 Corintios 2:14: “El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente”.8 Santiago 3:17 va un paso más allá, describiendo esta sabiduría que viene de lo alto como “ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera”.9

Para el corazón no regenerado, la sabiduría de Dios parece ser necedad. Pero sin la conducción celestial, el proceso de tratar de formar un carácter piadoso es como tratar de construir un castillo con bloques de arena. Para lograr el objetivo del desarrollo del carácter, es necesario dar énfasis al propósito fundamental de la educación adventista: nutrir la fe de los estudiantes en Dios como alguien que es digno de confianza. Esto se puede lograr si explicamos a los estudiantes que Dios, el Creador, ha revelado en su Palabra los principios sobre los cuales se construye el universo y que la verdadera sabiduría consiste en procurar entender, apreciar y armonizar con esos principios. La confianza en Dios aumenta cuando sus seguidores están alineados con los principios sobre los cuales se creó su universo. Hacerlo, aumenta la felicidad y las oportunidades de una vida vivida para Dios y en servicio a los demás.

Es posible lograr este objetivo fundamental de la educación cristiana por medio del testimonio personal, la adoración, los cultos estudiantiles, los sermones, los clubes dirigidos por docentes, la consejería personal o al dejar meramente que las creencias y convicciones se introduzcan casualmente en las discusiones de la clase.10 Por lo tanto, nosotros tenemos que despertar en nuestros estudiantes un deseo y necesidad, y en último término una fe y esperanza en Dios como Creador amante, en Alguien que anhela tener una relación personal amante con ellos y quien puede darles el poder que les falta para reformar sus vidas y permitirles que desarrollen el carácter que necesitan para vivir una vida piadosa y ser una bendición para los demás.

Dos objetivos adicionales importantes de la educación adventista que no son compartidos por instituciones educacionales seculares incluyen un ambiente que nutra la fe y apoye el desarrollo de una relación con Cristo como su Señor y Salvador. El enfoque de cinco puntos en la educación adventista se puede denominar la Pirámide de innovación curricular: Fe, Conversión, Carácter, Sabiduría, y Talentos (capacidad profesional, conocimientos, destrezas y habilidades).11 (Véase Figura 1). La fe y la conversión conforman el fundamento sobre el cual se desarrollan todos los demás aspectos. Esos aspectos tienen que estar alineados con las etapas bíblicas de desarrollo y madurez que se describen en 2 Pedro 1:5-8, lo que será analizado en la próxima sección bajo el subtítulo “El enfoque (de mentoría y modelo) progresivo”.

Etapas del Desarrollo del Carácter en la Preparación de Líderes Eficaces

Escalera de las Virtudes de Pedro

Cinco enfoques para desarrollar el carácter en nuestros estudiantes

La siguiente pregunta lógica es, si es posible cultivar los componentes de la Pirámide de Innovación Curricular en el ámbito del colegio terciario/la universidad, y si es así, ¿cómo? En la actualidad muchas personas asumen que el carácter no es algo que en realidad pueda enseñarse. Como uno de mis profesores lo expresó durante mis estudios de posgrado: “¿No es el carácter algo que es aprehendido antes que enseñado?” Hasta cierto punto, tiene razón su pregunta. El carácter es a menudo algo que adquirimos cuando estamos haciendo otras cosas. Sin embargo, las universidades pueden facilitar de manera proactiva el proceso de desarrollo del carácter en sus estudiantes al crear un ambiente de aprendizaje que facilite ese objetivo. Mencionaremos brevemente cinco maneras en que esto puede ser logrado.

1. El enfoque (de mentoría/modelo) progresivo

Una manera de crear un ambiente que estimule el desarrollo del carácter es por medio de lo que podría llamarse “El Enfoque (de Mentor/Modelo) Progresivo”. Este enfoque implica enseñar y modelar ante los estudiantes las diferentes virtudes necesarias para cultivar un carácter cristiano piadoso y señalar los vicios correspondientes que tienen que ser evitados. Por ejemplo, los docentes pueden compartir historias con los estudiantes sobre sus propias luchas y la manera en que la gracia de Dios les ayudó a obtener la victoria. Pueden asignar libros para que sus estudiantes lean sobre esos temas que inspiren a desarrollar la fe en Dios si carecen de ella. Si son creyentes, pueden verse estimulados cuando su fe en Dios comience a flaquear. También las instituciones educativas pueden organizar semanas de oración que animen a sus estudiantes para aceptar a Cristo como su Salvador personal, compartir su fe en Dios con ellos durante breves mensajes devocionales al inicio de la clase, y ser sus entrenadores/mentores espirituales mediante su papel de asesores docentes.

