Brad Hinman

Sin secretos: Dialogando con niños y jóvenes sobre pornografía

EDICIÓN ESPECIAL

ADICCIÓN CONDUCTUAL

Josh,1 un estudiante popular de 15 años, tiene un promedio excelente, es bondadoso, amable y colaborador. Respeta a sus padres y es un líder natural en la escuela y el hogar con sus dos hermanos menores. Josh también es adicto a la pornografía en Internet. Todos los días mira imágenes sexuales explícitas, se masturba de cuatro a seis veces por día, y fue expuesto por primera vez a la pornografía por el hermano mayor de un amigo, cuando tenía 9 años.

Aunque es un ejemplo ficticio, representa un patrón típico que experimentan las personas que han sido atrapadas por la red de la pornografía en Internet. El escenario, que está volviéndose cada vez más común en diversas partes del mundo,2 también presenta algunos interrogantes válidos y conmovedores. ¿Cómo deberían reaccionar los educadores cuando se accede a la pornografía en las computadoras de la institución? ¿Qué debe hacer un docente cuando se entera de que uno o varios de sus estudiantes están luchando con el deseo de ver pornografía y están orando con fervor para que Dios les quite esa carga de sus vidas? ¿Cómo hallamos el equilibrio entre la compasión por otros seres humanos que luchan con el pecado a la vez que aplicamos referencias bíblicas tales como 2 Corintios 12:21 y Gálatas 5:193 en un contexto moderno? La Biblia advierte de serias consecuencias para los que no se arrepienten de la “impureza” y de los “pecados sexuales”, y condena la “inmoralidad” y la “impureza” sexual. Aunque en la Biblia no se la menciona específicamente, la pornografía no es de utilidad alguna a los ojos de Dios, pero sí lo es un corazón puro. Es un tema recurrente a lo largo de todas las Escrituras. El clamor de David, cuando dijo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio” (Salmo 51:10, NVI); la bienaventuranza de Jesús a los “de corazón limpio” (Mateo 5:8, NVI); y el pedido de Pablo de que pensemos en “todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración” (Filipenses 4:8, NVI) nos dan una indicación de lo que es importante para Dios, y de que tenemos que cultivar y proteger con compasión la vida de nuestros estudiantes y personal de la institución.

Pautas, factores de riesgo y consecuencias

Toda vez que se discute este tema, surge inevitablemente la pregunta: “¿Qué es después de todo la pornografía?” En este artículo, definiremos pornografía como textos, fotografías, videos y materiales de audio de explícito contenido sexual que son diseñados, producidos y distribuidos con el objetivo de producir incitación, excitación y gratificación sexual.4

No todas las personas que usan Internet ven pornografía, y no todas las personas que miran pornografía son adictas, pero el número de adictos está aumentando.5 Muchos individuos tienen acceso privado a Internet, y pueden acceder a la pornografía sin temor de ser descubiertos o reconocidos por otros.6 El acceso irrestricto se está volviendo más común, dado que muchos dispositivos se conectan a Internet, lo que incluye iPads de las instituciones, teléfonos celulares inteligentes, consolas de juegos, tablets, iPods, computadoras portátiles y computadoras de escritorio. (Véase el Recuadro 1).

Cada institución debería instalar programas informáticos que impidan el acceso a sitios web objetables que usen la conexión a Internet institucional,7 y que permitan que los administradores rastreen la historia del buscador de Internet de todos al acceder a las computadoras de la institución. Sin embargo, esto limitará el acceso a solo un número limitado de los dispositivos mencionados, dados que algunos de ellos pueden crear su propia conexión inalámbrica de Internet o aun permitir que otros dispositivos se conecten a Internet.

