Nancy J. Carbonell

Diálogo interno ¿amigo o enemigo?

¿Influyen nuestros pensamientos en lo que hacemos y sentimos? Como maestra, siempre he estado interesada en explorar lo que contribuye a la motivación y la confianza propias de mis estudiantes toda vez que ellos emprenden nuevas tareas u oportunidades de aprendizaje. Ese interés me llevó a estudiar psicología, la que me introdujo a la investigación del importante papel que tienen nuestros pensamientos respecto de nuestras acciones y emociones. A menudo, estos pensamientos y mensajes expresados por medio de nuestra voz interna ocurren sin que nos demos cuenta.

Siegrist1 describe el diálogo interno como el discurso interior en voz alta de una persona o por medio de sus pensamientos. Esa voz interna, que puede ser positiva o negativa, a menudo es un comentario continuo en la mente que refuerza y confirma percepciones y creencias personales sobre ellos mismos y el mundo que los rodea. El diálogo interno positivo ayuda a que las personas se sientan bien consigo mismas y aumenta la motivación y los sentimientos de competencia. El diálogo interno negativo suele entristecer a las personas, llevándolas a rendirse o a sentirse abrumadas por malos pensamientos. El diálogo interno negativo generado por cada uno de nuestros estudiantes es potencialmente una de las fuentes más perjudiciales de críticas que tienen que enfrentar, especialmente porque ese tipo de diálogo propio es constante y muchas veces no se cuestiona.

Aunque yo no era consciente de la importancia del diálogo propio cuando estaba en tercer grado, recuerdo que me sentí afectada. Recién me había mudado a una escuela nueva y la maestra anunció que iba a dividir la clase en grupos según nuestro nivel de lectura. Me llevé mi libro a casa para practicar con mi mamá. Yo quería estar en el grupo de alumnos que podían leer “mejor”, porque sabía que una de mis nuevas amigas iba a estar en ese grupo también. Me gustaba leer con mi mamá. Ella me escuchaba y me daba sugerencias de cómo mejorar la lectura. “Respira después de cada punto y haz una pausa”, me decía, o: “Lee esa parte de nuevo con voz triste, porque el niño de la historia está triste”. Siempre estaba lista para los cumplidos. “Buen trabajo. ¡Eres buena lectora!”. Me animaba una y otra vez, y yo aceptaba sus comentarios. “Claro que soy buena lectora. ¡Hasta mi madre dijo que lo soy!”. Desde ese momento y por muchos años tuve un diálogo interno positivo en lo que tenía que ver con mi capacidad para lectura.

No obstante, también sucede lo contrario. Los mensajes negativos que nos decimos como niños nos pueden afectar, especialmente si no los cuestionamos. Por ejemplo, casi nunca bateo bien en sóftbol y varias veces solo llego a primera base después de cuatro malas. Varias veces quedé eliminada por impaciente. Si me tocaba batear con las bases llenas, escuchaba que mis compañeras se quejaban y decían: “¡Ay, no! ¡Le toca batear!” Por su parte, el equipo rival se regodeaba de antemano.

En momentos así mi diálogo interno era el siguiente: “¡No! ¿Por qué me sucede esto?” “¡No puedo pegarle a la pelota!” “¡No puedo batear!” “Detesto jugar al sóftbol”. Ya había sido derrotada antes de batear, porque el diálogo interno negativo me convertía en mi peor crítica. Repetía que no podía batear y que detestaba el juego. Así que evité jugar al sóftbol hasta que, en la secundaria, mi profesora de educación física me ayudó a cambiar mi diálogo interno. Su apoyo me ayudó a decirme: “Ella cree en mí. Tengo que intentarlo otra vez”. Y así lo hice. En el último año de la secundaria, a fines de octubre, fui escogida como lanzadora de mi equipo de sóftbol. Esta ilustración revela cuan fácilmente uno puede enfocarse en el diálogo interno negativo, que puede arruinar la confianza propia y la autoestima, obstaculizando la motivación de intentar cosas nuevas.

Dediquemos un momento a explorar la posibilidad de que alguien en realidad no es bueno en sóftbol, matemáticas o para hablar en público. Rara vez hay una persona que sea buena en todo. Sería inefectivo e inútil no reconocer la verdad. Entonces, ¿cómo decidir si el diálogo interno negativo es verdadero o falso? Si es verdadero, ¿qué es lo que lo hace destructivo? El diálogo interno negativo puede hacer gran daño cuando nos mantiene atrapados en sentimientos de fracaso. Aunque acaso sea imposible pensar con coherencia en un diálogo interno positivo durante momentos de desafíos, es importante usar nuestra energía para limitar los pensamientos negativos y enfocarnos en nuestras fuerzas. Sugiero que seamos más conscientes de nuestro diálogo interno, que evaluemos la evidencia que lo apoya, que busquemos opiniones de los demás y que después nos enfoquemos en fortalezas que nos ayuden a seguir adelante.

