Gustavo Gregorutti

Las universidades adventistasy las todopoderosas clasificaciones

Las universidades adventistas sienten la presión de atraer más estudiantes debido al creciente ambiente competitivo de la educación superior. Aunque buscan distinguirse por medio de acreditaciones, premios y un personal docente exitoso, ha surgido una técnica nueva para mostrar sus ventajas competitivas: las clasificaciones académicas. Hay diversos medios y sitios web que clasifican a las universidades estadounidenses e internacionales.

El presente artículo repasa algunas de las clasificaciones e implicaciones para las universidades adventistas. En consecuencia, este análisis se guía por dos preguntas básicas.En primer lugar: ¿toman las clasificaciones realmente en cuenta la calidad? Y en segundo lugar: ¿Tenemos que usar esas clasificaciones para mantener y aumentar la matrícula de las instituciones adventistas? Las respuestas a estas preguntas pueden tener implicaciones estratégicas para el fortalecimiento de la educación superior adventista.

Las todopoderosas clasificaciones

Durante las últimas dos décadas ha existido una creciente tendencia de clasificar la educación superior. Esas clasificaciones evalúan una variedad de características, como por ejemplo la calidad académica, el costo, la diversidad en el campus, la ubicación y las oportunidades de investigación. La tendencia comenzó en los Estados Unidos con el U.S. News and World Report,1 y otras clasificaciones parecidas se han extendido nacional e internacionalmente. El primero en ofrecer comparaciones internacionales fue el Instituto de Educación Superior de la Universidad de Jiao Tong, en Shanghái (China), conocida como la Clasificación de Shanghái, que publica la Academic Ranking of World Universities (ARWU). Otros ejemplos son la Times Higher Education Rankings (2004) y la QS Stars University Rankings (2010).2. En tiempos recientes, el U.S. News and World Report ha creado su propia versión de “Universidades de Primera Categoría”. Aunque la organización de esas clasificaciones puede variar según el criterio que usen, en la mayoría de ellas se da mucha importancia a la productividad de sus investigaciones.

Las clasificaciones han tenido una profunda influencia e impacto global en medio de un gran espectro de reacciones.3 En primer lugar, se asume que son medidas precisas para confirmar que una universidad es buena.4 En segundo lugar, las instituciones académicas usan clasificaciones para promoverse. En tercer lugar, los legisladores usan clasificaciones para fomentar políticas, asignando más fondos a las instituciones que se dedican a la innovación del conocimiento para producir más trabajos.5 Varias políticas de evaluación del gobierno han destacado la productividad de la investigación como característica que define a las universidades principales que se esfuerzan por alcanzar puestos destacados.6

Volvamos, sin embargo, a la primera pregunta: ¿Pueden las clasificaciones actuales ser una herramienta aceptable para evaluar la calidad de una universidad? ¿Cuáles son algunas de las incongruencias de estas clasificaciones?

Desafíos de las clasificaciones actuales

Es importante aclarar que las clasificaciones y las evaluaciones son conceptos diferentes, aunque estén interconectados. Cuando se evalúa a una universidad, se la mide respecto de un conjunto de puntos de referencia que una organización, como las de acreditación, acuerda usar para el control de calidad. Los programas académicos dentro de una universidad o la universidad en general pueden cumplir con las normas evaluadas en distintos grados dentro de la escala de aprobación-reprobación. Muchos de los indicadores de evaluación son cualitativos y, por ello, su intención es servir de guía para llevar todo el tiempo a las instituciones hacia perspectivas complejas de la calidad. Las clasificaciones también establecen indicadores cuantitativos que permiten comparar instituciones similares. Estos puntos de referencia son combinados en un índice para clasificar a las instituciones en una escala que puede ir, por ejemplo, del 0 al 100.

Aunque las clasificaciones pueden ser útiles para determinar el nivel regional o aun internacional de una institución, estas son controvertidas y no son neutrales. ¿Qué tipo de indicadores son usados para clasificar a las universidades? Las Tablas 1 y 2 muestran parámetros globales y su importancia en dos escalas de clasificación muy influyentes.

En el caso de la Academic Ranking of World Universities (ARWU, Tabla 1), muchos de sus puntos de referencia están asociados con la investigación. Desafortunadamente, muchos estudios han revelado incongruencias importantes en la manera de elegir los criterios,7 y también algunos errores en los indicadores.8 Las universidades pueden clasificar de maneras muy diferentes según los indicadores y la importancia dada a cada uno. La Times Higher Education Rankings y la QS Stars University Rankings también están orientadas a la investigación, usándola como indicador principal de calidad, aunque además han incorporado la docencia, entre otros factores.