Los dispositivos equipados con cámaras y con acceso a Internet pueden crear pornografía (incluyendo pornografía infantil), y por medio de mensajes de texto, archivos adjuntos por correo electrónico, y diversas formas de medios sociales, el usuario puede diseminar estas imágenes a otras personas, haciendo que la “fabricación” y “distribución” de la pornografía sea más fácil, más rápida y de diseminación más amplia. Un aspecto de la creación de pornografía se refiere comúnmente en inglés como “sexting”, lo que implica enviar y recibir fotografías, imágenes, videos, mensajes de texto, y mensajes electrónicos entre dispositivos móviles. En los Estados Unidos, cuando los menores se toman fotos de sí mismos en poses sexuales explícitas y entonces envían por texto esas fotografías a sus amigos o las publican en Internet, pueden ser legalmente responsables de fabricar y distribuir pornografía infantil. Los cargos son igualmente serios si las fotografías, imágenes, videos, correos electrónicos o mensajes de texto son compartidos entre un menor y un adulto. Si algunas de esas fotografías, imágenes o videos son tomados en la institución, o con dispositivos de propiedad de la institución, esto puede hacer que la institución sea legalmente responsable y que los padres y personas relacionadas también pasen momentos desagradables.8

Muchos adolescentes, en particular de sexo masculino, usan material pornográfico de Internet,9 aunque las investigaciones indican que las mujeres conforman el 40 por ciento del total de consumidores.10 Se puede acceder a la pornografía desde cualquier dispositivo con acceso a Internet, y por todo el que tenga la edad suficiente de entrar a sitios web y leer, ver fotografías, imágenes o películas. Según Internet Filter Review, que brinda datos sobre las búsquedas de los usuarios de Internet, la edad promedio de la primera exposición de un niño a la pornografía es 11 años, y casi el 50 por ciento de los usuarios de Internet han accedido a pornografía.11 Los diálogos con los jóvenes sobre los peligros de la pornografía, por lo tanto, deberían comenzar a alrededor de los 8 años, y de hecho a los 11 años. (Véase el Recuadro 2).

Las explicaciones sobre los peligros de la pornografía deberían darse de una manera clara y comprensible. Necesitamos ser diligentes a la hora de tener esas conversaciones con nuestros estudiantes e hijos. La pornografía no informa a los usuarios sobre el sexo y la sexualidad saludables. Por el contrario, muestra el sexo de una manera irreal, y hace que las acciones sexuales fuera de lo común y a menudo extrañas parezcan algo común. Muchas sobrevivientes del tráfico sexual informan que es común que los perpetradores y sus víctimas vean pornografía, por lo general bajo “coacción, coerción, chantaje o incitación”,12 a la hora de llevar a cabo actos sexuales.

La pornografía es un negocio que está diseñado para ganar dinero, lo que también incluye una significativa actividad criminal, según se demuestra sus conexiones con el crimen organizado, la actividad de pandillas y el tráfico sexual.13 Es ilegal que los niños vean pornografía,14 y no es algo saludable para su sexualidad en desarrollo. Esas razones, en combinación con los mandatos bíblicos sobre la lujuria y la inmoralidad, hacen que la pornografía sea algo que intencionalmente debemos evitar.

Prevención

Jóvenes entre 11 y 17 años de edad están entre el grupo de consumidores de pornografía en Internet que aumenta rápidamente.15 También se ha hallado una correlación entre “tendencias autoritarias de derecha” y el desarrollo y la conservación de una adicción al cibersexo en los varones tanto cristianos como no cristianos”.16 Abell17 y sus colegas hallaron que los cristianos que dijeron tener niveles más altos de religiosidad experimentaron más problemas con la pornografía en Internet. Esto se debe en parte a la percepción de que la pornografía no es tan mala como practicar el acto sexual. Ver pornografía, en especial en el caso de los jóvenes cristianos conservadores, es considerado el menor de dos males, lo que les permite preservar las apariencias de pureza sexual.

