Leslie R. Martin

Cómo ayudar a los niños a ser socios efectivos de su propia salud

Para muchos, pensar en visitar al médico puede generar nerviosismo, ansiedad o aun temor. Ya sea que el consultorio del médico se encuentre en un edificio de muchos pisos, en una pequeña clínica en un país en desarrollo o en un lugar aledaño a la escuela, la posibilidad de sentirse abrumado por tener que acudir al médico, es la misma. ¿Por qué sucede esto? ¿Puede hacerse algo para mejorar la interacción entre los profesionales médicos y los pacientes? ¿Qué función puede jugar la educación para enseñar a los niños cómo comunicarse con los que brindan atención médica?

Las investigaciones indican claramente que los médicos y los pacientes alcanzan mejores resultados cuando existe buena comunicación entre sí, y cuando los pacientes participan activamente.1 No solo los pacientes (y los proveedores de la atención) se sienten más satisfechos, sino que la fidelidad al tratamiento prescrito mejora, disminuyen las complicaciones y los resultados son más positivos. Tanto el Consejo de Acreditación de Educación Médica de Posgrado (http://www.acgme.org) como la Asociación de Colegios Estadounidenses de Medicina (http://www.aamc.org) han reconocido formalmente el papel fundamental de la comunicación entre el personal médico y los pacientes. Sin embargo, a pesar de la abrumadora evidencia respecto de su importancia, no todos los proveedores de salud son grandes comunicadores, y muchos pacientes no participan activamente en la atención de su propia salud, ya sea porque no saben cómo hacerlo o porque temen ser catalogados como pacientes difíciles. Además de la preocupación por su problema de salud, les puede resultar difícil interactuar con el personal médico.

Esos patrones comienzan temprano en la vida. Por ello tiene mucho sentido enseñar a los niños desde pequeños cómo interactuar con los profesionales médicos. Este artículo bosqueja un marco práctico para comprender qué es lo que impulsa la participación, y brinda recomendaciones específicas para ayudar a que los niños y adolescentes desarrollen sus habilidades. Las sugerencias están centradas en el salón de clases, pero muchas se aplican también al ámbito del hogar. Por ello se anima a los docentes y a otros miembros del personal (por ej., consejeros, enfermeras escolares) a que trabajen con los padres para determinar maneras apropiadas de ayuda a grupos específicos.

Una razón por la cual las personas experimentan dificultades al interactuar con los clínicos es la convicción de que tienen poco que contribuir debido a que carecen de capacitación técnica en las profesiones de salud. En efecto, puede ser un desafío dialogar con un especialista. A ese problema, se suma que las visitas médicas a menudo son apresuradas, se producen en ambientes no familiares, y pueden incluir nuevos conceptos y terminologías. Los pacientes pueden distraerse por experiencias incómodas, o el estrés asociado con los procedimientos en sí.

Esas ansiedades suelen ser más pronunciadas en los niños,2 cuyas aflicciones se manifiestan de diversas maneras: llanto, agresión y falta de cooperación,3 además de otras conductas que interfieren en la tarea de brindar atención médica y revelan lo desagradable que es la experiencia para el joven paciente. No obstante, debido a las evidencias empíricas de los beneficios de la buena comunicación, es importante hallar maneras de alentar la participación activa de los pacientes. El punto de partida es saber cómo comunicarse efectivamente con los proveedores de atención médica, aun en el caso de los niños.4

Adquirir esas habilidades de comunicación puede resultar más fácil de lograr temprano en la vida, que años más tarde. Los niñitos muy pequeños –incluso de dos años– pueden comunicar algunas de sus propias necesidades de salud,5 y los datos indican que la información que brindan los niños mayores y adolescentes, combinada con las observaciones de los padres, pueden contribuir a que los profesionales médicos mejoren la atención.6

Una razón por la cual las personas experimentan dificultades al interactuar con los clínicos es la convicción de que tienen poco que contribuir.