En el contexto estadounidense, el U.S. News and World Report también tiene un gran conjunto de clasificaciones de pregrado que son diferentes en muchos aspectos de los internacionales. Como se muestra en la Tabla 2, la investigación no es considerada en la clasificación institucional. El sistema de clasificación depende de la reputación, selectividad, recursos para la facultad y los estudiantes, retención de graduación y conexión de graduados con la universidad.

La elección e implementación de indicadores de calidad puede representar un problema para los modelos universitarios existentes, porque las clasificaciones reflejan el patrón actual en la educación terciaria, y esos patrones pueden no alinearse con la misión de la universidad. No están mal si los indicadores son presentados como una opción posible, y no como el único modelo de calidad de la educación superior. A continuación, se presentan varias razones para ello.

1. ¿Es posible para todas? Aunque las universidades tienen que promover y desarrollar la investigación, no todas tienen los recursos para publicar las revistas académicas más citadas y selectas, o ganadores del Premio Nobel, dado que esa meta requiere de instituciones con buen equipamiento y financiación. Es posible para las universidades que publican libros eruditos o revistas en inglés, tienen los mejores laboratorios y equipos de investigación, atraen a una amplia gama de los mejores investigadores nacionales e internacionales, y cuentan con un sólido compromiso institucional a las ciencias aplicadas. ¿Cuántas instituciones cumplen con esa descripción? Estados Unidos es el país que ocupa el primer lugar en las clasificaciones, y aun así, solo algunas universidades pueden competir por los primeros puestos.9

2. ¿Qué decir de los modelos diferentes de educación? Hay miles de instituciones de capacitación que no desarrollan una misión dedicada o diseñada para contribuir mediante la investigación y los descubrimientos científicos. ¿Es eso incorrecto o un fracaso? Todo depende de los modelos y propósitos institucionales. Las universidades adventistas son un buen ejemplo de instituciones con misiones que no están alineadas con los elementos fundamentales de muchas clasificaciones. Aunque las universidades investigadoras ocupan un papel vital en la economía y el clima social, podemos preguntarnos, ¿es posible y factible financieramente que todas las universidades adventistas participen en actividades de investigación intensiva? Asimismo, un gran problema con las clasificaciones es que suelen facilitar el isomorfismo institucional (la copia mutua) por encima de universidades que no se adaptan a ese modelo, por lo que reciben una clasificación más baja.10 Eso tiene implicaciones prácticas que pueden afectar algunos de los propósitos de la educación secundaria adventista.

3. ¿Qué de los demás indicadores de desempeño? Muchas de las clasificaciones más influyentes no toman en cuenta, por ejemplo, la participación en la comunidad, los resultados del aprendizaje y el impacto de los graduados en la sociedad. Estos son componentes muy importantes que reflejan la misión de cada universidad. Indudablemente, las universidades son lugares para preparar profesionales que puedan contribuir a sus disciplinas, pero al mismo tiempo, tienen que esforzarse por enseñarle a sus estudiantes los valores que marcarán un impacto en sus comunidades, mejorándolas no solo en descubrimientos sino también en innovación tecnológica. Kronman11 argumenta que la mayoría de universidades de los Estados Unidos han perdido la dimensión de “el significado de la vida”. Eso significa que se han convertido en escuelas de capacitación profesional, ignorando otros aspectos importantes de la educación, tales como la inculcación de valores morales y espirituales. Muchas de las instituciones que no aparecen en ningún tipo de clasificación contribuyen a sus comunidades de innumerables maneras que no son clasificadas.12 Por ejemplo, funcionan como un “igualitario” social dándole oportunidades a los estudiantes pobres y con menos educación a ser profesionales de clase media. Al igual que otras instituciones pequeñas, las universidades adventistas cumplen con esto. Es importante enfatizar que en muchos casos, las organizaciones que dan a conocer las clasificaciones están dedicadas a ese negocio. Por ejemplo, las revistas como U.S. News and World Report venden más anuncios y reciben más financiamiento externo si atraen la atención de estudiantes, padres y universidades. Las instituciones buscan maneras de distinguirse. Los padres y estudiantes preocupados por el costo de matrícula buscan indicadores que les permitan tomar la mejor decisión o hacer, como suele decirse, la mejor inversión. Los que administran las clasificaciones reconocen esto, y trabajan arduamente para responder a esas preocupaciones. Por ahora, estas estrategias parecen funcionar.

