Editorial | Faith-Ann McGarrell

Recuerdos grabados en piedra

Uno de los recuerdos de graduación de la universidad que todavía guardo en mi memoria es una piedra pequeña y lisa que tiene escrito “1 Samuel 7:12”. Junto con este recuerdo venía una tarjeta motivándome a conservar una piedra por cada experiencia significativa en la que tuviera pruebas de la providencia de Dios. Seguí la tradición por un tiempo, pero guardar una bolsa de piedras se volvió una tarea complicada con cada mudanza. Sin embargo, aún conservo la primera piedra, junto con otras que marcaron eventos significativos en mi vida. Cada piedra tiene una historia y algunas también tienen una historia en mi diario. En momentos de reflexión, la memoria me ayuda a recordar detalles sensoriales que no quedaron registrados en el papel. Otras veces los detalles se me escapan de la memoria y olvido la importancia de tal evento. Las piedras, sin embargo, representan historias de mi pasado, historias que otros podrán contar algún día.

Las personas nos conocen por nuestras historias, las historias que contamos sobre nosotros mismos y aquellas que otros cuentan sobre nosotros. Creamos narrativas de manera selectiva que nos ayudan a construir referencias sobre cómo navegamos por el mundo. Nuestras historias cuentan desde cómo sobrevivimos una experiencia difícil o cómo superamos un desafío personal hasta experimentar un fracaso abyecto o una pérdida personal. Todas estas historias tienen el potencial de inspirar, fortalecer y ayudar a alguien más en su propio viaje.

Cuando Samuel “tomó… una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová” (1 Samuel 7:12, RVR1960), tomó una piedra irregular, con bordes ásperos. La piedra representaba la victoria obtenida con la ayuda de Dios y sirvió como un monumento visible, no como algo escondido. El aspecto áspero no solo ofrecía un recordatorio visible de la difícil experiencia que el pueblo de Dios acababa de superar, sino también de la intervención y el liderazgo de Dios.1 El único propósito de la piedra era motivar al pueblo de Dios a recordar y, al hacer esto, invitarlos a confiar plenamente en Él. Samuel llamó el lugar Ebenezer (‘eben ha’ezer), que significa “piedra de ayuda”.2 El Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día lo expresa de esta manera: “Es bueno para el cristiano regresar constantemente a los Ebenezeres de la vida, donde la providencia de Dios nos ha liberado generando desconfianza en uno mismo y manifestando una total confianza y entrega a Dios”.3 La piedra sirvió como un recordatorio de la presencia de Dios en momentos de peligro en el pasado, como una seguridad de la existencia de Dios en el presente y como una promesa de la ayuda continua de Dios en el futuro.

Nuestras historias y recuerdos del pasado nos pueden dar valor para perseverar. Sin embargo, los recuerdos se desvanecen con el tiempo y las historias, por la naturaleza de su narrativa, cambian con cada recuento. Algunas historias son dolorosas, con capítulos irregulares y ásperos, y preferimos no contarlas o contarlas de tal forma que sean más agradables. Fivush dice: “Narrar nuestras experiencias por su misma definición implica un proceso de edición y selección, expresando algunos aspectos de lo ocurrido y, silenciando otros”.4 El proceso de seleccionar las partes a contar y otras a obviar puede convertir la narrativa en historias que hacen que el narrador se vea mejor, o peor, incluso en historias falsas.

Algunas historias no se cuentan, algunas experiencias permanecen en el silencio; y es este silencio el que abre una nueva dimensión de comprensión y posibilidades. El silencio puede significar que la historia simplemente no está disponible o que aún está por descubrirse. El silencio aumenta conforme pasa el tiempo, las vidas de los que vinieron antes se olvidan y los que conocían esas historias comienzan a envejecer también. El silencio proviene de las historias que se han contado desde una sola perspectiva, una historia única sin las voces de otras perspectivas (ya sea intencionalmente o no). Chimamanda Ngozi Adichie nos advierte sobre “El peligro de una sola historia”. Ella dice: “El problema de una sola historia es que crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia…”,5 y entonces las otras perspectivas quedan en el silencio. Los libros de texto y una gran cantidad de recursos educativos ofrecen a los estudiantes una sola versión de cada historia: es aquella versión que cuenta quienes tienen el poder de determinar qué se debe enseñar.6 Como educadores, debemos comprometernos con presentar a nuestros estudiantes una imagen completa de cada tema o serie de eventos para que su comprensión aumente. Esta no es una tarea fácil ya que requiere una investigación y preparación rigurosa y la disposición de brindar una narrativa más completa donde ninguna voz quede en el silencio.