Crecer en una familia autoritaria ha demostrado que existe un incremento en el riesgo de sufrir adicción a la pornografía en Internet.18 También son vulnerables las personas aisladas socialmente que carecen de amigos íntimos a quienes confiarles sus debilidades hacia la pornografía.19 A menudo se espera que los cristianos adopten una norma moral más elevada que otros en sus círculos sociales, lo que acentúa el nivel de discreción y vergüenza que rodea su adicción.20

Por esas razones, es importante hablar a los niños en edad escolar sobre la pornografía de manera apropiada. Dejar de explicar por qué la pornografía es perjudicial abre la puerta a avenidas alternativas de información sobre la sexualidad. Los educadores y los padres tienen que trabajar juntos para comunicarse con los estudiantes respecto de la seriedad del problema.

Los menores no son capaces de procesar cognitivamente los materiales sexuales explícitos, y tienen dificultad para diferenciar entre las fantasías sexuales y la realidad. Sin buenos modelos sexuales y la educación sexual apropiada, los niños y aun los jóvenes no tienen la capacidad de distinguir entre lo que es apropiado en las conductas sexuales normales y sanas y lo que es inapropiado (las expectativas irreales, las partes del cuerpo exageradas, la exageración del desempeño, la violencia, los ataques, la explotación, etc.), por lo que pueden asumir que lo que ven es parte normal de una relación. Ver pornografía antes de que se forme su identidad sexual hace que los jóvenes tengan más probabilidades de participar de conductas sexuales en momentos y lugares inapropiados (como la escuela o los lugares públicos), o antes de que estén lo suficientemente maduros.

Es por lo tanto importante hablar con nuestros estudiantes, inclusive desde los 8 años y de hecho a los de 11 años, sobre los peligros de la pornografía. Una manera de hacerlo es advertirles que ver pornografía no es solo ilegal, sino también desacertada y perjudicial. No solemos callarnos a la hora de hablar con nuestros hijos sobre otros peligros (hablar con extraños, correr con tijeras, jugar al fútbol americano, conducir a toda velocidad, etc.), pero por alguna razón, no decimos nada de la pornografía. Cuando alguien ve pornografía, aun accidentalmente, al ver un aviso instantáneo, esto produce intriga, entusiasmo, un sentido de peligro y, por supuesto, excitación sexual. Si no se sabe por qué resulta dañina la pornografía, puede resultar difícil que alguien resista la tentación, en especial en estudiantes cuyo control de impulsos no se ha formado plenamente.

Otra manera práctica de analizar la pornografía con los niños en edad escolar es adjuntarla a otros temas de salud y sexuales, e incluir a los padres en la decisión de hacerlo. Para que los estudiantes desarrollen relaciones positivas y satisfactorias, tienen que estar dispuestos a participar de discusiones directas sobre los peligros de la pornografía y evaluar cómo les afecta la vida.21 Es imperativo que los docentes y el personal de educación obtengan el conocimiento y la comodidad de analizar las experiencias de una persona adicta a la pornografía, para prepararse mejor y ofrecerles sugerencias.22 Resulta también fundamental trabajar junto con los padres, de manera de dar un mensaje unificado. En la sección “Acción personal e institucional” se presentan más ideas sobre cómo analizar el tema.

Los cristianos y la pornografía

Dado que la pornografía en Internet es un problema creciente entre los cristianos, tiene que ser tratada en las instituciones educativas de la iglesia.23 En contraste con otras personas, los cristianos parecen tener algunas vulnerabilidades específicas en el área de la pornografía en Internet.24 Existe por lo general una relación inversa entre las adicciones y el cristianismo, lo que parece estar visiblemente ausente en la adicción a la pornografía en Internet.25 Las familias cristianas suelen tener menos educación respecto de la sexualidad y los límites saludables y malsanos.26 Aceptémoslo: Hoy día, todo el que quiere aprender cómo hacer algo, lo busca en Google o Bing, ya sea cambiar el aceite del automóvil, andar en patineta o hallar la tienda más cercana. Si los padres no hablan con sus hijos de sexo, pornografía y masturbación, ellos pueden aprender sobre el tema a través de sus amigos o de Internet.27 Si como padres y docentes dejamos de hablar a los jóvenes sobre la pornografía y la sexualidad sana, los estamos invitando a que busquen en Google cómo tener sexo, o a hallar definiciones de los diversos términos sexuales que están escuchando en la escuela, inclusive en las adventistas. Listos para “responder” a estas preguntas hay cientos de miles de sitios web pornográficos a los que pueden acceder desde dispositivos portátiles y personales con Internet.