Cómo reaccionar

¿Qué pueden hacer las universidades adventistas para enfrentar esas poderosas fuerzas? Para responder al aumento de la demanda de evidencias de calidad, es importante poner las clasificaciones en perspectiva y ver cómo afectan a las instituciones respecto de (1) las decisiones de los estudiantes; y (2) las estrategias institucionales.

Las decisiones de los estudiantes. Hace poco, el Consejo Estadounidense de Educación (ACE) publicó un estudio exhaustivo13 que permite observar diferentes patrones sobre la manera en que los estudiantes toman decisiones, y esto puede ayudar a que las universidades desarrollen estrategias proactivas. A continuación, se resumen algunos de los descubrimientos claves:

1. Tipo y cantidad de estudiantes que usan las clasificaciones. El informe mostró que, de acuerdo con algunos de los primeros estudios, las clasificaciones eran importantes para los estudiantes de familias de altos ingresos y de origen asioamericano que tienen padres con títulos universitarios. Esos estudiantes eran personas exitosas, solían enviar solicitudes a varias instituciones, y era más probable que asistieran a universidades de primer nivel. Los solicitantes más calificados se mostraron propensos a buscar instituciones de alta clasificación. Esta investigación confirma que las instituciones de buen nivel atraen a estudiantes que se aproximan a su perfil.

A pesar de ello, en un estudio reciente que buscó determinar la influencia de las clasificaciones, el Instituto de Investigación en Educación Superior de la Universidad de California en Los Ángeles reveló que solo una cuarta parte de los estudiantes reportaron que las clasificaciones eran muy importantes para ellos. Asimismo, el informe del ACE mencionó que varios estudios muestran que del setenta por ciento de los estudiantes exitosos que verifica las clasificaciones solo la mitad toma decisiones basadas en esas clasificaciones. Parece que ni la mayoría de los estudiantes más inteligentes están basando sus decisiones de acuerdo a las clasificaciones.

2. ¿Qué motiva las decisiones de los estudiantes? Aunque las clasificaciones y el prestigio influyen, el mismo informe destaca la importancia de aspiraciones educacionales, la participación y comunicación con los padres, colegas, redes sociales y ayuda financiera ofrecida en las universidades para que los estudiantes tomen decisiones informadas de la institución donde piensan matricularse. Esto también se aplica a los estudiantes de bajos ingresos, que representan un porcentaje significativo de los que se matriculan en las universidades adventistas.14 Según ese estudio, hay una mayor probabilidad de que los integrantes de ese grupo tomen la decisión y se matriculen en una determinada institución basándose en el apoyo de la familia, los consejeros de la secundaria, los promotores universitarios y la información obtenida por medio de publicaciones y sitios web. Para ese grupo, el costo y la ubicación eran factores fundamentales a la hora de elegir una universidad. Lo mismo se aplica a estudiantes de bajos ingresos altamente calificados de diversos trasfondos culturales y raciales. El acceso a la información y la comunicación con potenciales estudiantes parecen ser fundamentales a la hora de tomar la decisión de matricularse en un programa. Como afirma el informe del ACE: “Sobre la base de datos actualizados del Instituto de Investigación de Educación Superior, las clasificaciones no son la fuerza que motiva las decisiones de los estudiantes respecto de la institución a la que piensan asistir, y es aún menos relevante para los estudiantes de familias de bajos ingresos. Las influencias más destacadas incluyen la participación y el apoyo de la familia, los colegas y otras redes, y los recursos institucionales y de educación secundaria que funcionan en las instituciones, lo que incluye los son personalizados”.15

Está claro que a cierto nivel las clasificaciones contribuyen para que las instituciones atraigan y matriculen estudiantes. Sin embargo, como mencionamos anteriormente, otros factores importantes pueden resultar significativamente más influyentes. Esto da esperanza a las universidades adventistas.