Sin embargo, hay una sola historia que importa, una que cada educador adventista debe proclamar con tanta valentía y celebración como lo hizo Samuel hace muchos años: la historia de un Dios soberano que envió a su hijo Jesús a ser el salvador del mundo (Juan 3:16). Jesús vino, vivió, murió y resucitó (1 Corintios 15:3-5) y gracias a esto tenemos la promesa del perdón de nuestros pecados (1 Juan 1:19) y la esperanza del regreso de Cristo (Juan 14:1-4). Esta historia se ha mantenido intacta por siglos y abarca nuestro pasado, presente y futuro. Fue enseñada a nuestros antepasados, la enseñamos ahora a nuestros hijos y continuaremos enseñándola mientras esperamos el regreso de Cristo a esta tierra.7 Para el cristiano, esta historia única continúa intacta, al margen de los estragos del tiempo y recuerdos; y con cada recuento, florece con la esperanza y la promesa de una seguridad duradera y verdadera del amor de Dios por la humanidad.

Esta edición de la REVISTA es una colección de artículos en general. Varios de ellos hablan del poder de las historias para recordarnos quiénes somos y el papel que desempeñamos en hacer de este mundo un lugar mejor. Dragoslava Santrac en “No te olvides de recordar” nos comparte una reflexión del llamado bíblico a recordar el liderazgo de Dios a través de la historia y concluye con un llamado a presentar la primera versión en línea de la Enciclopedia Adventista del Séptimo Día. Renato Gross e Ivan Gross, en “Recuerdos de los pioneros de la educación adventista en Brasil”, nos comparten tres bocetos biográficos de pioneros, educadores adventistas; historias que están muy alejadas del presente, pero que indican que tal dedicación y servicio al desarrollo de la educación adventista en América del Sur continúa generación tras generación. Kris Erskine, en “Historia oral en el aula: Integración de la fe, el aprendizaje y el servicio”, le muestra a los maestros, desde el nivel preescolar hasta universitario, cómo hacer de la historia algo vivo al preservar las historias de aquellos que aún viven.

Otros artículos cubren temas como el uso de la lectura teatral, marionetas y guiones para mejorar la alfabetización (Tamara Dietrich Randolph), adaptar la Pedagogía culturalmente responsiva en el contexto del Caribe (Kernita-Rose Bailey), desarrollar líderes efectivos (Timothy Ellis and Megan Elmendorf) y organizar una feria de ciencias como una forma creativa, divertida y atractiva de ayudar a los estudiantes a desarrollar el amor y el deseo de estudiar en las áreas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (Ophelia Barizo).

Es nuestra esperanza que esta edición proporcione oportunidades de recordar y reflexionar sobre la obra de Dios en el pasado y el presente, para que podamos enfrentar el futuro con seguridad. Como dijo el salmista, “Traigo a la memoria los tiempos de antaño: medito en todas tus proezas, considero las obras de tus manos” (Salmos 143:5, NVI).8 Continuemos proclamando nuestra confianza en Dios al considerar su liderazgo en nuestras vidas y la de nuestros estudiantes, al igual que el impacto que su historia única seguirá teniendo en el mundo. Al reflexionar, que también podamos decir con certeza y seguridad: “Hasta aquí nos ayudó Jehová”.

Faith-Ann McGarrell

Faith-Ann A. McGarrell, PhD, es editora de la Revista de Educación Adventista. Anteriormente a este cargo, la Dra. McGarrell trabajaba como profesora asociada de Enseñanza, Aprendizaje y Currículo en la Universidad Andrews, en Berrien Springs, Michigan, donde también era directora del Programa de Currículo e Instrucción. En los últimos 20 años, la Dra. McGarrell  enseñó en todos los niveles — desde la escuela primaria hasta educación universitaria. Ella puede ser contactada por medio de su dirección electrónica  mcgarrellf@gc.adventist.org

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. F. D. Nichol, ed., Comentario bíblico Adventista del Séptimo Día (Washington, D.C.: Review and Herald, 1976), 2:483.
  2. Ibid.
  3. Ibid.
  4. Robyn Fivush, “Speaking Silence: The Social Construction of Silence in Autobiographical and Cultural Narratives” [Hablando del silencio: La construcción social del silencio en las narrativas autobiográficas y culturales], Memory 18:2 (February 2010): 88. doi: 10.1080/09658210903029404.
  5. Chimamanda Ngozi Adichie, “The Danger of a Single Story,” [El peligro de una sola historia] TEDGlobal (Julio 2009): https://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story/transcript?language=en.
  6. El adagio “La historia fue escrita por los vencedores” a menudo se cita cuando se analiza quién determina qué se debe o no se debe enseñar. Si bien esto puede ser así, también significa que hay otra versión (e incluso más de una) de la historia o de la serie de eventos. Se obtiene una comprensión más completa cuando se considera lo que otros han contribuido. Cita atribuida a Winston Churchill, Brainy Quotes (2017):  https://www.brainyquote.com/quotes/winston_churchill_380864
  7. Deuteronomio 6:4 al 7 (NIV) habla de la importancia de enseñar a cada generación la manera cómo la providencia de Dios ha obrado en la historia humana: “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcalas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Bíblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Bíblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo. 
  8. Salmos 143:5, NVI.