Las experiencias de la niñez están asociadas con resultados posteriores, dado que en esa etapa se establecen patrones y se adquieren hábitos. Esto se aplica a muchas áreas, lo que incluye la salud.7 Numerosos estudios muestran que los hábitos de salud relacionados con la dieta, el ejercicio y la higiene dental comienzan muy temprano en la vida,8 pero poco se ha investigado específicamente sobre el establecimiento temprano de una buena mayordomía de la salud en el contexto de la interacción con el personal médico. ¿Qué podemos hacer para inculcar esas importantes habilidades de comunicación individual? ¿Qué técnicas son las más relevantes para los jóvenes, y cuál es la mejor manera de ejemplificarlas y transmitirlas?

Información, motivación y estrategias

Al igual que cualquier otra persona, los niños necesitan tres cosas específicas para cambiar sus conductas de salud.9 En primer lugar, necesitan información; si no entienden lo que deberían hacer, es casi imposible que lo hagan. En segundo lugar, necesitan motivación; no es suficiente saber qué hacer; también necesitan tener deseos de hacerlo. En tercer lugar, necesitan estrategias que puedan ayudarlos a vencer barreras y lograr los objetivos que se han propuesto. Examinemos cada uno de estos puntos con más detenimiento.

Información

El primer elemento requerido contiene dos partes: dar y recibir. Aun para los adultos puede resultar un desafío brindar información sucinta y exacta a los médicos, enfermeros u otros que les preguntan sobre sus síntomas, si bien el obtener esa información resulta imperativo para esos clínicos. Como en la mayoría de las cosas, verbalizar la información sobre la salud propia se torna más fácil con la práctica, y “normalizar” esos tipos de intercambios hará que por lo general produzcan menos ansiedad. Asimismo, resulta útil tener un vocabulario apropiado. Por lo tanto, las siguientes recomendaciones pueden resultar útiles para los docentes, enfermeros escolares y también para los padres:

  1. Dé a los estudiantes los nombres correctos de las partes del cuerpo y sus funciones, en lugar de crear designaciones imaginarias para remplazar la terminología apropiada.
  2. Cuando los estudiantes hagan preguntas sobre las partes del cuerpo o sus funciones, ofrezca respuestas simples, directas y adaptadas a cada edad; no desaliente las preguntas ni transmita ansiedad o vergüenza al analizar el cuerpo humano.
  3. Dirija información según el nivel de desarrollo de sus alumnos. Por ejemplo, los estudios muestran que los niños de hasta cinco años identifican los medicamentos por su forma, color y gusto. A partir de los seis, es probable que comiencen a reconocer marcas e identificar la función terapéutica del medicamento (por ej., “medicamento para la tos”). A partir de los diez años, los niños pueden entender explicaciones más complejas sobre los medicamentos y su uso.10 Por ello, la pregunta de un niño sobre por qué tiene que tomar determinado medicamento incluirá por lo general explicaciones simples de cómo le ayudará a su cuerpo, mientras que la misma pregunta de parte de un adolescente requerirá información más detallada sobre la prognosis y posibles consecuencias a la presencia o ausencia del medicamento.
  4. Use los recursos disponibles para mejorar el conocimiento de los estudiantes y el suyo propio (véase anexo). Una fuente en línea particularmente buena es el sitio kidshealth.org, de Nemour. Este sitio cuenta con recursos para los padres, los niños y los adolescentes, que incluyen diccionarios, juegos, exámenes breves, películas, consejos y recetas. Los materiales están disponibles en inglés y en español. Otros recursos excelentes son healthychildren.org (para padres) y cdc.gov/family/kidsites (para adolescentes y familias; en inglés). Hacer que los jóvenes sean conscientes de recursos de salud en línea y motivarlos a que los usen como parte del currículum escolar en el área de salud son tareas importantes que fomentan el alfabetismo sobre salud.11