Estrategia institucional. ¿Hay valor para la educación adventista en esas clasificaciones? ¿Cómo pueden beneficiar a las universidades? Las instituciones pueden reflexionar en esto dentro de al menos tres perspectivas abarcadoras, a saber: (1) aceptando las clasificaciones como una medida exacta de calidad; (2) rechazando las clasificaciones como irrelevantes; y (3) evaluándolas con detenimiento y usando esos resultados de manera responsable. Las primeras dos opciones indican una falta de comprensión del funcionamiento de las clasificaciones y su influencia sobre las personas y las instituciones. La tercera opción representa un enfoque más sabio. Implica que, aunque las universidades no estén de acuerdo con los indicadores y los resultados generales, pueden usarlos juiciosamente como herramientas de promoción. Las escuelas pueden mejorar sus clasificaciones o posición respaldando una estrategia proactiva para promover algunos indicadores que estén alineados con su misión institucional. Por ejemplo, la mejora de los índices de graduación y retención (ver Tabla 2) es un factor importante de calificación para el USNWR, y también significa un resultado positivo para cualquier universidad. Lo mismo se aplica a las donaciones de los exalumnos y la expansión de las investigaciones. Otros indicadores pueden resultar más controvertidos, como por ejemplo la selectividad. En los Estados Unidos, todas las instituciones desean tener los mejores estudiantes, pero escogerlos mayormente según los resultados de los exámenes ACT y SAT acaso no sea una medida justa. Hay prácticas alternativas y complementarias que pueden producir mejores resultados a largo plazo si la meta es servir al público adventista. En último término, es una decisión institucional.

Otra manera práctica que tienen las instituciones de usar las clasificaciones de manera que las beneficie es al informar en folletos y páginas web cualquier aspecto de programas premiados o categorizados que resalten las características particulares de la institución. También es útil para las instituciones que no pueden ser clasificadas en una posición general por medio de un sistema de clasificación. Por ello, es beneficioso usar diferentes tipos de clasificaciones que deriven de una amplia gama de criterios de calidad. En otras palabras, ¡lo que no es visible en una puede ser visible en otra!

Al mismo tiempo, las universidades pueden desarrollar estrategias no convencionales para compensar por algunas de las percepciones negativas que fomentan las clasificaciones. Mediante una página web o folletos promocionales, las instituciones pueden describir de qué manera se preparan las clasificaciones y cuáles son los criterios usados para evaluar la calidad. Esto los ayudará a explicar y promover los factores positivos inherentes a la educación superior adventista. Algunas instituciones promueven esto como una estrategia clave. Puede ser llamado “criterios de calidad adicionados” para estudiantes potenciales. Algunas áreas potenciales en las cuales necesitan enfocarse las instituciones son:

1. Propósito. La misión adventista no implica tan solo preparar a las personas para el empleo y el éxito económico, sino que también tiene que inculcar una cosmovisión cristiana. La educación adventista no rechaza la dimensión espiritual del aprendizaje solo porque sea difícil medirla científicamente. Expone a los estudiantes a todo elemento de la realidad y busca desarrollar personas integrales que acepten una cosmovisión bíblica cultivada por medio de experiencias tales como los cultos estudiantiles, diversos seminarios, los cultos de adoración, clases reducidas y la atención personalizada. Para adoptar e integrar los principios bíblicos a sus vidas, los estudiantes necesitan una relación personal con Dios. La meta principal es redentora. En este proceso de desarrollo del carácter, los jóvenes adoptan valores que ejercen un impacto sobre sus prácticas profesionales y estilo de vida. Las instituciones adventistas orientan a los estudiantes para integrar sus valores personales y profesionales. El propósito de la educación adventista, por lo tanto, puede contribuir a que los estudiantes desarrollen una cosmovisión que influya sobre todas sus dimensiones profesionales y personales. Las universidades públicas también buscan maneras de ejercer un impacto sobre sus estudiantes, pero el enfoque suele ser humanista, y ofrecen un énfasis excesivo en la investigación y los productos profesionales, que son considerados el futuro de los estudiantes y la sociedad. ¡La educación adventista ofrece algo significativamente diferente!

