Brad Hinman

​La tragedia del suicidio infantil y adolescente

Emily era una típica preadolescente, demasiado grande para ser niña y demasiado chica para ser adolescente. Estaba obsesionada con Selena Gomez, Avril Lavigne y Bruno Mars.1 Le encantaba leer, y quería a sus amigos. Detestaba su cabello, su piel y su altura. A los 12 años, pesaba 47 kilogramos y tenía 1,65 de estatura, unos quince centímetros por sobre el promedio para su edad. Por su altura, era fácil blanco del acoso. Sus cabellos enrulados y gruesos, y también su acné, provocaba frecuente burlas y ataques.

Emily también era ávida usuaria de las redes sociales. Eso permitió a sus acosadores tener acceso virtualmente ilimitado a ella mediante diversas cuentas y les permitió enviarle múltiples mensajes y comentarios que la esperaban cada día al levantarse y salir de la escuela por las tardes, como así también cada vez que revisaba su cuenta durante el día. Emily terminó suicidándose2 17 días antes de cumplir los 13 años. Un día antes de quitarse la vida, publicó una fotografía de sí misma en los medios sociales, que recibió 43 comentarios que consideró negativos, la mayoría de parte de sus compañeras de curso. Dos de esos comentarios sugerían que mejor se matara. Aparentemente, Emily concordó con ellos. Sus padres sabían que la molestaban los comentarios, pero le habían dicho que ignorara “esa gente” y redujera su uso de las redes sociales. Emily estaba obsesionada con lo que otros pensaban de ella, por quién se interesaba en ella, y con cualquier “Me gusta” que recibiera.

Este relato es una composición y amalgamación de varias historias verdaderas. Es usado aquí para ilustrar la necesidad de darle mayor importancia al suicidio infantil y adolescente, que se está transformando en una narrativa común entre los jóvenes actualmente.

Estadísticas

En el 2015, los Centros para el Control de Enfermedades y el Departamento de Educación de los Estados Unidos informaron que del 20-28 por ciento de los estudiantes de los Estados Unidos de sexto a duodécimo grados han experimentado el acoso escolar. El 30 por ciento admitió acosar a otros, y el 70 por ciento fue víctima del acoso de una manera u otra. Según el informe, los niños y los jóvenes se ven afectados por el acoso escolar y el acoso cibernético durante sus años escolares, y algunos inclusive hasta la adultez.3 “La violencia y el acoso escolar están presentes en muchas partes del mundo y afectan a una proporción significativa de niños y adolescentes. Se estima que cada año, 246 millones de niños y adolescentes experimentan algún tipo de violencia y acoso escolar”.4 Este problema es real, y no es resuelto sin intervención.

En términos de sexos, las mujeres tienen cuatro veces mayor probabilidad de intentar suicidarse, pero los hombres tienen cuatro veces mayor probabilidad de completarlo. Una de las razones se debe a que las mujeres suelen escoger medios que son potencialmente menos letales, como pastillas y desangrado (lentamente, a partir de una herida autoinfligida). Los hombres, por su parte, tienen a escoger armas de fuego o el ahorcamiento.

El Consejo Nacional de Prevención del Delito define el ciberacoso como “el proceso de usar Internet, teléfonos celulares u otros dispositivos para enviar o publicar textos o imágenes cuyo propósito es herir o avergonzar a otra persona”.5 La llegada de dispositivos portátiles con capacidad de conectarse a la Internet, muchos de los cuales entran en la palma de la mano, ha incrementado la incidencia de niños acosados de esa forma, que los convierte en blanco fácil para los acosadores. Dado que esos dispositivos son portátiles, los individuos ya no tienen que esperar hasta estar frente a una computadora o ventilar sus frustraciones, o hasta que su objetivo esté físicamente al alcance de ellos. El ciberacoso puede ser instantáneo y producirse las 24 horas del día. Los usuarios de redes sociales ya no tienen que estar frente a frente con los acosadores para sufrir los efectos de sus insultos y amenazas, ni tampoco pueden simplemente evitar lugares donde se concentran los acosadores cuando regresan a casa de la escuela, si bien los estudios han mostrado que el ciberacoso y el acoso físico a menudo se producen en forma simultánea.6

