Best Practices At Work | Betty F. Nugent

Conozca e involucre a sus miembros

Winston Churchill guió a Gran Bretaña a través de la devastación de la Segunda Guerra Mundial con mano firme y la constante seguridad de lo que podrían lograr juntos. Cuando en 1940 se convirtió en primer ministro de la nación insular y sus territorios, la victoria parecía poco realista tanto dentro como fuera de las islas británicas. Alemania ya había invadido Checoslovaquia y Polonia. El día en que Churchill se convirtió en primer ministro, los Países Bajos y Bélgica fueron atacados por la artillería de guerra alemana. No es de extrañar que el 13 de mayo de 1940 Churchill le dijera a su pueblo: “No tengo nada que ofrecer más que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.1 A finales de mayo, el pueblo de Gran Bretaña se sintió aislado y al borde de la derrota. El primer ministro se dio cuenta que necesitaban un incentivo para luchar y sacrificarse.

Churchill sabía que para ganar la guerra necesitaba el apoyo total de los ciudadanos en la lucha solitaria contra las potencias de Axis, mientras continuaba reforzando su confianza durante todo el conflicto. En los días más oscuros de la década de 1940, Churchill entendió un principio básico de liderazgo: un líder debe contar con el apoyo de sus miembros para lograr el cambio. Como educadores cristianos en una lucha mortal por las mentes de nuestros hijos, debemos obtener el apoyo y la confianza de los miembros con la misma pasión que demostró Churchill.

Paul Delano2 era producto de la educación cristiana, y un exitoso hombre de negocios. Al sentarse en la parte posterior de la iglesia para disfrutar el concierto de inicio de clases, debatía en su mente la cantidad de dinero que colocaría como donativo. Escribió un cheque por $1,000 dólares y se relajó para disfrutar del resto del programa, contento de hacer su contribución. Pero algo le sucedió a Paul cuando el alumno que hacía la oración final agradeció a Dios por los generosos donativos que habían recibido; comenzó a reflexionar en los sueños que los alumnos compartieron sobre lo que querían llegar a ser y el sueño de la directora de contar con más recursos tecnológicos para ayudar a los alumnos a lograr estos objetivos.

El lunes siguiente, Paul reprogramó su viaje de negocios a California y visitó la oficina de la directora para conversar sobre el futuro tecnológico de la escuela. Después de escuchar el sueño de la directora de iniciar un equipo de robótica, Pablo compartió que su negocio proporcionaba capacitación en robótica para profesionales médicos. Le preguntó a la directora, “¿Qué se necesita para hacer su sueño realidad?” Pablo comenzó a organizar a los miembros de iglesia para que juntos recauden fondos para equipar un nuevo centro de tecnología para la escuela. Esta asociación se expandió para proveer invitados especiales, talleres y apoyo financiero para que los estudiantes participaran en programas de tecnología de manera regular. Finalmente, la escuela estableció un equipo de robótica galardonado, en el que los alumnos participantes superaron su desempeño por sobre lo que nunca imaginaron. Todo esto sucedió gracias a que un miembro de iglesia, sin hijos propios en la escuela local, se sintió impresionado a participar.

Cabe señalar que antes del concierto de inicio de clases, Paul y la directora no se conocían. Sin embargo, su entusiasmo por lo que se podía lograr con nuevas tecnologías capturó la imaginación de sus alumnos y ellos a su vez pudieron inspirar a otros. La directora nunca pensó que alguien sería tan generoso con sus fondos personales y su tiempo limitado. La directora nunca le pidió a Paul que donara; los estudiantes tocaron su corazón en el concierto, y así fue como se sintió inspirado a dar. Además, lo llevó a organizar a otros para dar aún más.

Cuando le preguntaron por qué recaudó más de $100,000 dólares y se ofreció como voluntario por cientos de horas, Paul respondió: “Esta es la escuela de Dios. Todos los alumnos nos pertenecen. Tenemos que hacer todo lo posible para darles lo que necesiten para competir”.

Más de 100 años antes de que Paul fuera impresionado a dar para la escuela de su iglesia local, Elena White experimentó el mismo llamado a aliviar la tensión financiera que sufrían durante su era. Después de una noche sin poder dormir, ella escribió: “No he podido dormir… debido a la deuda en el Colegio de Battle Creek”.3 La solución de la Sra. White era donar las ganancias de su libro, Las parábolas de Jesús, para ayudar a las escuelas de iglesia. Su plan incluía que asociaciones y ministros locales motiven a los miembros de iglesia a comparar el libro y que todos las ganancias contribuyan a sufragar la deuda de las escuelas de iglesia en el área.