Las estrictas reglas prohibitivas con las que algunos padres cristianos crían a sus hijos pueden fomentar la vergüenza y la culpa con respecto a los pensamientos y sentimientos sexuales, lo que sirve para establecer cimientos para adicciones sexuales,28 a menos que los padres y los docentes también compartan la razón de ser de la abstinencia. Las investigaciones han hallado una desconexión entre las convicciones religiosas y las prácticas sexuales, dado que algunos cristianos adhieren estrictamente a ciertas doctrinas religiosas pero al mismo tiempo dedican veinte o más horas por semana a la pornografía en Internet.29

Acción personal e institucional

Sobre la base de años de experiencia en aconsejar a individuos que sufren de adicción a la pornografía, de enseñar una clase de posgrado sobre terapia de adicciones, y de años de investigar las adicciones, las conductas adictivas y las reacciones de las personas ante las adicciones, he preparado algunos consejos útiles para docentes, que ellos pueden usar al planificar una conversación con sus estudiantes sobre el uso de la pornografía. Estos pueden ser modificados y compartidos con los padres.

  • Sean proactivos. Instalen programas informáticos que monitoreen el acceso a Internet en todos los dispositivos electrónicos (dispositivos en el hogar y también en la escuela). Esto requiere que los usuarios obtengan el permiso del administrador de la escuela (o de los padres) para acceder a Internet, que se restrinja el uso de términos de búsqueda objetables, y determine a qué tipo de sitios podrán acceder. Algunos de los programas más comunes son SpectorSoft, WebWatcher, Tattletale y Net Nanny. Si desea más información sobre educación para la seguridad en Internet, lea el artículo reciente publicado en la Revista por Annette Melgosa y Rudy Scott, al que puede accederse (en inglés) en http://circle.adventist.org//files/jae/en/jae201375032606.pdf.
  • Mantenga la calma. Los seres humanos son curiosos por naturaleza. Permita que en su clase o salón de clases haya espacio para diálogos abiertos sobre la pornografía y sus peligros. Perder el control (comenzar a vociferar y gritar como loco, condenando y avergonzando al niño) sobre un tema como este puede resultar perjudicial, porque incrementa la vergüenza y la discreción, dos ingredientes fundamentales a la hora de desarrollar y fortalecer una adicción. El libro de Proverbios nos amonesta para que mantengamos la calma: “El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla” (Proverbios 29:11, NVI). Cuando los estudiantes se le acercan con curiosidad, busque con oración responderles con compostura calmada.
  • El interés en el sexo es normal. Aunque la pornografía es peligrosa para el individuo y en especial para los menores, los deseos sexuales son normales. Que alguien vea pornografía no significa necesariamente que la persona es pervertida, que es peligrosa cuando está cerca de otros niños, que cometerá adulterio o tendrá sexo premarital, o que debería prohibírsele todo contacto social. En ocasiones, las personas que ven pornografía solo necesitan alguien en quien confiar, y alguien a quien rendirle cuentas para detener una conducta que probablemente ellos también quieran detener. En ocasiones, ellos solo necesitan alguien en quien confiar, y alguien que confíe en ellos. En Proverbios 11:13 se nos recuerda que ser dignos de confianza es algo que se cultiva cuando nos relacionamos con los que comparten con confianza sus luchas con nosotros.
  • Sea paciente. Necesitamos aplicar la lección de la parábola del siervo sin compasión de Mateo 18: si queremos que otros sean pacientes con nosotros cuando cometemos errores, necesitamos ser pacientes con otros. Los que alguna vez han tratado de dejar de hacer algo habitual, compulsivo o una adicción, sabrán qué difícil puede resultar esto. No hay diferencia alguna con los niños, para quienes podría ser aún más difícil detener un mal hábito debido al control inmaduro de los impulsos en sus cerebros. Detener una adicción siempre es un proceso, jamás un solo evento. Aunque el objetivo puede ser la abstinencia total, es probable que la persona regrese a los antiguos patrones de conducta. Sea paciente, repórtese y comuníquese con la persona, y pídale cuentas sin tener que hacer uso de la vergüenza y la culpa. (Véase el Recuadro 3).
  • Escuche sin juzgar. La Biblia amonesta a los cristianos diciéndoles que no juzguen a los demás, y Lucas 6:37 parece ser en particular relevante al decirnos cómo tratar a los que se equivocan: “No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará” (NVI). Los jóvenes que consumen pornografía compulsivamente ya saben lo que otros piensan de ellos. Se juzgan a sí mismos con mucha más dureza que lo que pueden hacerlo los demás, de manera que lo mejor es escucharlos. Los consejeros profesionales dicen que un oído que escuche y esté atento contribuye mucho más a que una persona supere un obstáculo que los ataques controladores, autoritarios y críticos sobre el carácter de ella. La institución educativa debería crear un ambiente seguro y no crítico en el cual se anime a los estudiantes para que hablen abiertamente de lo que les molesta. Por lo general, las personas sienten mayores deseos de cambiar cuando perciben que otros los entienden y los apoyarán durante el proceso.
  • Sepa cuándo y dónde derivarlos. Los líderes de la comunidad y la iglesia deberían estar familiarizados con profesionales que puedan ayudar a los individuos que enfrentan cuestiones sexuales o de otra índole. De manera ideal, los líderes de la institución necesitan tener una lista de consejeros profesionales de confianza en la comunidad que puedan recomendar a los estudiantes y sus padres cuando se toman decisiones sobre tratamientos futuros.