En los Estados Unidos, cada año se quitan la vida unos 4600 jóvenes. El 14 por ciento de los estudiantes de nivel secundario ha pensado en el suicidio, y el 7 por ciento ha intentado suicidarse durante los años de la secundaria.7 En lo que respecta específicamente al ciberacoso, la Encuesta Nacional de Victimización del Delito 2011 publicada por el Centro Nacional de Estadísticas de Educación (NCES) informó que el 9 por ciento (en comparación con el 6,2 por ciento de los dos años anteriores) de los estudiantes informaron que fueron acosados por Internet. El NCES también informó que más del 70 por ciento de los estudiantes estadounidenses dijo que había sido acosado por Internet una o dos veces durante el año escolar, y más del 3 por ciento informó que era algo que sufrían casi de manera diaria.8

Métodos de suicidio comúnmente usados por niños y jóvenes

La terminología preferida de alguien que muere una herida autoinducida es “suicidio completado” y no solo que “cometió suicidio”, dado que “cometer” denota un mayor estigma sobre el individuo, lo que probablemente contribuyó en primer lugar al suicidio de esa persona. “Murió por suicidio” es preferible también a decir “se suicidó”. En 2017, la Organización Mundial de la Salud informó que en Estados Unidos, el suicidio fue la segunda causa de muerte más común en el mundo entre las personas de 15 a 29,9 y la tercera más común entre las de 10 a 14.10 Esto significa que “más adolescentes y jóvenes mueren por suicidio que de cáncer, afecciones cardíacas, SIDA, defectos de nacimiento, accidentes cerebrovasculares, neumonía, gripe y afecciones crónicas del pulmón, COMBINADOS”.11 Lamentablemente es posible que muchos jóvenes que completaron el suicidio no necesariamente querían morir; quizá solo querían poner fin al dolor.12 El suicidio es una solución permanente a lo que en realidad suele ser un problema temporario. Pero para los jóvenes, los problemas a menudo les parecen omnipresentes y omnipotentes, implacables y abrumadores.

Según los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades,13 en los Estados Unidos, cada semana, un promedio de más de 88 jóvenes completan el suicidio. Entre sexos y edades, los métodos más comunes de suicidarse son las armas de fuego y la asfixia (lo que incluye ahorcarse). Esto es también aplicable internacionalmente, a lo que se le suma la ingesta de pesticidas como otra causa principal de muerte por suicidio. Los índices de envenenamiento ocupan un distante tercer lugar entre los métodos principales usados en Estados Unidos. Internacionalmente, el 79 por ciento de los suicidios se produce en países de bajo y mediano ingreso.14 En términos de sexos, las mujeres tienen cuatro veces mayor probabilidad de intentar suicidarse, pero los hombres tienen cuatro veces mayor probabilidad de completarlo. Una de las razones se debe a que las mujeres suelen escoger medios que son potencialmente menos letales, como pastillas y desangrado (lentamente, a partir de una herida autoinfligida). Los hombres, por su parte, tienen a escoger armas de fuego o el ahorcamiento.15 Desde el punto de vista étnico, en Estados Unidos, los que típicamente suelen completar los suicidios son los estadounidenses o nativos de Alaska, pero las hispanas son las que típicamente intentan suicidarse.16 Alrededor del 11 por ciento de niños estadounidenses habrán intentado suicidarse antes de cumplir los 18 años, pero muchos más han pensado seriamente en ello. En los Estados Unidos, casi el 40 por ciento de los niños que ha intentado suicidarse trata por primera vez antes de llegar a la escuela secundaria.17

Estas estadísticas deberían preocuparnos, pero particularmente deberían resultar alarmantes para los cristianos, que respetan la vida como un don de Dios y consideran que los hijos son un regalo divino precioso.