La Sra. White escribió: “Sea la determinación de cada miembro, en cada familia, en cada iglesia, el esfuerzo de negarse a sí mismo. Tengamos la cooperación sincera de todos en nuestras filas. Avancemos dispuestos y de manera inteligente a hacer todo lo posible para aliviar estas escuelas que están luchando bajo la presión de las deudas”.4 Queda claro que ella tenía en mente que toda la comunidad de la iglesia contribuya a aliviar la deuda de las escuelas.

Las investigaciones contemporáneas apoyan la unión entre la comunidad y la escuela. Diapola y Hoy5 encontraron que el apoyo de la comunidad a las escuelas les ayuda a fomentar el aprendizaje y el rendimiento de los estudiantes. Stringer instó a profesionales de la educación la toma de conciencia en lo que la comunidad puede ofrecer, de modo que cuando surja la necesidad, se pueda satisfacer más fácilmente.6 Para saber qué puede ofrecer la comunidad, la administración y el personal, deben establecer relaciones profesionales que satisfagan las necesidades de la comunidad y de la escuela. En 2 Reyes 6:1-57 encontramos una historia de una comunidad que donó libremente para ayudar a la escuela de los profetas. Mientras el profeta Eliseo estaba enseñando, los estudiantes expresaron una seria preocupación sobre el tamaño de la escuela:

“Los miembros de la comunidad de los profetas le dijeron a Eliseo: ‘Como puede ver, el lugar donde ahora vivimos con usted nos resulta pequeño. Es mejor que vayamos al Jordán. Allí podremos conseguir madera y construir un albergue’… Eliseo consintió en acompañarlos, y cuando llegaron al Jordán empezaron a cortar árboles. De pronto, al cortar un tronco, a uno de los profetas se le zafó el hacha y se le cayó al río. ‘¡Ay, maestro!’, gritó. ‘¡Esa hacha no era mía!’” (NVI).

Por lo general, cuando leemos esta historia nos enfocamos en el milagro del hacha flotante, pero notemos que en el versículo cinco, el estudiante exclama: “¡Esa hacha no era mía!” Recordemos que durante el reinado del Rey Saúl, los filisteos monopolizaron el hierro en Palestina, por lo que el metal era muy caro. El dueño de esta costosa herramienta de hierro tenía la seguridad de que iba a usarse en una buena causa y la fe de que la herramienta regresaría a su poder. Los estudiantes de Eliseo solo tenían que pedir para que les presten las herramientas.

¿Cuántos miembros más están sentados en las bancas de las iglesias esperando ser inspirados para involucrarse, esperando usar sus dones para mejorar la escuela de su iglesia local? A medida que los maestros, administradores y estudiantes de las escuelas se relacionan con los miembros de la congregación y comparten sus sueños con pasión e intencionalidad, se maximizan las oportunidades de soñar en grande y experimentar milagros juntos. A medida que nos involucramos, las iglesias se unificarán, las escuelas serán edificadas y el Señor será glorificado.

Betty F. Nugent

La Dra. Betty F. Nugent, enseña actualmente en la Academia Forest Lake en Apopka, Florida, EE. UU. Como educadora con una experiencia de más de 30 años enseñando, la Dra. Nugent también tiene experiencia como escritora de proyectos, coordinadora de proyectos especiales y administradora. A nivel universitario, ha servido como supervisora de prácticas docentes en varios cursos de métodos educativos. La Dra. Nugent obtuvo una Licenciatura en Ciencias del Comportamiento en la Universidad Adventista del Sur (Southern Adventist University) en Collegedale, Tennessee, EE. UU.; una Maestría en Psicología Educativa en la Universidad Andrews en Berrien Springs, Michigan, EE. UU.; y un Doctorado en Liderazgo Educativo en la Universidad Walden, una universidad en línea acreditada con base en Baltimore, Maryland, EE. UU.

Citación recomendada: 

Betty F. Nugent, “Conozca e involucre a sus miembros,” Revista de Educación Adventista, N° 47.

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. International Churchill Society, “Blood, Toil, Tears and Sweat” (Winston Churchill’s first speech as Prime Minister of the United Kingdom to the House of Commons of the Parliament, May 13, 1940): https://winstonchurchill.org/resources/speeches/1940-the-finest-hour/blood-toil-tears-and-sweat-2/.
  2. Pseudónimo. Se cambió el nombre y algunos detalles en esta historia para proteger la identidad del donante.
  3. Elena G. White, “Help to Be Given Our Schools,” The Advocate (1 de abril de 1900): párrafo 1.
  4. Ibid., “Individual Responsibility,” párrafo 3.
  5. Wayne K. Hoy y Michael DiPaola, Studies in School Improvement (Charlotte, N.C.: Information Age Publishing, 2009).
  6. Patricia Stringer, Capacity Building for School Improvement Revisited (Rotterdam, The Netherlands: Sense Publishers, 2013).
  7. 2 Reyes 6:1-5, NVI. Nueva Versión Internacional (NVI). Santa Biblia, NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Bíblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.