Conclusión

Al igual que con muchos otros temas de la cultura actual, cuando los niños quieren saber algo, van a Internet, que en su mayor parte no tiene regulaciones y no siempre resulta un lugar amistoso o de ayuda. Los adultos necesitan crear lugares seguros donde los niños y los adultos puedan recibir la ayuda necesaria para comprender lo que ven en Internet. Si ellos vienen a hablarle de pornografía o aún si son descubiertos mirando pornografía, es probable que ya se sientan llenos de vergüenza y culpa. Reforzar esos sentimientos difícilmente resulta productivo. Por el contrario, como docentes y administradores, necesitamos tener una discusión honesta y abierta con los niños y jóvenes sobre por qué la pornografía en Internet y otros materiales sexuales explícitos son peligrosos. El recuadro anterior ofrece algunos recursos útiles para analizar este tema.


Este artículo ha sido sometido a la revisión de pares.

Brad Hinman

Brad Hinman, PhD, es profesor asociado de Educación en Consejería y Coordinador del Programa de Consejería Escolar de la Universidad Andrews en Berrien Springs, Michigan, Estados Unidos. Es también un consejero de práctica privada que se especializa en terapia matrimonial y familiar, adicción al sexo (incluida la adicción a la pornografía), trastornos de conducta del niño y el adolescente, y violencia doméstica. El doctor Hinman obtuvo su doctorado en educación en consejería y supervisión de la Universidad Western Michigan en Kalamazoo, Michigan. Ha enseñado en cada nivel de la educación adventista, desde primer grado hasta el nivel doctoral. Sus intereses de investigación incluyen problemas masculinos, relacionados con la dinámica familiar, comunicación y trastornos de la conducta en familias; la intersección de la sexualidad y el cristianismo, que incluye la orientación sexual, pornografía, adicción al sexo y deseo sexual hipoactivo; y la supervisión de empleados minoritarios por parte de supervisores mayoritarios