Factores de riesgo

El suicidio es un concepto complicado con posibles causas y diversos factores contribuyentes. Es bien conocida la conexión entre la depresión y otros trastornos mentales, pero es un mito pensar que todos los suicidios se relacionan con la depresión o la desesperanza, aunque algunos sí lo son. Un factor aún más complicado es que muchas religiones ven el suicidio como un acto vergonzoso y aún como un pecado. Los profesionales en este tipo de ayuda deberían estar atentos a señales de depresión y lenguaje de desesperanza, pero aquí hay algunos factores significativos de riesgo:

  • Perfeccionismo. Para los jóvenes, las tendencias perfeccionistas están reconocidos como factor de riesgo para el suicidio.18 Esto se debe a que en la sociedad actual muchos estudiantes se sienten obligados a triunfar, y el nivel para el éxito ha sido llevado aún más alto. Algunos estudiantes viven casi en un estado constante de pánico, pensando que no van a poder ingresar a las mejores universidades o recibir la alabanza y admiración de sus padres, maestros y amigos. Esa presión va aumentando a medida que el niño crece. Cualquier error, por pequeño que sea, puede ser magnificado en la mente del niño, derribando sus esperanzas de alcanzar el éxito. Los cristianos pueden ser particularmente propensos al perfeccionismo, dado que a menudo ven los errores como pecados, una actitud que rápidamente puede llevar al perfeccionismo.
  • Regulación de las emociones. Los estudiantes que tienen dificultad para regular sus propios sentimientos (ser conscientes de sus emociones, aceptar las emociones negativas y tener estrategias para responder a las emociones fuertes) también tienen un alto riesgo de suicidio, en especial si carecen del apoyo y confianza de adultos que los apoyen y confíen en ellos tanto en el hogar y como en la escuela.19 Una reducida capacidad de regular las emociones puede estar acompañada de trastornos mentales, emocionales, y de personalidad, pero aun las personas sin estos trastornos pueden tener problemas en regular esas emociones. Los jóvenes que se abruman fácilmente por las emociones y que tienen dificultad de recibir ayuda para sentirse mejor, suelen ser más susceptibles a la depresión y a la ansiedad, y si a ello se le suma la falta de apoyo en el hogar o el colegio, puede incrementar el riesgo de suicidio. Tener historial de depresión u otra enfermedad mental también aumenta el riesgo de que un niño intente suicidarse. Ayudar a los niños a reconocer, definir y procesar sus emociones puede ayudar a disminuir los intentos suicidas.
  • Historial suicida. Si un niño tiene historial de intentos suicidas o historial familiar de suicidio, esto también aumenta el riesgo de intentar y completar el suicidio. Tener un familiar que ha completado el suicidio hace al niño psicológicamente más vulnerable que la población en general. Un intento suicida por parte de un niño no debería ser catalogado como tan solo un clamor de ayuda o indicación de que no quería morir. Los pensamientos y conductas suicidas siempre deberían ser tomados en serio para prevenir si es posible muertes innecesarias. Los intentos suicidas previos e historial familiar pueden hacer que el niño acepte el suicidio como una opción para hacer frente a sus problemas, lo se ha visto exacerbado por historial de conductas suicidas.20
  • Abuso de alcohol o drogas. El abuso de drogas o alcohol puede, no solo aumentar el riesgo del suicidio, sino también reducir el control de los impulsos, haciendo que los jóvenes sean más susceptibles a actuar sobre un pensamiento pasajero de infligirse daño. El abuso de drogas y alcohol también conllevan a problemas que incrementan el riesgo suicida, tales como tener problemas disciplinarios o participar de una diversidad de conductas riesgosas.21
  • Evento estresante o pérdida. Muchos jóvenes carecen de una red de apoyo para enfrentar de manera efectiva los factores estresantes de la vida, especialmente la pérdida de alguien cercano a ellos, como un amigo o pariente. La pérdida de una relación romántica significativa puede producir un sentido de impotencia, lo que se añade a los sentimientos de estrés y pérdida. Positivas redes de apoyo, como la que brindan padres cuidadosos, amigos de la familia, líderes religiosos confiables, docentes, compañeros y otros son importantes para que los jóvenes puedan apoyarse en ellas cuando las necesiten. Desafortunadamente, los cristianos no están inmunes a eventos negativos o pérdidas significativas, como divorcio, separación, muerte, o abusos. Los problemas de disciplina, como cuestiones legales o la cárcel, también pueden producir gran estrés en los jóvenes, que a menudo carecen de experiencia en la vida para enfrentar esas situaciones.22
Analice la posibilidad de establecer un programa de prevención del suicidio para toda la institución que incluya protocolos de cómo responder cuando se produce un intento de suicidio, o muerte. Se espera que no sea necesario, pero es demasiado tarde crear una respuesta cuando uno realmente la necesita.