Otra manera en la que podemos crear un ambiente tal es estar conciente que el desarrollo del carácter no es algo que se produce instantáneamente, sino que es más bien un proceso que requiere una serie de pasos o etapas progresivas hacia la madurez. Un modelo útil de aprendizaje y desarrollo es “La escalera de virtudes de Pedro” que se encuentra en 2 Pedro 1:5-8. (Véase Figura 2). El marco de desarrollo de virtudes que menciona Pedro abarca ocho pasos o etapas de crecimiento hacia la madurez en el camino cristiano. Estos ocho pasos comienzan con la fe, seguida por la virtud (que corresponde a la conversión), entonces conocimiento (específicamente aquí, el conocimiento de la ley de Dios y una comprensión de los principios de su reino) lo que conforma el fundamento del desarrollo del carácter, seguido por el dominio propio (la fuerza de voluntad para hacer frente a distracciones y manejar las emociones, pasiones y deseos de manera plena), la paciencia (perseverancia en las situaciones difíciles), piedad (el logro de la sabiduría de lo alto, la obediencia a la ley de Dios, y pensamientos y acciones que proceden del amor a Dios), el afecto fraternal (el uso de los talentos y habilidades para servir a otros en lugar de uno mismo), y el más grande ellos, el amor (la devoción a Dios y la compasión por los demás).

Al compartir esas etapas progresivas de desarrollo en el carácter con nuestros estudiantes, podemos capacitarlos no solo para comprender mejor el valor de estas virtudes en su éxito futuro y felicidad personal y profesional, sino que también podemos ayudarlos a comenzar a adquirir esas virtudes.12 Al referirse a la escalera de Pedro, Elena White destacó que “Cristo […] es la escalera. La base está afirmada sobre la tierra en su humanidad; el peldaño más alto llega hasta el trono de Dios en su divinidad. La humanidad de Cristo cubre la humanidad caída, mientras su divinidad se sostiene del trono de Dios. Somos salvados al subir la escalera peldaño tras peldaño, mirando a Cristo, apoyándonos en Cristo […] para que él sea hecho sabiduría, justicia, santificación y redención en nosotros”.13 White explicó asimismo que esos elementos de carácter evolucionan a lo largo de la vida, más bien en orden jerárquico. La escalera, por lo tanto, representa la confianza de la humanidad en Dios para la transformación del carácter.14

2. El enfoque ambiental (de vida saludable)

Un segundo enfoque que podemos adoptar para facilitar el desarrollo del carácter en nuestros estudiantes implica consideración, pensamiento y esfuerzo para crear condiciones que sean conducentes a la claridad de pensamiento y la vida disciplinada. Ese enfoque implica crear un ambiente saludable para nuestros estudiantes que sea ideal para el desarrollo de una mente clara y una vida disciplinada. Un valioso libro se ocupa de principios de salud que conforman el fundamento del desarrollo del carácter piadoso es el libro El ministerio de curación, de Elena White.15 Otro recurso valioso que abarca principios de salud similares es el libro de Neil Nedley (2011) titulado The Lost Art of Thinking: How to Improve Emotional Intelligence and Achieve Peak Mental Performance [El arte perdido de pensar: Cómo mejorar la inteligencia emocional y lograr la cima del desempeño mental],16 que contiene una riqueza de información que demuestra el valor de las ocho leyes de salud que figuran en el Programa NEWSTART desarrollado por Sang Gu Lee del Colegio Terciario Weimar, para brindar las condiciones óptimas para el desarrollo del carácter.

Una innovación curricular adicional en este sentido es el marco de trabajo-estudio de la filosofía adventista que ha sido enfatizada con éxito por muchas instituciones adventistas de educación superior a lo largo de los años. Este enfoque enfatiza la importancia que los estudiantes participen de algún tipo de labor manual útil como suplemento del aprendizaje con libros, y como medio de promover el desarrollo equilibrado del carácter.