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. 1. El nombre usado es un pseudónimo.
  2. 2. “Internet Safety 101: Pornography Statistics”: http://enough.org/statistics; Covenant Eyes: http://www.covenanteyes.com/pornstats/. A menos que se indique lo contrario, todos los sitios web fueron visitados en febrero de 2016.
  3. 3. 2 Corintios 12:21 y Gálatas 5:19. Los textos bíblicos que dicen NVI pertenecen a La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® Copyright © 1986, 1999, 2015 de Bíblica, Inc. Usados con autorización. Todos los derechos reservados.
  4. 4. John M. Haney, “Teenagers and Pornography Addiction: Treating the Silent Epidemic”. En Gary R. Walz, Jeanne Bleuer y Richard K. Yep (editores), Vistas: Compelling Perspectives on Counseling (Alexandria, Va.: American Counseling Association, 2006), pp. 49-52; Kingston et al., “The Importance of Individual Differences in Pornography Use: Theoretical Perspectives and Implications for Treating Sexual Offenders”, Journal of Sex Research 46:2-3 (Marzo 2009):216-232.
  5. 5. Michelle Ayres y Shelley Haddock, “Therapists’ Approaches in Working With Heterosexual Couples Struggling With Male Partners’ Online Sexual Behavior”, Sexual Addiction & Compulsivity 16:1 (Febrero 2009):55-78; Gabriel Cavaglion, “Narratives of Self-help of Cyberporn Dependents”, Sexual Addiction & Compulsivity 15:3 (Agosto 2008):195-216; Alex Kwee, Amy Dominguez y Donald Ferrell, “Sexual Addiction and Christian College Men: Conceptual, Assessment, and Treatment Challenges”, Journal of Psychology and Christianity 26:1 (Marzo 2007):3-13; Wendy Maltz, “Out of the Shadows”, Psychotherapy Networker 33 (2009):26-35.
  6. 6. Cooper et al., “Online Sexual Compulsivity: Getting Tangled in the Net”, Sexual Addiction & Compulsivity 6:2 (1999):79-104.
  7. 7. Annette Melgosa y Rudy Scott, “School Internet Safety: More Than ‘Block It to Stop It’”, The Journal of Adventist Education 75:3 (Febrero/Marzo 2013):26-31: http://circle.adventist.org//files/jae/en/jae201375032606.pdf.
  8. 8. El término “sexting” (una combinación de “sexo” y “enviar un texto”) se refiere a imágenes y textos enviados entre teléfonos celulares; sin embargo, la definición ya no se limita a los dispositivos móviles. La práctica conlleva consecuencias legales en varios estados de los Estados Unidos: Véase Dena T. Saco et al., “Sexting: Youth Practices and Legal Implications” (Berkman Center for Internet & Society, Harvard University, 2010), p. 3: https://cyber.harvard.edu/publications/2010/Sexting_Youth_Practices_Legal_Implications Jun2010. pdf. Visitado el 4 de mayo de 2016.
  9. 9. Gert M. Hald, “Gender Differences in Pornography Consumption Among Young Heterosexual Danish Adults”, Archives of Sexual Behavior 35:5 (Octubre 2006):577-585; Jochen Peter and Patti Valkenburg, “Processes Underlying the Effects of Adolescents’ Use of Sexually Explicit Internet Material: The Role of Perceived Realism”, Communication Research 37:3 (Abril 2010):375-399.
  10. 10. Haney, “Teenagers and Pornography Addiction: Treating the Silent Epidemic”, op. cit.
  11. 11. Internet Filter Review, “Internet Pornography Statistics”: http://www.toptenreviews.com/internet-pornography-...
  12. 12. Saco et al., “Sexting”, op. cit.