Señales de advertencia

Además de los factores de riesgo que ya fueron enumerados, otras tres señales de advertencia indican que un individuo está en peligro, especialmente en combinación con los factores enumerados más arriba:

  • Hacer comentarios verbales que van desde el deseo de quitarse la vida hasta declaraciones más generales tales como querer desaparecer, o decir que nadie los extrañaría. El intento suicida fue comunicado antes de pasar a la acción con suficiente tiempo como para intervenir en 29 por ciento de las muertes por suicidio en menores de 18 años, según el estudio de Dilillo en 2015.23
  • Investigar en Internet o en persona para identificar formas de poner fin a su propia vida, como por ejemplo con dosis letales de pastillas u otros venenos, o comprar cuchillos, armas de fuego u otras armas.
  • Comentarios verbales o escritos (inclusive en los redes sociales) indicando desesperanza, falta de propósito, ansiedad, retraimiento, ira o desesperación.
  • Una persona que muestra estas u otras señales de advertencia y factores de riesgo, se encuentra en una situación que requiere acción inmediata. Los administradores de la escuela o colegio, los educadores y el personal necesitan ser conscientes de que pueden hacer muchas cosas para ayudar, aun cuando en la mayoría de los casos, no sean profesionales de salud mental.
  • Si su escuela emplea un consejero, acompañe al individuo a la oficina de este inmediatamente. Si no es así, consulte con su administrador sobre el protocolo de la institución para situaciones como esta. Si usted encuentra que su escuela no posee un protocolo de emergencias para estudiantes en riesgo, este artículo podría servir de impulso para preparar uno.
  • Hasta que el estudiante pueda estar bajo el cuidado de un consejero, bríndele supervisión o asegúrese de que esté acompañado de adultos que lo apoyan y cuidan.
  • Brinde al consejero toda información útil que apoye la recuperación del estudiante de la idea suicida.24

En mi trabajo entre personas con ideas activamente suicidas he hallado que la mayoría en realidad no quiere morir; solo quiere poner fin al dolor. Si logran atravesar el dolor, el sentimiento de querer poner fin a sus vidas a menudo disminuye.

Qué hacer

Además de los pasos mencionados, hay otras cosas más generales que los colegios pueden hacer para ayudar a los estudiantes sentirse seguros, valorados y como parte integral de la institución, que ayudará a prevenir estas emergencias.

  • Si usted, o alguien que usted conoce, está preocupado por un estudiante, consulte con un profesional capacitado para determinar cuál es la mejor manera de ayudarlo.
  • Comuníquese y cree un vínculo con estudiantes en riesgo. En ocasiones, los estudiantes pueden sentirse deprimidos o sentirse desesperados debido a situaciones difíciles o abusivas en su hogar (falta de un techo, abuso o divorcio). Crear un vínculo con estudiantes que usted considere que están en riesgo, puede disminuir la posibilidad de que recurran a infligirse un daño a sí mismos y aumente la probabilidad de compartir cosas que necesitan ser denunciadas a las autoridades. Escuche, pero no juzgue ni sugiera que el estudiante está “confundido” o está exagerando los problemas. Cuéntele al estudiante las cosas que ha observado que le han preocupado, y anímelo a buscar ayuda.
  • Ore por y con sus estudiantes. Sus corazones, emociones y pensamientos están siendo atacados a través de múltiples puntos de entrada, como son los principales medios de comunicación, redes sociales, compañeros, dispositivos electrónicos, juegos de video y mucho más.
  • Muéstrese abierto a que hablen con usted. Nunca sabremos si los estudiantes tienen luchas y necesitan sentirse seguros de acercarse a nosotros para compartir sus cargas. Si temen que van a ser castigados por hablar de sus problemas, o que van a ser juzgados, usted jamás podrá percibir las señales de advertencia porque ellos no le considerarán una persona en quien pueden confiarle sus secretos más profundos.
  • Analice la posibilidad de establecer un programa de prevención del suicidio para toda la institución que incluya protocolos de cómo responder cuando se produce un intento de suicidio, o muerte. Se espera que no sea necesario, pero es demasiado tarde crear una respuesta cuando uno realmente la necesita. El plan debería incluir capacitación para que todo el personal de la institución reconozca las señales de advertencia y qué hacer cuando estas señales se presenten, a quién informar, y obtener de la documentación apropiada de lo sucedido (ya sea creando la documentación u obteniéndola de otras fuentes). Este plan de capacitación sobre el ciberacoso y el acoso presencial, debe incluir a toda la institución y los pasos a dar cuando se sospecha o se denuncia el acoso escolar. En algunos países, la institución es el responsable legal si el personal sabe de un estudiante que está siendo acosado y no toma las medidas necesarias. Si busca en Google, podrá hallar varios programas de prevención para toda la institución. Aquí hay un ejemplo: http://www.starcenter.pitt.edu/Files/PDF/Suicide%20Prevention%20in%20Schools%209-26-13.pdf.