Para maximizar los beneficios de aprendizaje de este enfoque, los estudiantes deben trabajar en pareja con sus compañeros para completar tareas manuales, o se les debe asignar tareas no manuales tales como trabajar con un docente en una pasantía. Esto completa el círculo de inculcar y practicar la filosofía adventista de la educación, que combina la mente, manos y corazón en el desarrollo equilibrado e integral. La mente participa por medio del aprendizaje en la clase; las manos y el corazón por medio de oportunidades de mentoría y práctica que promuevan el carácter y el desarrollo de la fe. En efecto, algunas teorías educativas señalan que los estudiantes se vuelven más seguros de su propia identidad de liderazgo al tener experiencias de trabajo que pueden tomar como referencia y en las que pueden construir un marco, así como también oportunidades significativas como aprendices.

3. El enfoque experiencial (el aprendizaje del servicio)

Una tercera forma de promover el desarrollo del carácter en los estudiantes es ofrecerles oportunidades de aprendizaje en el servicio. Proverbios 22:6 expresa: “Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de él” (RVR95).17 La definición que da el diccionario del verbo que se traduce como instruir o entrenar es “desarrollar o formar hábitos, pensamientos o conducta (de un niño u otra persona) por medio de la disciplina y la enseñanza; desarrollar la capacidad por medio de la instrucción y la práctica, como en algún arte, profesión o trabajo”.18 De manera similar, el aprendizaje en el servicio es una actividad académica que vincula el aprendizaje del salón de clases con aplicaciones en la comunidad. Brindar oportunidades de aprendizaje en el servicio es un componente fundamental de planes de estudio adventista, que le permite al estudiante la aplicación de habilidades y teorías de fuentes intercurriculares en situaciones del mundo real. Los estudiantes pueden practicar esencialmente lo que sus docentes les predican. Si como educadores adventistas no llegamos a brindar esas experiencias de aprendizaje en el servicio, existe el peligro que los estudiantes no adquieran esas habilidades, o que se fracase inclusive en la tarea de inculcar esas habilidades y aprendizaje.

Aunque las actividades de servicio comunitario tales como la participación en viajes misioneros al extranjero para construir iglesias o escuelas o llevar a cabo reuniones de evangelización, oportunidades de ayudar a armar exposiciones de salud, visitar a los que no tienen hogar o no pueden salir de él por motivos de salud, o participar de días de limpieza comunitaria a menudo no están conectados con el aprendizaje en la clase mediante un análisis cuidadoso, los educadores pueden integrar esos proyectos como componentes aplicados de asignaturas reales. De esa manera, mientras los estudiantes aprenden matemáticas, ciencias, idiomas o literatura, esos proyectos aplicados y prácticos de aprendizaje en el servicio pueden ayudarlos a comenzar a pensar en otras personas y no en ellos mismos, desarrollar el altruismo y experimentar las recompensas del servicio constructivo.

También debería cultivarse una robusta cultura de servicio voluntario. Esto da a los estudiantes la oportunidad de cultivar el cuidado de las comunidades en las que viven y un compromiso duradero de servicio a los demás. Para que esto sea una realidad, los estudiantes deben estar capacitados y preparados a servir, y las oportunidades de reflexión y discusión de los logros deberían estar disponibles.

4. El enfoque de las humanidades (pensamiento crítico)

Un cuarto enfoque es motivar a los estudiantes a leer y evaluar críticamente los materiales que se refieren a la experiencia humana. Por ejemplo, ¿cuáles son las presuposiciones en la literatura, los medios sociales y las películas actuales que hace feliz a las personas, la definición del éxito, lo que busca la gente, las relaciones humanas y el poder? ¿Cómo se comparan esas suposiciones con lo que Dios nos ha revelado con respecto a estas cosas? (Véase el Recuadro 1).

Para explorar esas cuestiones, los educadores adventistas tradicionalmente han hecho un uso particular de la Biblia, así como las obras escritas de otros escritores religiosos inspiracionales para expandir los horizontes morales de sus estudiantes, y han considerado las asignaturas sobre esos temas como un componente vital del plan de estudios de educación general que se requiere de todos los estudiantes de grado. Sin embargo, también se pueden usar otras bases literarias en las humanidades para desafiar el pensamiento de los estudiantes, así como también en los filmes y las representaciones dramáticas, exponer las suposiciones ocultas y no examinadas de la sociedad moderna, y explorar cuál es en verdad el valor en la vida.