Dado que los niveles de ansiedad suelen ser elevados durante una visita al médico, la terminología médica puede ser menos familiar, y los encuentros pueden producirse rápidamente; también puede resultar un desafío captar la información que uno recibe. Quizá la preparación más importante es ayudar a que los niños se sientan cómodos haciendo preguntas y avisando cuando algo no les queda claro (también suele ser difícil para los adultos). La siguiente técnica permitirá que los niños se sientan más cómodos haciendo preguntas:

• Inserte una palabra no familiar en un juego de roles, fomente que se formulen preguntas sobre el significado de la palabra, y entonces refuerce positivamente sus indagaciones. Es importante fortalecer las habilidades de ellos; el juego de roles no siempre tiene que estar relacionado con la salud.

• Cuando los niños se sientan cómodos buscando información, amplíe la práctica al incluir otros desafíos, tales como respuestas no claras o apresuradas.

También puede ser difícil llevar un registro de los datos importantes que constituyen la información; por ello, son útiles las ayudas para la memoria. He aquí algunas recomendaciones para que los niños sean buenos consumidores de información:

  1. Analice lo que probablemente suceda durante una visita al médico. Si se tiene disponible un equipamiento médico básico (por ej., depresores de lengua, un estetoscopio, un esfigmomanómetro), puede usarse para ejemplificar o aun “practicar” la visita. También se puede hablar de algunos de los aspectos de la visita que más ansiedad provocan. Puede ser muy útil invitar al enfermero escolar o a otro profesional médico al salón de clases, porque ellos pueden compartir lo que saben y de esa manera mitigar la ansiedad.
  2. Ayude a que los niños formulen sus preguntas de antemano; pueden hacerlo por escrito, para luego compartirlas con el clínico. Los niños mayores y adolescentes pueden llevar la lista como recordatorio de lo que tienen que preguntar. Los maestros –o enfermeros escolares– pueden orientar a los padres para preparar una lista de preguntas o preocupaciones especiales relacionadas con las visitas médicas. En todos los casos, se debería animar a los niños para que se muestren abiertos con los doctores. No hay preguntas “malas” o “tontas”; si el niño tiene una preocupación o si algo resulta confuso, la pregunta es válida.
  3. Incentive a los niños a tomar nota. En el caso de niños mayores o adolescentes, pueden tomar notas durante el encuentro médico (o inmediatamente después, si es imposible hacerlo durante la interacción). Aun apuntar unas pocas palabras claves puede marcar una diferencia. Si eso no es factible, se puede pedir al médico que entregue una hoja impresa donde resuma la visita y sus recomendaciones.

Motivación

Cada individuo suele saber lo que quiere –lo que encuentra motivador– mejor que cualquier otra persona. En ese sentido, los niños no son diferentes. Tienen preferencias definidas, por lo que hallar los objetivos y las recompensas correctos puede mejorar notoriamente los resultados de salud.12 Hablar con los niños y adolescentes sobre sus intereses y preocupaciones puede brindar perspectivas claras sobre lo que impulsa sus conductas; esto no solo es útil que lo sepan los padres, maestros y profesionales de salud, sino que, cuando los jóvenes aprenden a reconocer por sí mismos y a canalizar sus energías, la motivación resultante es poderosa.

Una estrategia probada para introducir cambios en la conducta implica dividir las tareas en otras más simples y pequeñas.

Los maestros, consejeros, enfermeros escolares y otros adultos confiables sirven como modelos para los estudiantes. Mostrarles qué implica el interés en la salud propia al ser modelo de buenas conductas puede ser más poderoso que las palabras. He aquí algunas pautas para motivar a los jóvenes por medio de acciones en las que usted se constituya como modelo:

  1. Elija para usted mismo alimentos sanos y analice sus elecciones con los estudiantes. Ellos notan qué comen los adultos. Lo que consume el maestro (u otros adultos que trabajan en la escuela) puede dar un ejemplo de comidas saludables. La discusión sobre las buenas elecciones también puede ser incorporada informalmente en otros temas, tanto dentro como fuera del salón de clases (por ej., compartir los detalles de la comida durante una celebración especial o una nueva receta).
  2. La preparación de alimentos saludables, ya sea al seguir una receta o crear una combinación, puede resultar entretenida a la par que educativa. Es probable que esto se aprecie más en el hogar, pero también puede ser incorporado al salón de clases mediante proyectos simples relacionados con las festividades u otros eventos especiales. Según las instalaciones de las que se disponga, puede llevarse a cabo una aplicación más abarcadora en la clase de salud u otras materias afines. Los datos indican que enseñar sobre los alimentos como parte del currículum formal tiene un impacto que se extiende hasta la vida adulta.13 En todas las actividades del aula que incluyan alimentos, esté alerta para garantizar el bienestar del estudiante, lo que incluye enseñar seguridad ante incendios, cómo evitar quemaduras, cerciorarse sobre tipos de alergias, etc.
  3. Trate de incorporar actividades de “compras” en el currículum, esforzándose por enfocarse en lo positivo y evitar críticas abiertas a las elecciones de alimentos de las familias. Anime a los padres para que cuando salen a comprar alimentos incluyan a sus niños, y que inclusive les permitan escoger algunas opciones saludables para la familia.
  4. Para dar ejemplo de buena comunicación con el personal de salud, anime a los padres (quizá mediante un folleto o una carta) a que permitan que los niños los acompañen a algunas citas médicas, tales como las vacunaciones anuales de la gripe. Eso permite que los niños vean que los adultos interactúan de una forma activa y proactiva con los clínicos.

Estrategias

No es suficiente, sin embargo, saber qué hacer, o inclusive estar motivado para hacerlo. Las personas necesitan estrategias que los ayuden. Una estrategia probada para introducir cambios en la conducta implica dividir las tareas en otras más simples y pequeñas.14 Esto no solo permite la monitorización cuidadosa de los progresos, sino que también permite que uno experimente el éxito con mayor rapidez (mejorando así la autoeficacia, el sentido de que uno puede lograrlo, que es un importante predictor del éxito futuro).15 A continuación hay algunas ideas para ayudar a que los estudiantes creen objetivos alcanzables de conductas relacionadas con la salud.

  1. Pídale a los niños que escojan una conducta saludable específica, apropiada para su etapa evolutiva (por ej., comer al menos tres porciones de frutas o verduras por día) que les gustaría incorporar a la vida, o una meta que les gustaría alcanzar (por ej., correr 1600 metros en menos de ocho minutos). Entonces, divida la tarea en varias partes. Por ejemplo, en el caso de un niño que no come muchas frutas o verduras, puede pedir que coma solo una porción de frutas o verduras frescas antes de pasar a dos y finalmente tres. Si a un niño le lleva doce minutos correr 1600 metros, ponga un blanco que busque mejorar treinta segundos por semana, algo menos abrumador que reducir cuatro minutos completos en tan solo una clase. Los niños deberían participar a la hora de fijar los blancos, mostrándoles cómo ser responsables por las elecciones que influirán sobre su salud.
  2. Anime a que se lleven registros y se usen ayudas visuales. Escribir las cosas hace que todo se vea más concreto, y puede resultar gratificante ver los progresos al tildar los recuadros respectivos, o al colocar marcas en una planilla, o al ver líneas que van subiendo en una cuadrícula. Las tecnologías móviles que ayudan a llevar registros o monitorizar el desempeño propio se están volviendo cada vez más populares. Aunque aún no hay suficientes datos sólidos para indicar el grado de eficacia, los investigadores afirman que si estas tecnologías son útiles para un individuo, es probable que incrementen la motivación.16
  3. Refuerce el logro de objetivos de manera apropiada. A veces es suficiente recompensa simplemente alcanzar el objetivo, pero con algunos objetivos (o algunas personas), es más efectiva una recompensa externa.17 Asegúrese de que las recompensas sean consecuentes con los objetivos: no cometa el error de recompensar con un helado, el haber comido alimentos saludables.

