Jiří Moskala

La escuela de iglesia:Cuando las iglesias y las escuelas colaboran con la misión

Este documento es una adaptación de la presentación del doctor Jiří Moskala a los asistentes a la Conferencia LEAD 2017, llevada a cabo del 30 de mayo al 4 de junio de 2017 en Eslovenia, lo que representa su visión para fortalecer la educación adventista y el rol que desempeñan los pastores y las iglesias al cumplir con esto.

Esta presentación comparte una visión revitalizadora de la educación adventista mediante la propuesta de hacer las cosas de una manera diferente. La triste realidad es que 247 escuelas en 14 años y, de ellas, 140 en los últimos siete años, constituyen el número de escuelas adventistas de la División Norteamericana que han cerrado sus puertas.1 Cuando escuché esa alarmante estadística, me pregunté si nosotros en el Seminario Teológico Adventista de la Universidad Andrews (en Berrien Springs, Míchigan, Estados Unidos) podemos contribuir en revertir esta tendencia. Perdonen la simplificación de un problema complejo, pero en ocasiones, una generalización exagerada puede ayudarnos a identificar un asunto, progresar y crecer. Entonces, ¿dónde se encuentra el problema? Este lo veremos en varios niveles:

  1. Muchos de nuestros pastores no tuvieron la oportunidad de pasar por el excelente sistema de educación adventista. Ellos, o se convirtieron ya siendo adultos o, si crecieron en una familia adventista, sus padres por alguna razón decidieron no enviarlos a nuestras escuelas. Por tal motivo, no han tenido una experiencia educacional adventista.2 Este hecho puede contribuir al sentimiento o aun a la convicción de que las escuelas adventistas no son fundamentales para la educación.
  2. La efectividad de los pastores suele ser evaluada por el número de bautismos, incremento financiero (diezmos y ofrendas) y predicaciones, pero no tanto por asuntos relacionados con nuestras escuelas (su compromiso al éxito de la escuela local, su presencia, consejos y motivación para con los estudiantes, participación en juegos con niños y jóvenes, enseñanza clases de Biblia, dirección del culto, participación en juntas escolares, etc.
  3. Muchos pastores y miembros poseen una comprensión limitada de la relación simbiótica que debería existir entre las iglesias y las escuelas de iglesia. El pensamiento convencional indica que la escuela adventista opera bajo la supervisión de la iglesia local, ya sea de una sola iglesia o de un grupo de iglesias (y está bien que así sea); por lo tanto, para muchos, la iglesia es quien decide. Además, cuando las personas hablan de la relación entre la escuela y la iglesia, el centro de tal simbiosis es la iglesia. Rara vez se considera que el centro de actividad es la escuela. Sin embargo, aunque la iglesia está abierta solo unas pocas horas a la semana, la escuela opera casi todo el tiempo. Las actividades que lleva a cabo la iglesia o la escuela, sin embargo, deberían ser beneficiosas para ambas. Es fundamental que los miembros y los administradores de la iglesia comprendan que trabajar junto con los administradores y docentes de la escuela puede ayudar a que tanto la institución como la iglesia produzcan un mayor impacto en la comunidad, alcanzando a aquellos que aún no han decidido asistir a la iglesia. Por ejemplo, aunque las personas seculares pueden tener prejuicios contra una iglesia, puede que esos mismos individuos estén más abiertos hacia una institución educativa.
  4. Además, puede suceder que un pastor y la junta de iglesia (y muchos miembros) perciben a la escuela como una carga financiera (una escuela no es una industria para producir dinero), un proyecto que consume mucho tiempo y una ocupación que pertenece a otros, a saber, el director de la escuela y su equipo docente y administrativo. Pueden incluso pensar que la junta de escuela es subsidiaria de la junta de la iglesia.
  5. Para mi asombro, me di cuenta que en el seminario no ofrece a los pastores una clase  sobre la importancia de la educación adventista y sobre cómo fomentar la colaboración entre la iglesia y la escuela. Es decir, somos también parte del problema, pero a partir del primer semestre de 2017, logramos rectificar esa situación, en cooperación con la Secretaría de Educación de la División Norteamericana.