5. El enfoque profético (de la justicia social)

Una última forma en que las instituciones de educación superior promueven el desarrollo del carácter de los estudiantes puede denominarse el enfoque profético (de la justicia social). Este enfoque implica ayudar a nuestros estudiantes a comprender de manera más profunda el plan profético de Dios para el alivio final del sufrimiento humano, la opresión, la injusticia en este planeta y el papel que él nos ha llamado a cumplir para confrontar y oponernos a los sistemas corruptos.

Un enfoque tal requiere que ayudemos a nuestros estudiantes a pensar críticamente sobre las normas e ideales culturales actuales; de qué manera estas a menudo promueven la injusticia, la intolerancia, la opresión, el odio y la codicia y, en contraste con ellos, cómo es el sendero alternativo de Dios hacia la libertad humana, la salud y la felicidad, lo que incluye los esfuerzos de instaurar la libertad dentro de los límites racionales del respeto a la ley divina, sin la cual no existe la verdadera libertad. Por medio de un análisis cuidadoso de causa y efecto en los sistemas sociales, los estudiantes llegan a entender que sin la ley moral sobre la cual se gobierna el universo, no puede existir un potencial real de crear una urdimbre social en la que puedan florecer la libertad de conciencia, la responsabilidad, la diversidad y la paz, en la que se pueda prevenir o aliviar el sufrimiento humano, la angustia y la pérdida.

Es este enfoque final, ofrece una transición significativa hacia el interés que garantice que las instituciones adventistas de educación superior logren su abarcante objetivo de preparar a sus estudiantes para ser líderes efectivos. Esta preocupación podría ser quizá denominada “El enigma del carácter y la cultura”.

El enigma del carácter y la cultura

El enigma del carácter y la cultura implica el reconocimiento de un hecho rara vez expresado a pesar de los esfuerzos que las instituciones de educación superior hacen de desarrollar en sus estudiantes la sabiduría y el carácter necesarios para prepararlos para servir como líderes efectivos, no existe una garantía de que aquellos que poseen un potencial más elevado tengan alguna vez la oportunidad de ocupar los cargos de poder e influencia en la sociedad.19 (Véase la Figura 3). La razón de esto se encuentra arraigada en un problema perenne que afecta a todas las culturas y también a las instituciones políticas y religiosas en un menor o mayor grado y es el hecho de que muy a menudo, debido al egoísmo humano, las elites poderosas y privilegiadas, las normas culturales y los gobiernos opresivos impiden que las personas de carácter, sabiduría y capacidades excepcionales alcancen la cima, aun sabiendo que el permitirlo beneficiaría inmensamente a sus sociedades.

Un ejemplo de este enigma revelado con todo su poder corrosivo y destructivo es la vida de Yi Sun-shin, quien podría haber sido probablemente un líder político efectivo de Corea del Sur20 pero jamás recibió la oportunidad de serlo. Abundan también otros ejemplos, desde el reinado del terror de Stalin, hasta el totalitarismo religioso durante la Edad Media en Europa, desde el control absoluto de la familia Kim y su estadía en el poder por más de medio siglo en Corea del Norte, hasta la influencia a menudo corrosiva que juegan el dinero y los intereses especiales en el control de los procesos políticos en muchas partes del mundo actual.

En sí, mediante el establecimiento de dinastías hereditarias, el derecho divino de reyes, los rígidos sistemas jerárquicos de clases (como los que se encuentran en India, China y Corea durante siglos), y regímenes totalitarios opresivos, en muchas ocasiones el carácter, el talento y la capacidad no logran llegar hasta la cima. Lo mismo se aplica cuando la adherencia rígida a normas jerárquicas impide que las mujeres, los jóvenes y las minorías asuman puestos de liderazgo en la esfera pública, como también la opresión de los pobres por parte de los ricos a lo largo de la historia. (Véase Figura 3). La ventaja de las formas democráticas de gobierno, por más imperfectas que estas sean, es que con mayor frecuencia permiten que emerjan grietas en la aparentemente impenetrable fachada que ha impedido tradicionalmente que el carácter destacado de muchos que ocupan las clases bajas de la sociedad, las minorías, los jóvenes y las mujeres se alcen hasta puestos de poder e influencia en la sociedad.