A veces puede resultar difícil llevar registro de lo que se espera. Los apuntes y los recordatorios deberían ser incorporados a la vida del estudiante para minimizar los fracasos provocados simplemente por los olvidos. Los docentes y padres pueden ayudar a que los estudiantes monitoricen sus conductas y progresos de manera más efectiva. He aquí algunas ideas:

  • Anime a los niños para que pongan cosas en lugares donde puedan ser vistas y recordadas. Por ejemplo, guardar los zapatos de ejercicios cerca de la puerta o bocadillos saludables en el estante del refrigerador puede ser una manera fácil de reforzar las conductas que se desean alcanzar.
  • Enseñe a los niños a usar notas recordatorias. Pueden escribir las suyas propias y colocarlas donde les resulten útiles. Por ejemplo, una nota en el espejo del baño (“¡No te olvides de usar el hilo dental!”) o un cartel junto a la cama (“¡Haz ejercicios de respiración antes de acostarte!”)
  • Incorpore tecnologías para llevar registro como parte de la clase. Como se mencionó antes, ahora existen tecnologías que pueden ayudar a que las personas lleven registro de las conductas de salud y que además vuelven entretenida la tarea. Los docentes pueden incorporar los datos de esos dispositivos al currículum, tales como el uso de datos del podómetro en una clase de matemática o para llevar registro de las competencias en la clase de educación física. Los investigadores están desarrollando aplicaciones para alentar la fidelidad a todo tipo de actividades, desde los medicamentos hasta los estilos de vida saludable –algunas son muy especializadas, como por ejemplo las que se están desarrollando para los pacientes pediátricos trasplantados en el Hospital de Niños de Boston–.18 Las aplicaciones buscan adaptarse a diferentes grupos etarios y diversas cuestiones médicas; en efecto, tarde o temprano se adaptarán al usuario según vayan cambiando sus necesidades. ¡Manténgase alerta para cuando salgan al mercado aplicaciones como esas!
  • Anime a los niños para que se asocien con sus amigos. Compartir los objetivos puede contribuir con la motivación: los compañeros pueden recordar, celebrar el éxito y motivar a otros durante la competencia. En ocasiones, pueden hacer las tres cosas, pero recuerde que los pares también pueden hacer comentarios negativos y distractores. Por ello, es importante que los docentes promuevan una comunicación positiva y alienten a sus alumnos de manera correcta.

Leemos en 1 Corintios 6:19, 20 (NVI)19 que el “cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes […]. Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio”. Esto enfatiza que los cristianos, y en particular los adventistas del séptimo día, deberíamos dar prioridad a conservar sano el cuerpo y ser responsables a la hora de cuidar de esos templos. No obstante, aunque las clases de salud y educación física son parte de la mayoría de los planes curriculares, los educadores a menudo comen mal, duermen y se ejercitan demasiado poco, y no se preocupan en buscar información sobre cómo mejorar su salud. Los docentes, consejeros y enfermeros escolares tienen un papel vital que cumplir, ayudando a inculcar esos valores en los estudiantes desde una edad temprana, no solo mediante la enseñanza creativa, sino también al ser modelo de buenas conductas de salud.

Los adventistas reconocemos las partes más familiares del mensaje de salud: seguir un régimen vegetariano, evitar hábitos nocivos como fumar, etc. Sin embargo, acaso hayamos pasado por alto la importancia de participar en la toma de decisiones médicas y de trabajar junto con el personal de salud para tomar las mejores decisiones. Muchos de nosotros no dialogamos con nuestro médico; puede ser que nos traguemos las preguntas; puede ser que seamos participantes pasivos en lugar de activos. Esto sin embargo no necesita ser así en las siguientes generaciones. Podemos comenzar temprano a enseñar a los niños cómo ser socios activos en el cuidado de su propia salud y, de esta manera, llevarlos más cerca del cumplimiento del deber de la mayordomía sobre sus cuerpos, que son templo del Espíritu Santo.