2. Plan de estudios. Las universidades seculares integran la literatura y el conocimiento con enfoques materialistas, lo que significa que la orientación expresada por libros sagrados tales como la Biblia ha sido relegada frente a los argumentos científicos y humanistas. Estas obras, sin embargo, necesitan ser estudiadas como un recurso de sabiduría para la vida. En las universidades adventistas, el plan de estudios combina la ciencia y la fe de manera complementaria, en lugar de excluir una fuente legitima de información. La fe es integrada en todas las asignaturas del plan de estudios, brindando a los estudiantes muchas oportunidades de incrementar su comprensión de la influencia de la fe sobre sus decisiones y elecciones. La participación en actividades académicas o extracurriculares reafirma la importancia de la relación personal entre Dios y el estudiante. Este enfoque ayuda para que los estudiantes sean más sabios, ejerciendo un impacto sobre sus vidas y crecimiento profesional. Elena G. White enfatizó este punto cuando escribió: “La fuerza de nuestro colegio estriba en mantener el predominio del elemento religioso”.16 Por medio del plan de estudio, las universidades adventistas tienen la oportunidad de crear ambientes donde los estudiantes pueden experimentar la renovación de la mente y entender y actuar sobre la base de presuposiciones bíblicas, gracias a una relación personal con Dios.

3. Docencia. Los miembros del personal docente desempeñan un papel clave no solo por lo que enseñan sino también por lo que representan en sus propias vidas como cristianos activos. Los docentes necesitan encarnar la misión institucional para evitar la difusión de mensajes contradictorios a los estudiantes que buscan un modelo basado en ejemplos vivos. Necesitan aconsejar y orientar a los estudiantes durante el proceso de aprendizaje, y ayudarlos a adaptarse a la vida real, animándolos a que entreguen sus corazones a Cristo. Al mismo tiempo, los docentes necesitan ser profesionales apreciados que contribuyan a su comunidad académica y profesional, y que fomenten la excelencia académica en los estudiantes.

4. Estudiantes. La mayoría de los estudiantes reconocen la importancia de una dimensión espiritual en sus vidas, y quieren mejorarla mediante la interacción con profesores, amigos y experiencias extracurriculares tales como los cultos estudiantiles y de adoración que ofrece la universidad. La educación superior permite que los estudiantes modifiquen su comprensión de sus necesidades personales y profesionales, y que se adapten a nuevos desafíos. Todo esto se produce en el contexto de la disciplina que han escogido, enriqueciendo así su desempeño profesional futuro. Los estudiantes tienen que salir de la universidad con un claro sentido de una misión que esté basada en una cosmovisión bíblica y un compromiso con el servicio. Esto brinda a los graduados un sentido de moralidad que es fundamental para la sociedad y la economía actuales, y los ayuda a participar de la gran comisión evangélica.17

5. Interacción con la cultura. Las universidades adventistas tienen que esforzarse por posicionarse como defensoras regionales, nacionales o aun internacionales de una visión proactiva del paradigma que adopten. Las universidades se convierten en organizaciones que ejercen un impacto científico y social que producen cambios positivos en los estudiantes y las comunidades. Las instituciones se convierten, básicamente, en una contracultura que busca influir todas las dimensiones de los emprendimientos humanos.

Estas son algunas de las contribuciones reales que llevan a cabo muchas de las universidades adventistas, y que en muchos casos pueden pasar desapercibidas por los estudiantes y los potenciales entes involucrados. Por ello, con ejemplos y estudio de casos que ilustren los “criterios de calidad adicionados”, las instituciones pueden demostrar mejor su calidad.

Pensamientos finales

Aunque el número de clasificaciones está creciendo, y estas comparaciones ejercen un impacto sobre las universidades adventistas de diversas partes del mundo, también hay evidencias de que las instituciones pueden preparar sus propios modelos y estrategias para atraer a nuevos estudiantes. La presión de adaptarse es grande, y puede distorsionar los paradigmas y misiones esenciales que proveen la lógica para administrar una universidad tal como las que opera la Iglesia Adventista del Séptimo Día.18 Hay una necesidad de ser explícitos a la hora de explicar la manera en que las clasificaciones pueden servir de herramienta de promoción estratégica para ponerse en contacto con potenciales estudiantes. El desafío más grande que tienen las universidades adventistas es saber exactamente cómo hacer frente a la presión de conformarse con las modas de turno y seguir siendo relevantes sin comprometer sus valores fundamentales.

Este documento ha pasado por la revisión de pares.

Gustavo Gregorutti

Gustavo Gregorutti, PhD, es profesor de Liderazgo y Educación Superior en la Universidad Andrews, en Berrien Springs (Míchigan, Estados Unidos). El doctor Gregorutti ha enseñado y ha trabajado como administrador en varios países, en diferentes niveles de la educación adventista. Sus investigaciones incluyen temas tales como la productividad de las investigaciones docentes, la certificación de la calidad, y los estudios comparativos en educación superior. Ha escrito diversos artículos, capítulos y libros, y actualmente cursa un segundo doctorado en educación superior en la Universidad Humboldt, en Berlín (Alemania). Su dirección electrónica es ggregoru@andrews.edu.