El buen uso del diálogo interno me ha llevado a reconocer mis deficiencias en el sóftbol, pero también he reconocido mis fortalezas. Por ejemplo: “No juego muy bien al sóftbol y no me gusta jugarlo, pero puedo apoyar a mis amigos que sí lo hacen”. Ese tipo de diálogo interno se enfoca en las cosas que podemos hacer bien. Una manera de hacerlo es, por ejemplo: “Tal vez no pueda cantar muy bien, pero sé cómo dar un discurso excelente”.

La importancia del diálogo interno

Los primeros descubrimientos de los investigadores del área2 indican que la afirmación y las imágenes positivas de uno mismo son tan poderosas que tienen un efecto positivo en el conocimiento almacenado del yo, y preparan a la persona para que participe de comportamientos positivos en el futuro. Por el contrario, las declaraciones e imágenes negativas de uno mismo tienen un efecto dañino sobre el conocimiento almacenado del yo y los comportamientos negativos.

El diálogo interno comienza en la niñez y nos llega naturalmente. Nuestros mensajes de conversación privada vienen de las creencias que desarrollamos sobre nosotros mismos, incorporados por la manera en que interpretamos los mensajes de otros (padres, hermanos, parientes, compañeros de clases, maestros, jefes, etc.). Al escuchar tu propio diálogo interno, puedes evaluar cómo te ves a ti mismo. ¿Te gusta la persona que eres? ¿Sueles sentirte derrotado antes de intentar algo? ¿Te sientes seguro de ti mismo? ¿Te ves como un triunfador, o como un fracasado? Todos usamos nuestro diálogo interno para evaluar quiénes somos, cómo nos ven otras personas, cómo nos vemos a nosotros mismos, lo que pensamos que podemos o no podemos hacer, cuán bien hacemos las cosas, qué decisiones necesitamos tomar y si somos valorados o no. Es como un crítico interno que nunca para, afectando así constantemente nuestras acciones y decisiones. Es importante estar atentos al tono de esos mensajes y a la manera de evaluarnos a nosotros mismos.

Las investigaciones indican que el diálogo interno es clave para enfrentar y luchar con los desafíos de la vida. Puede aumentar la motivación, reducir el estrés, aliviar los temores, mejorar el rendimiento en los deportes y las actividades competitivas, y aumentar los sentimientos de competencia propia y autoestima.3

Un estudio de Kross et al.4 indica que es importante la manera de implementar el diálogo interno positivo. Cuando tenemos un diálogo interno usando el pronombre de la primera persona (“yo”), normalmente nos estamos refiriendo a nuestras propias emociones y ser emocional. Sin embargo, el diálogo interno positivo que trata de animar a alguien para que haga algo o que da una directiva es más efectivo cuando promueve el distanciamiento propio al hablarse a uno mismo usando el pronombre de la segunda persona (“Tú harás un buen trabajo”) o de la tercera persona (“Ella hará un buen trabajo”, para referirse a sí misma). Esto indica que distanciarse parece ayudar a que las personas se enfrenten no solo con la depresión y el enojo relacionados con pensar en el pasado, sino también con la ansiedad social al pensar en el futuro. En pocas palabras, para lograr cambios y un impulso motivacional, es más efectivo usar un diálogo interno con pronombres de la segunda y tercera personas.

El diálogo interno en la Biblia: Elías

En 1 Reyes 18 y 19 encontramos una historia que demuestra el poder del diálogo interno. Es cuando Dios le pidió a Elías que se enfrentara al rey Acab, la reina Jezabel y los 450 profetas de Baal para ver si Baal o el Dios de Israel era más poderoso. Después de un día largo y agotador de observar cómo los profetas de Baal gritaban y rogaban sin éxito a su dios, Elías tuvo su turno y elevó una simple oración a Dios. Un rayo de fuego descendió del cielo y consumió el sacrificio que había sido empapado con agua. Cuando Elías le pidió a Dios que pusiera fin a la sequía que había durado tres años, inmediatamente “las nubes fueron oscureciendo el cielo; luego se levantó el viento y se desató una fuerte lluvia” (1 Reyes 18:45, NVI)5. ¡Un día maravilloso para Elías y todos los seguidores de Dios! ¡El poder de Dios se manifestó para que todos lo vieran!

Uno pensaría que Elías se diría a sí mismo: “¡Increíble! Si Dios está conmigo, ¿quién está contra mí?” Sin embargo, poco después de ese gran triunfo, Elías se doblegó por el miedo, porque la “poderosa” y siniestra Jezabel estaba en camino para matarlo. Mientras huía al desierto para esconderse de ella, expresó su deseo de morir, al decir: “Estoy harto, Señor… quítame la vida” (1 Reyes 19:4). ¡Esto no tiene sentido para los que escuchamos la historia! ¿Cómo puede ser que Elías experimentó el gran poder y la omnipotencia de Dios, y poco después huyó asustado? ¿Qué sucedió?