Este artículo ha pasado por la revisión de pares.

Leslie R. Martin

Leslie R. Martin, PhD, es profesora de psicología en la Universidad La Sierra, en Riverside, California, Estados Unidos. Martin completó su doctorado en la Universidad de California, en Riverside, y es Miembro de la Asociación de Psicología del Oeste. La doctora Martin ha sido autora o coautora de varios artículos en las áreas de psicología de la salud, psicología social y personalidad.

NOTAS Y REFERENCIAS

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  2. Colleen Lacey, Marsha Finkelstein y Megan Thygeson, “The Impact of Positioning on Fear During Immunizations: Supine Versus Sitting Up”, Journal of Pediatric Nursing 23:3 (Junio 2008):195-200; Mark Lumley, Barbara Melamed y Linda Abeles, “Predicting Children’s Presurgical Anxiety and Subsequent Behavior Changes”, Journal of Pediatric Psychology 18:4 (Agosto 1992):481-497.
  3. Lumley, Melamed y Abeles, “Predicting Children’s Presurgical Anxiety and Subsequent Behavior Changes”, ibíd.; Dynnette Hart y Elizabeth Bossert, “Self-reported Fears of Hospitalized School-aged Children”, Journal of Pediatric Nursing 9:2 (Abril 1994):83-90; Paul Jacobson et al., “Analysis of Child and Parent Behavior During Painful Medical Procedures”, Health Psychology 9:5 (Enero 1990):559-576.
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  6. Gordon H. Guyatt et al., “Children and Adult Perceptions of Childhood Asthma”, Pediatrics 99:2 (Febrero 1997):165-168.
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  8. Howard S. Friedman et al., “Stability of Physical Activity Across the Lifespan”, Journal of Health Psychology 13:8 (Noviembre 2008):1092-1104; Vera Mikkila et al., “Consistent Dietary Patterns Identified From Childhood to Adulthood: The Cardiovascular Risk in Young Finns Study”, British Journal of Nutrition 93:6 (Junio 2005):923-931; Robert Malina, “Tracking of Physical Activity Across the Lifespan”, President’s Council on Physical Fitness and Sports Research Digest 3:14 (Setiembre 2001):1-8; Dorthe Holst y Annemarie A. Schuller, “Oral Health in a Life-course: Birth Cohorts From 1929 to 2006 in Norway”, Community Dental Health 29:2 (Junio 2012):134-143.
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  13. A. Worsley et al., “Does School Health and Home Economics Education Influence Adults’ Food Knowledge?” Health Promotion International (Agosto 2015): http://oxfordjournals.org. doi: 10.1093/heapro/dav078. Sitio visitado en diciembre de 2015.
  14. Martin et al., Health Behavior Change and Treatment Adherence, op. cit.; Thomas Bodenheimer, Connie Davis y Halsted Holman, “Helping Patients Adopt Healthier Behaviors”, Clinical Diabetes 25:2 (Abril 2007):66-70.
  15. Martin et al., Health Behavior Change and Treatment Adherence, ibíd.; Albert Bandura, “Self-efficacy: Toward a Unifying Theory of Behavioral Change”, Psychological Review 84:2 (Marzo 1977):191-215.
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  17. Martin et al., Health Behavior Change and Treatment Adherence, op. cit.
  18. Tripp Underwood, “Improving Medical Adherence in Kids? There’s (Going to Be) an App for That,” Thriving—Boston Children’s Hospital’s Pediatric Health Blog (Julio 2012): http://childrenshospitalblog.org/improving-medical-adherence-in-kids-theres-going-to-be-an-app-for-that/. Sitio visitado el 20 de junio de 2014.
  19. Las citas bíblicas han sido extraídas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® Copyright © 1999 de Biblica, Inc.® Usada con autorización. Todos los derechos reservados.