Conclusión

El suicidio puede ser un tema abrumador, y que produce temor tanto en el personal de una institución educativa como en la persona que experimenta pensamientos suicidas. Lo más importante es tener lista una respuesta. Recuerde a la persona del amor y la preocupación ilimitados de Dios y su estima por nosotros es mucho mayor de lo que nosotros nos estimamos. Él nos conoce por completo: “Él les tiene contados aun los cabellos de sus cabeza” (Mateo 10:30, NVI)25 y nos ama sin condiciones. Recuerde a los estudiantes angustiados que Dios está ansioso por escuchar nuestros clamores de ayuda y listo para responderlos. “Presta oído, Señor, a mi oración; atiende a la voz de mi clamor. En el día de mi angustia te invoco, porque tú me respondes” (Salmo 86:6, 7).


Este artículo ha sido sometido a la revisión de pares.

Brad Hinman

Brad Hinman, PhD, es profesor asociado de Educación en Consejería y Coordinador del Programa de Consejería Escolar de la Universidad Andrews en Berrien Springs, Michigan, Estados Unidos. Es también un consejero de práctica privada que se especializa en terapia matrimonial y familiar, adicción al sexo (incluida la adicción a la pornografía), trastornos de conducta del niño y el adolescente, y violencia doméstica. El doctor Hinman obtuvo su doctorado en educación en consejería y supervisión de la Universidad Western Michigan en Kalamazoo, Michigan. Ha enseñado en cada nivel de la educación adventista, desde primer grado hasta el nivel doctoral. Sus intereses de investigación incluyen problemas masculinos, relacionados con la dinámica familiar, comunicación y trastornos de la conducta en familias; la intersección de la sexualidad y el cristianismo, que incluye la orientación sexual, pornografía, adicción al sexo y deseo sexual hipoactivo; y la supervisión de empleados minoritarios por parte de supervisores mayoritarios

Citación recomendada:

Brad Hinman, PhD, “La tragedia del suicidio infantil y adolescente”, Revista de Educación Adventista N° 47.