Y es por esta misma razón, que cada institución de educación superior debe tomar en serio su papel de preparar y motivar a los estudiantes para ser líderes de servicio. Las instituciones terciarias juegan un papel fundamental al ayudar a los estudiantes a ser líderes efectivos de la sociedad, y sentir un claro interés no solo en conformar parejas entre estudiantes o trabajar con los profesores en pasantías, sino también ofrecer oportunidades de aprendizaje en servicio y desafiar a los estudiantes pensar críticamente, según lo discutimos antes. Promover estructuras democráticas verdaderamente justas e imparciales permite que los ciudadanos escojan libremente a sus futuros líderes.

Asimismo, las instituciones terciarias deberían hacer lo que esté a su alcance para oponerse y contrarrestar las fuerzas opresivas que buscan asfixiar el atractivo poder del carácter como fuerza guiadora en la sociedad. Con esfuerzos coordinados, los órganos de administración y gobierno tienen que esforzarse por reemplazar convenciones sociales disfuncionales y en último término incapacitantes, donde estas existan, con sistemas mejorados de gobierno y administración. Esos sistemas bien estructurados permitirán un libre flujo de información y elección de nuevos líderes, no sobre la base del color de su piel, la ciudad donde nacieron, las escuelas a las que asistieron, sus amigos influyentes o algunos otros factores superficiales y falsos, sino más bien en sus talentos, sabiduría y logros profesionales y, por sobre todas las cosas, su carácter. Porque como lo expresó en cierta ocasión el presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt: “A la larga, el carácter es el factor decisivo en la vida de un individuo y también de las naciones”.21 Y como lo expresó también el orador romano Marco Tulio Cicerón: “No es por músculo, velocidad o destreza física que se logran las grandes cosas, sino por la reflexión, la fuerza del carácter y el juicio”.22

Este artículo ha sido sometido a una revisión de pares.

Timothy J. Ellis

Timothy J. Ellis, MDiv, es actualmente profesor asistente de inglés en la Universidad Semyung, en Jecheon, Corea del Sur. Posee un título de grado en Religión, una maestría en Religión de la Universidad Andrews en Míchigan, Estados Unidos, y una maestría en Comunicación de la Universidad Boise State, Idaho, Estados Unidos. Actualmente es candidato a un doctorado en educación en el área de liderazgo en la Universidad Andrews.

Megan M. Elmendorf

Megan M. Elmendorf, MA, es actualmente educadora y coordinadora de misiones en el Colegio de la Misión Hawaiana en la isla de Oahu, Hawái, Estados Unidos. Posee un título de grado en Inglés, con énfasis en Ciencias de la Conducta e Historia de la Universidad Adventista Southern, Tennessee, Estados Unidos, y un título de maestría en Inglés y Escritura Creativa de la Universidad de Southern New Hampshire. Actualmente es candidata al doctorado en Liderazgo en la Universidad Andrews.


NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Aunque algunos ejemplos específicos incluidos en este artículo provienen de un contexto cultural particular, creemos que los principios compartidos pueden ser aplicados con efectividad más allá de dónde nos encontremos.
  2. Proverbios 4:5-9. Citado de la versión Reina-Valera 95® © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Usada con autorización. Todos los derechos reservados.
  3. Brainy Quotes (2017), Billy Graham: https://www.brainyquote.com/quotes/keywords/character.html 
  4. Ibíd., Martin Luther King Jr.
  5. Aristotle, Nichomachean Ethics (London: Penguin Books, 2004); Nichomachean Ethics, 1144b30-32. Cited in Kevin Timpe, Moral Character (2017): http://www.iep.utm.edu/, pár. 30.
  6. Proverbios 9:10. A menos que se exprese lo contrario, todas las referencias de las Escrituras incluidas en este artículo han sido extraídas de la Nueva Versión Internacional®NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Bíblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.
  7. Proverbios 3:5, 6.
  8. 1 Corintios 2:14.
  9. Santiago 3:17.
  10. Esto no debería ser hecho de una manera artificiosa o sintética, sino más bien, cuando el docente discute eventos o teorías, este debería realizar esfuerzos proactivos para responder a las conjeturas sobre las cuales se edifican estos eventos o teorías, y compararlas con lo que Dios nos ha revelado. Como resultado, los principios eternos de Dios pueden ser diseminados en todas las clases y discusiones, en ocasiones como una confirmación de las afirmaciones de la literatura, la historia o diversas teorías, y en otras ocasiones como contrastes y, es de esperar, correcciones a ellas.
  11. Algunas de nuestras instituciones adventistas de educación superior matriculan un número significativo de cristianos comprometidos, además de estudiantes de otras tradiciones religiosas que desean una educación que esté basada en principios cristianos. Lo que queremos decir aquí es que nuestro objetivo primario como educadores es en primer lugar y por sobre todas las cosas ayudar a que nuestros estudiantes lleguen a abrirse cada vez más a la dirección de Dios en su vida. Podemos hacer esto por medio de la creación de un ambiente que vitalice su trayectoria de fe.
  12. Otros dos constructos teóricos que los educadores pueden hallar útiles al buscar comprender mejor las necesidades de desarrollo de sus estudiantes incluyen la teoría de las Etapas de la Fe, de James Fowler (véase James W. Fowler, Stages of Faith: The Psychology of Human Development and the Quest for Meaning [New York: Harper & Row, 1981]), y el trabajo de L. S. Vygotsky en la zona de desarrollo próximo (ZPD), participación guiada y la noción de andamiaje. Vygotsky propone que sin atención a los componentes afectivos, relacionales y volitivos del proceso de aprendizaje, los estudiantes tendrán mucha más dificultad de aprender. El trabajo de Vygotsky en particular destaca la necesidad de que usemos un enfoque de mentoría orientado a la práctica en nuestras escuelas, para que los estudiantes puedan progresar en la vida cristiana. Esto implica acercarse a los estudiantes, escucharlos, buscar entenderlos, empatizar sinceramente con ellos para ganar su confianza, y entonces ayudarlos para que progresen hacia la madurez espiritual. Véase por ejemplo: Lisa S. Goldstein, “The Relational Zone: The Role of Caring Relationships in the Co-Construction of Mind”, American Educational Research Journal 36:3 (Otoño 1999): 647-673; y Vasily V. Davydov y Stephen T. Kerr, “The Influence of L. S. Vygotsky on Education Theory, Research, and Practice”, Educational Researcher 24:3 (Abril 1995): 12-21.
  13. Elena G. White, Testimonios para la iglesia (Doral, Fl.: Asoc. Publ. Interamericana, 2004), t. 6, p. 152.
  14. Ibíd.
  15. Elena G. White, El ministerio de curación (Mountain View, Calif.: Pacific Press, 1959).
  16. Neil Nedley, The Lost Art of Thinking: How to Improve Emotional Intelligence and Achieve Peak Mental Performance (Ardmore, Okla.: Nedley Publishing, 2011).
  17. Los principios bíblicos de aprendizaje y desarrollo fueron orientados a la acción (aprender, y entonces hacer), y se aconsejó a los padres que eduquen a los niños en su camino, lo que implicó el desarrollo del carácter y el desarrollo de habilidades.
  18. Definición de entrenar de Dictionary.com: https://www.dictionary.com/browse/under-training.
  19. Es verdad que no todos los líderes ejercen el liderazgo por medio de canales formales, de empleo o electivos. Hay, en efecto, muchas maneras en las cuales los líderes informales pueden mejorar los resultados organizacionales y societales. Después de todo, Jesús mismo jamás tuvo un título formal o cargo electivo. Sin embargo, también es verdad que ser designado para un puesto de liderazgo puede extender la influencia de una persona, brindando un sentido de liderazgo con un sentido de legitimidad y una plataforma para que su voz sea escuchada de maneras que no se lograría de otra manera.
  20. Yi Sun-shin llegó a ser un gran almirante, pero sus destrezas militares no fueron reconocidas durante su vida porque había nacido en una familia de la clase gobernante pobre. Véase https://openendedsocialstudies.org/2016/06/25/admiral-yi-sun-sin/ 
  21. Brainy Quotes (2017), Theodore Roosevelt: https://www.brainyquote.com/quotes/theocore_roosevelt_163799.
  22. Ibíd., Marco Tulio Cicerón: https://www.brainyquote.com/quotes/marcus_tulius_cicero_393419