Necesitamos romper los estereotipos negativos. Se necesita un pensamiento renovado y un nuevo modelo práctico, que puede dar tremendos resultados. Todos concordamos en que la escuela, la iglesia y el hogar tienen que colaborar estrechamente para que el sistema funcione. Sin esta conexión estrecha y un sentido de unidad, nada cambiará, ni crecerá, ni progresará. La investigación de Valuegénesis, dedicada a la educación adventista, mostró que la colaboración entre los hogares, las iglesias y las escuelas incrementa la posibilidad de que los niños y los jóvenes crezcan en la fe y sigan comprometidos con el mensaje, el estilo de vida, la misión y la Iglesia Adventista.3 Cuanto más tiempo asiste la persona a una institución educativa adventista, más leal y madura llega a ser.

La simbiosis de instituciones educativas e iglesias invita a las personas a participar de diversas interacciones, actividades, y al cultivo de amistades significativas. Cuando la gente juega, ríe o estudia junta, se forman relaciones duraderas.

El Seminario Teológico Adventista de la Universidad Andrews quiere ser un centro de este enfoque innovador de la educación. Es nuestro deseo liderar en las mejores prácticas educacionales para los ministros. Esta propuesta tiene el potencial de revivir la educación adventista, además de renovar una cooperación estrecha y fructífera entre la escuela, el hogar y la iglesia, porque permitirá que los jóvenes y las señoritas crezcan con un profundo aprecio por la identidad y el estilo de vida adventistas. Aprenderán a conocer y disfrutar lo que es ser adventista. Eso ayudará a frenar la marea de la trágica pérdida de la juventud (que supera el sesenta por ciento),4 y permitirá el desarrollo de una nueva era de jóvenes adventistas líderes dentro de la iglesia, como resultado de una sociedad creciente entre las escuelas y las iglesias. Al mismo tiempo, las escuelas se convertirán en poderosos imanes que llevarán a Dios a esas familias que no asisten a la iglesia. Esas familias llegarán, por medio de la escuela adventista, a la iglesia.

Esta nueva iniciativa de cooperación entre la iglesia, las escuelas y los pastores se basa en lo siguiente:

  1. En el seminario, hemos creado un curso obligatorio, el DSRE 615 Ministerio  Colaborador5 para todos los estudiantes de maestría (pastores) en el cual se enseñará la belleza y la importancia de la filosofía adventista de la educación. En estrecha colaboración con la Secretaría de Educación de la División Norteamericana, hemos desarrollado contenidos significativos, interactivos y relevantes, para equipar a los pastores con las mejores habilidades que les permitan crear este nuevo enfoque de nuestro sistema educacional. La colaboración continúa con la División del Pacífico Sur y la División Sudamericana, y esto será expandido hasta incluir a otras divisiones a medida que crezca la iniciativa.
  2. Nos gustaría cambiar el patrón de pensamiento respecto del sistema educacional adventista. En lugar de que la iglesia sea el centro de acción, creemos que los pastores deberían hacer de la escuela el lugar donde se llevan a cabo diversas actividades misioneras y comunitarias para ponerse en contacto con la comunidad local. Debería ser un centro de evangelización que funcione como un imán para la comunidad. Dado que la escuela está abierta, y que múltiples interacciones se llevan a cabo en ella durante gran parte del año, esto resultará en la promoción de la educación adventista tanto dentro de la iglesia como en la comunidad en general.
  3. La comunidad por lo general estará abierta a las escuelas adventistas porque estas ofrecen un ambiente seguro y saludable, además de una educación excelente y de alta calidad. Esto significa que la comunidad por lo general no tendrá sesgos y prejuicios hacia nuestras escuelas, y necesitamos aprovechar ese hecho. Por ello, la escuela debería ser un centro de vida comunitario y recibir un sólido apoyo de la iglesia (o las iglesias) locales. La escuela debería estar abierta a la comunidad, mostrándose atractiva y amistosa, lo que la transformaría en un centro de vida comunitario gracias a los niños y a sus padres.
  4. En consecuencia, la escuela debería ser un centro de evangelismo (comprendido de una manera más amplia, que tan solo llevar a cabo campañas de evangelización en el lugar). Para mí, cada actividad y todo lo que se lleva a cabo en ese centro es evangelismo. Además de ser un centro educacional para los niños y los jóvenes, las escuelas pueden ofrecer clases vespertinas y una variedad de actividades para la comunidad. La escuela puede ser un lugar donde las personas de intereses diferentes se reúnan e interactúen, aprendan y participen de actividades sociales. Puede ser un lugar donde se organicen eventos deportivos, se den clases de idiomas, se establezca un centro para inmigrantes, se desarrollen programas de alimentación para los pobres y los ancianos, se lleven a cabo programas de salud, se ofrezcan clases de cocina, etc. Las escuelas adventistas pueden ser poderosos centros de evangelización que construyan puentes entre los diversos grupos religiosos. Junto con estos centros educacionales, se puede ofrecer una variedad de clubes, tales como clubes de viaje o lectura, bienestar comunitario, programas de educación continua, de agricultura, centros de estudio de la Biblia, centros de apoyo contra el estrés y las adicciones, y hasta una panadería o comedor para la comunidad. Tenemos que ser creativos para ofrecer programas relevantes que desarrollen vínculos comunitarios sólidos. Para todos, pero en especial en el caso de los jóvenes, la amistad es evangelismo. Nuestras escuelas deberían ser lugares seguros de compañerismo, amistad y salud emocional. Puede que las escuelas más pequeñas quieran colaborar con otras escuelas cercanas, o trabajar estrechamente con la asociación local, para obtener de allí los individuos que se necesitan para sostener el plan.
  5. Este tipo de comunidad viviente y de aprendizaje necesita un centro de adoración, creando una necesidad cada vez más profunda para la iglesia porque una comunidad activa será una comunidad que adora. La membresía de iglesia aumentará naturalmente como personas integradas a las actividades de la institución, y se verán atraídas por el equilibrado estilo de vida adventista, lo que los llevará a verse también atraídos por su mensaje y por un Dios vivo. La Biblia será entonces estudiada con entusiasmo y gozo.
  6. Una comunidad de amor atrae y transforma a las personas. La Iglesia Primitiva vivía, servía y adoraba junta, y por lo que Dios añadió muchos a la comunidad de fe (véase Hechos 2:42-47). La simbiosis de instituciones educativas e iglesias invita a que las personas participen de diversas interacciones, actividades, y al cultivo de amistades significativas. Cuando la gente juega, ríe o estudia junta, se forman relaciones duraderas.
  7. Se necesita una colaboración cercana entre el pastor y el director y, nosotros (el seminario), aspiramos a enseñar a los pastores la manera de cultivar relaciones saludables y significativas con los administradores de la institución. Durante la semana, la escuela tiene que ser no solo un centro educativo sino también una iglesia.

La nueva clase del seminario es sumamente práctica. El departamento de Discipulado y Educación Religiosa de la Universidad Andrews se ha puesto al frente de ese importante proyecto. Los pastores deberían llegar a ser una influencia dentro de la iglesia a medida que capten ese concepto e implementen gradualmente esas ideas en la comunidad de su iglesia. Es por ello que a los pastores-estudiantes les estamos dando prácticas de campo. Bajo el liderazgo de su profesor, pasan varios días visitando exitosas escuelas de diversos tamaños para así aprender, mediante la observación, que este plan realmente funciona. Se les está enseñando cómo mantener y contribuir al crecimiento de las escuelas actuales, y cómo establecer otras, de manera que la educación pueda verse revitalizada y florecer en muchas partes del territorio de la División Norteamericana y el campo mundial. Nuestro Dios es un Dios maravilloso, y él quiere cuidar de sus niños y jóvenes porque los ama. Para hacerlo, necesita personas dedicadas, positivas y entusiastas que contagien y edifiquen esa amplia comunidad de fe, amor y esperanza.