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Músicos y artistas populares.
  2. Stacey Freedenthal, Language About Suicide (Part 1): The Power of Words (2013): https://www.speakingofsuicide.com/2013/04/13/language/).
  3. Stopbullying.gov, “Facts About Bullying”: https://www.stopbullying.gov/media/facts/index.html#stats; Estadísticas del Centro Nacional de Educación, “Fast Facts: Bullying,” (2015): https://nces.ed.gov/fastfacts/display.asp?id=719; MedicineNet.com, “Bullying” (Consultado el 29 de noviembre de 2017): https://www.medicinenet.com/bullying/article.htm#bullying_facts.
  4. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), “School Violence and Bullying: Global Status Report” (2017): http://unesdoc.unesco.org/images/0024/002469/246970e.pdf.
  5. USLegal.com, “Cyber Bullying Law and Legal Definitions” (n.d.): https://definitions.uslegal.com/c/cyber-bullying/.
  6. Susan M. Taylor, “Cyberbullying Penetrates the Walls of the Traditional Classroom”, The Journal of Adventist Education 73:2 (Diciembre 2010/Enero 2011): 37-41: http://circle.adventist.org/files/jae/en/jae201073023705.pdf.
  7. Centros Estadounidenses para el Control y la Prevención de las Enfermedades (abreviado aquí CDC), “Suicide Among Youth” (17 de septiembre de 2017): http://www.cdc.gov/healthcommunication/toolstemplates/entertainmented/tips/SuicideYouth.html.
  8. Estadísticas del Centro Nacional de Educación, “Student Reports of Bullying and Cyber-Bullying: Results From the 2011 School Crime Supplement to the National Crime Victimization Survey” (Agosto 2013): https://nces.ed.gov/pubs2013/2013329.pdf.
  9. Organización Mundial de la Salud (a partir de aquí abreviada OMS), “Mental Health, Suicide Data” (Estadísticas de 2017): http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/en/.
  10. CDC, Web-based Injury Statistics Query and Reporting System (WISQARS) [En línea]. (2013, 2011); Centro National de Prevención y Control de Lesiones, CDC (productor). Disponible de http://www.cdc.gov/injury/wisqars/index.html.
  11. La Fundación Jason, “Facts & Stats” (n.d.): http://jasonfoundation.com/youth-suicide/facts-stats/. Estadísticas de los Estados Unidos.
  12. Arielle H. Sheftall et al., “Suicide in Elementary School-aged Children and Early Adolescents”, Pediatrics 138:4 (2016): e20160436.
  13. CDC, “Suicide Among Youth”.
  14. WHO, “Suicide: Key Facts” (2018): http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs398/en/.
  15.  Nancy Schimelpfening, “Differences Between Men and Women in Suicide and Suicidal Behaviors”, Verywell Mind (actualizado el 28 de mayo de 2017): http://www.verywellmind.com/gender-differences-in-suicide-methods-1067508. Estadística de los Estados Unidos.
  16. CDC, “Suicide Among Youth”.
  17. Bonnie Rochman, “Study: 40% of Kids Who Attempt Suicide First Try in Elementary or Middle School”, Time (Noviembre 2011): http://healthland.time.com/2011/11/30/study-40-of-kids-who-attempt-suicide-first-try-in-elementary-or-middle-school/.
  18. Gordon L. Flett, Paul L. Hewitt y Marnin J. Heisel, “The Destructiveness of Perfectionism Revisited: Implications for the Assessment of Suicide Risk and the Prevention of Suicide”, Review of General Psychology 18:3 (Septiembre 2014): 156-172 (Estadísticas de Norteamérica).
  19. Anthony R. Pisani et al., “Emotion Regulation Difficulties, Youth-Adult Relationships, and Suicide Attempts Among High School Students in Underserved Communities”, Journal of Youth and Adolescence 42:6 (Junio 2013): 807-820 (Estadísticas de los Estados Unidos).
  20. Flett, Hewitt y Heisel, “The Destructiveness of Perfectionism Revisited: Implications for the Assessment of Suicide Risk and the Prevention of Suicide”.
  21. Nadine Kaslow, “Teen Suicides: What Are the Risk Factors?” Instituto de la Mente Infantil (n.d.): https://childmind.org/article/teen-suicides-risk-factors/ (Estadísticas de los Estados Unidos).
  22. CDC, “Suicide Among Youth”.
  23. Dario Dilillo et al., “Suicide in Pediatrics: Epidemiology, Risk Factors, Warning Signs and the Role of the Pediatrician in Detecting Them”, Italian Journal of Pediatrics 41:1 (Julio de 2015): 49 (Estadísticas de Italia).
  24. Centro de Recursos de Prevención del Suicidio (2015): http://www.sprc.org/sites/default/files/resource-program/Teachers.pdf (Estadísticas de los Estados Unidos).
  25. Todos los textos bíblicos pertenecen a la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Bíblica, Inc.® Usada con autorización. Todos los derechos reservados.