Notas y referencias

  1. El U.S. News and World Report (USNWR) comenzó sus clasificaciones de universidades a principios de la década de 1980. Por mayor información, vea “About U.S. News & World Report”, U.S. News & World Report, en http://www.usnews.com/info/features/about-usnews?int=a60f09.
  2. Las clasificaciones Times Higher Education World University Rankings y QS Stars University Rankings estaban asociadas, pero se separaron en 2010. Esta última ha comenzado su propia clasificación.
  3. Simon Marginson y Marijk van der Wende, “To Rank or to Be Ranked: The Impact of Global Rankings in Higher Education”, Journal of Studies in International Education 11:3–4 (Otoño-Invierno 2007), pp. 306-29, doi: 10.1177/1028315307303544.
  4. E. Anthon Eff, Christopher C. Klein y Reuben Kyle, “Identifying the Best Buys in U.S. Higher Education”, Research in Higher Education 53:8 (Diciembre 2012), pp. 860-87, doi: 10.1007/s11162-012-9259-2.
  5. Andrejs Rauhvargers, Global University Rankings and Their Impact: EUA Report on Rankings (Bruselas: Asociación de Universidades Europeas, 2011).
  6. Anthony F. J. van Raan, “Fatal Attraction: Conceptual and Methodological Problems in the Ranking of Universities by Bibliometric Methods”, Scientometrics 62:1 (2005), pp. 133-43.
  7. Robert B. Archibald y David H. Feldman, “Graduation Rates and Accountability: Regressions versus Production Frontiers”, Research in Higher Education 49:1 (Febrero 2008), pp. 80-100, doi: 10.1007/s11162-007-9063-6; John F. Burness, “The Rankings Game: Who’s Playing Whom?”, The Chronicle of Higher Education 55:2 (Septiembre 2008), p. A80; James E. Eckles, “Evaluating the Efficiency of Top Liberal Arts Colleges”, Research in Higher Education 51:3 (Mayo 2010), pp. 266–93, doi: 10.1007/s11162-009-9157-4.
  8. Mu-Hsuan Huang, “A Comparison of Three Major Academic Rankings for World Universities: From a Research Evaluation Perspective”, Journal of Library and Information Studies 9:1 (Junio 2011), pp. 1-25.
  9. Ellen Hazelkorn, Rankings and the Reshaping of Higher Education: The Battle for World-Class Excellence (seg. ed.) (Basingstoke, GBR: Palgrave Macmillan, 2015).
  10. Gustavo Gregorutti, Following the Path from Teaching to Research University: Increasing Knowledge Productivity (Newcastle, Reino Unido: Cambridge Scholars Publishing, 2011).
  11. Anthony T. Kronman, Education’s End: Why Our Colleges and Universities Have Given Up on the Meaning of Life (New Haven, CT: Yale University Press, 2007).
  12. Por más detalles, véase Catherine Rampell, “Top Colleges for Producing Graduates Who Make the World a Better Place”, The Washington Post, 11 de septiembre de 2014, https://www.washingtonpost.com/news/rampage/wp/2014/09/11/top-colleges-for-producing-graduates-who-make-the-world-a-better-place/?utm_term=.e954a45f99a1.
  13. El Programa Cooperativo de Investigación Institucional (CIRP), que forma parte del Consejo de Investigación en Educación Superior, ha llevado a cabo el estudio nacional más abarcador y empírico sobre educación superior en los Estados Unidos, recolectando desde 1973 información de más de 1900 instituciones, 15 millones de estudiantes y más de trescientos mil docentes. Lorelle L. Espinosa, Jennifer R. Crandall y Malika Tukibayeva, Rankings, Institutional Behavior, and College and University Choice Framing the National Dialogue on Obama’s Ratings Plan (Washington, DC: American Counsel on Education, 2014).
  14. Ibíd., 2.
  15. Ibíd.
  16. Elena G. White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 14.
  17. George R. Knight, “Adventist Education and the Apocalyptic Vision” (seg. parte), The Journal of Adventist Education 69:5 (Verano 2007), pp. 4-9.
  18. Gregorutti, Following the Path.