  13. 13. Ian O’Donnell y Claire Milner, Child Pornography: Crime, Computers, and Society (Portland, Ore.: Willan Publishing, 2007); Michelle Lillie, “The Connection Between Sex Trafficking and Pornography”: http://humantraffickingsearch.net/wp/the-connection-between-sex-trafficking-and-pornography/.
  14. 14. La mayoría de los países tienen leyes contra la producción, posesión, distribución, recepción o posesión con el intento de distribuir pornografía, en especial cuando involucra a menores (los menores de 18). Las visitas repetidas a sitios web de pornografía infantil indican un patrón de conducta y pueden ser usados como evidencia en juicio. Los adultos que permiten que los niños vean pornografía (ya sean adultos con consentimiento que participen de actos pornográficos o de menores que hagan lo propio) pueden ser culpables de negligencia y de poner en peligro a los niños. Por más información, véase: Departamento de Justicia de los Estados Unidos, “Citizen’s Guide to U.S. Federal Law on Child Pornography”, https://www.justice.gov/criminal-ceos/citizens-guide-us-federal-law-child-pornography. Más de 115 países ahora participan de una capacitación del Centro Internacional de Niños Desaparecidos y Explotados para saber cómo hallar y procesar a los depredadores sexuales:https://www.justice.gov/criminal-ceos/citizens-gui...
  15. 15. Natasha Petty Levert, “A Comparison of Christian and Non-Christian Males, Authoritarianism, and Their Relationship to Internet Pornography Addiction/Compulsion”, Sexual Addiction & Compulsivity 14:2 (Mayo 2007):145-166.
  16. 16. Ibíd.
  17. 17. Jesse Abell, Timothy Steenbergh, and Michael Boivin, “Cyberporn in the Context of
  18. Religiosity,” Journal of Psychology and Theology 34:2 (Junio 2006):165-171.
  19. 18. Levert, “A Comparison of Christian and Non-Christian Males, Authoritarianism, and Their Relationship to Internet Pornography Addiction/Compulsion”, op. cit.
  20. 19. Mark Laaser and Louis Gregoire, “Pastors and Cybersex Addiction”, Sexual and Relationship Therapy 18:3 (Agosto 2003):395-404.
  21. 20. Paul Cannon y Carol Cannon, “Stranger in the House: Living with a Sexual Addict”, Vibrant Life 94:5 (Septiembre/Octubre 1994):22, 23.
  22. 21. David Delmonico y Patrick Carnes, “Virtual Sex Addiction: When Cybersex Becomes the Drug of Choice”, Cyberpsychology & Behavior 2:5 (Febrero 1999):457-463.
  23. 22. Ibíd.; Martha Turner, “Uncovering and Treating Sex Addiction in Couples Therapy”, Journal of Family Psychotherapy 20:2-3 (Julio 2009):283-302.
  24. 23. Mark White y Thomas Kimball, “Attributes of Christian Couples With a Sexual Addiction to Internet Pornography”, Journal of Psychology and Christianity 28:4 (Diciembre 2009):350-359.
  25. 24. Ibíd.
  26. 25. Abell et al., “Cyberporn in the Context of Religiosity”, op. cit.
  27. 26. Los que luchan con la adicción a Internet a menudo son víctimas de algún tipo de trauma que ha violado e interrumpido su desarrollo emocional, físico, sexual o espiritual. Ese trauma produce una incapacidad de reconocer los límites normales, e incrementa su disposición a participar de conductas de riesgo. Véase Laaser y Gregoire, “Pastors and Cybersex Addiction”, op. cit.
  28. 27. Stephen James y David Thomas, Wild Things: The Art of Nurturing Boys (Carol Stream, Ill.: Tyndale House Publishers, 2009), pp. 316, 317.
  29. 28. Haney, “Teenagers and Pornography Addiction: Treating the Silent Epidemic”, op. cit.
  30. 29. Ibíd.