En este nuevo curso, también estamos enseñando a los pastores la manera de integrar a la vida de la iglesia a jóvenes recién graduados tanto de colegios y universidades adventistas, como de instituciones públicas. La transición entre la universidad y la iglesia es el lugar donde por lo general mantenemos o perdemos a nuestros jóvenes.

En el seminario, estamos promoviendo los principios fundacionales de la educación cristiana y en particular los de la filosofía de la educación adventista. Como sabemos, estos principios básicos son delineados de manera perfecta en el libro La educación, de Elena G. White. Ella expresó una famosa máxima que conecta la educación con la redención, lo que una vez más necesitamos poner en práctica: “En el sentido más elevado, la obra de educación y redención, son una sola, pues tanto en la educación como en la redención, ‘nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo’ (1 Corintios 3:11)”.6 Y muy claramente explicó: “La obra de la redención debía restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor, volverlo a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente y el alma, a fin de que se lleve a cabo el propósito divino de su creación. Este es el objeto de la educación, el gran objeto de la vida”.7 Nos amonestó para que aprendamos la ciencia de la cruz y enseñarla a los jóvenes: “La revelación del amor de Dios al hombre tiene su centro en la cruz. No hay lengua que pueda expresar su pleno significado; no hay pluma que pueda describirla; no hay mente humana que la pueda comprender.... Cristo crucificado por nuestros pecados, Cristo resucitado de los muertos, Cristo ascendido a lo alto, es la ciencia de la salvación que hemos de aprender y enseñar”.8 “Que los jóvenes hagan de la Palabra de Dios el alimento de la mente y del alma. Que la cruz de Cristo se convierta en la ciencia de toda educación, el centro de toda enseñanza y estudio”.9

Los invito a orar por el docente de esta nueva clase, porque él tiene la noble tarea de conectar más estrechamente al seminario con el sistema educacional adventista y las iglesias de la División Norteamericana y, mediante nuestros estudiantes internacionales, con el campo mundial. Ese profesor es responsable de una variedad de excursiones de campo que tienen el propósito de enseñar y brindar lecciones prácticas a los pastores para garantizar que la educación religiosa incluya una estrecha colaboración entre la escuela, la iglesia y el hogar. Él está enseñando a futuros pastores y líderes de jóvenes a discipular en lugar de ser tan solo pastores y, enseñarles a cooperar con los educadores para apoyar escuelas existentes y crear nuevas que lleguen a ser centros vibrantes de vida y misión congregacional. Las iglesias establecidas pueden llegar a ser afiliadas de esas escuelas, y se podrían establecer nuevas congregaciones en el campus de esas instituciones. Los docentes pueden ayudar a que los pastores se den cuenta de que equipar a los jóvenes y darles responsabilidades son maneras poderosas de garantizar la participación de ellos y el compromiso con sus iglesias locales.10

La transición a este modelo resultará, creo firmemente, en el fortalecimiento de la identidad y el estilo de vida adventista del pastor, ayudándole a descubrir cómo compartir nuestro mensaje en forma más relevante, profundizando una estrecha colaboración entre la iglesia, escuela y padres; y fomentando un rico caminar diario con Dios que capacite a los pastores a llegar a ser imanes influyentes que atraigan a familias seculares, inmigrantes y a la comunidad en general hacia Dios. Teniendo a la escuela en estrecha conexión con la iglesia, ambas llegarán a ser una parte importante de la vida de la comunidad. De esta manera, la comunidad se construirá alrededor de niños y familias, y se expandirá para alcanzar y cumplir con las diversas necesidades de los que viven cerca de ambas, y quienes se convertirán en verdaderos vecinos de la iglesia. El verdadero cristianismo implica amar a Dios por sobre todas las cosas con todo el corazón, la mente, las emociones y la voluntad, y a nuestros prójimos como a nosotros mismos, o mejor aún, como Jesús mismo nos ama (Lucas 10:17; Juan 13:34, 35).

Jiří Moskala

Jiří Moskala, ThD, PhD, es decano del Seminario Teológico Adventista de la Universidad Andrews en Berrien Springs, Míchigan, Estados Unidos, y Profesor de Exégesis y Teología del Antiguo Testamento en esa institución. Se incorporó al personal docente de la universidad en 1999. Antes de ello, el doctor Moskala tuvo varios cargos (pastor ordenado, administrador, docente y director) en la República Checa. Es miembro de varias sociedades teológicas, y ha sido autor y editor de un número de artículos y libros tanto en checo como en inglés.

Citación recomendada:

Jiri Moscala, “La escuelas de iglesia:  Cuando las iglesias y las escuelas colaboran con la misión”, Revista de Educación Adventista  N°46

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Correspondencia personal con Larry Blackmer, vicepresidente de la División Norteamericana, fechada el 19 de enero de 2017.
  2. Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, “Strategic Issues Emerging From Global Research, 2011-2013”, Reach the World: General Conference Strategic Plan 2015-2020: 7 (Ítem 2). Datos de cinco grandes estudios globales a partir de 2011 muestran que “menos de la mitad de todos los adventistas en el mundo han experimentado alguna educación denominacional, y muchos pastores poseen una educación adventista limitada” (p. 7); Roger Dudley y Petr Činčala, “The Adventist Pastor: A World Survey”. Un estudio de investigación llevado a cabo por el Instituto de Ministerio Eclesiástico del Seminario Teológico Adventista de la Universidad Andrews, Mayo 2013:  http://www.adventistresearch.org/sites/default/files/files/The%20Adventist%20Pastor%20A%20World%20Survey%20.pdf.
  3. Véase Roger L. Dudley, Valuegenesis: Faith in the Balance (La Sierra, Calif.: La Sierra University Press, 1992), e investigaciones de V. Bailey Gillespie en Valugenesis2 y Valuegenesis3 que le siguieron. Por una lista de recursos sobre este tema, busque “Valuegenesis” en http://circle.adventist.org/search/?search_query=%E2%80%9CValuegenesis%E2%80%9D.
  4. En el mundo, del 40 por ciento de los miembros adventistas que dejan la iglesia, las encuestas a los ex miembros muestran que más del 60 por ciento son jóvenes. Véase David Trim, “Data on Youth Retention, Non-retention, and Connectedness to the Church”, presentado en el Concilio Anual 2016: https://bit.ly/2HZoRCV; véase también “Leaving the Church”, un informe final presentado por la Secretaría de Archivos, Estadísticas e Investigaciones (Abril 2014): https://bit.ly/2wkUGk4.
  5. Véase Andrews University 2017–2018 Bulletin, t. 106, 648. En línea: https://bulletin.andrews.edu/search_advanced.php?cur_cat_oid=16&search_database=Search&search_db=Search&cpage=1&ecpage=1&ppage=1&spage=1&tpage=1&location=33&filter%5Bkeyword%5D=DSRE+615 .
  6. Elena G. White, La educación (Buenos Aires: ACES, 1998), p. 30.
  7. __________, Ibíd., p. 15.
  8.  _________, La maravillosa gracia de Dios (Buenos Aires: ACES, 1973), p. 178.
  9. _________, Testimonios para la iglesia, t. 8 (Doral, Fl.: Asociación Publicadora Interamericana, 1998), p. 334.
  10. En las escuelas pequeñas, diversas personas de la comunidad (por ej., los departamentos de policía y de bomberos, los hospitales, las clínicas, las empresas, etc.) pueden ser invitados a compartir sus experiencias, pericia y habilidades no solo con los estudiantes sino también en actividades a la cual se invita a la comunidad.