Este es un buen ejemplo del diálogo interno negativo que nos puede llevar a pensamientos depresivos y a la convicción de que estamos condenados a fracasar aun cuando tenemos los recursos para triunfar. Es probable que el diálogo interno de Elías haya sido: “¡Ella me va a encontrar y me va a matar! ¡Corre!”. Aunque Elías estaba en la “lluvia” del Dios todopoderoso, su diálogo interno negativo lo abrumó.

El diálogo interno en las escuelas

Vygotsky6, uno de los primeros educadores que señaló la importancia del diálogo interno, describió que, por lo general en los niños, esto sucede de manera pública. Mientras los niños se desarrollan, el diálogo se convierte más interno mientras forma parte de sus experiencias diarias y su existencia, aunque muchas veces no pueda ser visto por otros. El diálogo interno puede ser fundamental para anticipar el rechazo, el desagrado, la vergüenza, la incapacidad y la desesperanza en los niños. De no identificar y abordar los síntomas, los que muestran una afectividad negativa, ansiedad y diálogo interno depresivo pueden luchar en los estudios. En efecto, los ensayos clínicos han demostrado que el diálogo interno negativo puede servir como indicador de dos trastornos presentes en aproximadamente el diez por ciento de los niños actuales: los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos7.

Como educadores, podemos aplicar el diálogo interno a la comunidad escolar. Como fue mencionado anteriormente, el diálogo interno puede ser positivo o negativo, por lo que es necesario enseñar a nuestros estudiantes que el diálogo interno positivo es edificante, alentador, motivador e inspirador, mientras que el diálogo interno negativo impide el desarrollo, causa ansiedad, es adverso y destructivo. La identificación del diálogo interno que usan nuestros estudiantes nos muestra si los mensajes que ellos repiten de sí mismos son positivos. A menudo los niños no son conscientes del diálogo en sus mentes o del poder de ese tipo de diálogo. Ayudarlos a sintonizar su diálogo interno puede contribuir a que regulen esos mensajes de una manera beneficiosa para ellos, ya sea para calmarse en momentos de ansiedad o para detener el diálogo que lleva a fracasar, como por ejemplo: “Nadie me quiere y no tengo amigos”.

Muchos investigadores creen que las cosas que nos suceden son la causa primaria por la cual nos sentimos enojados, heridos, tontos, rechazados, estresados o ansiosos. Gracias al trabajo de Albert Ellis, Aaron Beck y Daniel Meichenbaum,8 psicoterapeutas reconocidos mundialmente cuyo trabajo profesional resalta la necesidad de explorar intencionalmente el pensamiento, ahora reconocemos la importancia de eliminar los pensamientos negativos para responder y comportarnos de manera más útil. Si no lo controlamos, el diálogo interno negativo puede impedir la motivación y el éxito y afectar nuestra manera de interpretar los eventos de la vida. Por ejemplo, digamos que Juan9 le lleva un regalo a su novia Susana, un álbum de uno de sus artistas preferidos. Ella ve que él se acerca y se dice a sí misma (diálogo interno), sonriendo: “Él me quiere. Se acordó de que hoy es mi cumpleaños. Soy especial para él”. ¿Cómo reaccionará Susana ante el regalo? Sabemos que lo más seguro es que su reacción sea positiva, ¿no es así? No obstante, si un amigo le contó a Susana que vio a Juan y Amanda agarrados de la mano y mandándose mensajes de texto, tal vez ella piense: “¡Ese asqueroso! ¡Sabe que yo averigüé que ha estado hablando con Amanda, y ahora me compró este regalo para apaciguarme! ¡Hemos terminado!” ¿Cómo responderá ella ahora? Es muy probable que responderá de manera negativa, aun si él le dice: “Tú me gustas y quiero ser tu novio”. Si Susana siente que él le está mintiendo, nada va a cambiar su manera de pensar o su reacción.

Que Susana se deprima o no dependerá de su diálogo interno. Imaginemos que dice: “No sirvo para nada. No soy tan atractiva como Amanda; por eso él gusta más de ella”. Es muy probable que esto reafirme sus sentimientos de baja autoestima y de que no es atractiva. Esto la puede llevar a la depresión. Sin embargo, si ella dice: “Estoy contenta de que descubrí lo que le gusta. Yo me merezco algo mejor”, ella podrá superar el evento más rápidamente y seguir adelante. Muchas veces no es el evento que afecta nuestros sentimientos, sino lo que creemos y nos decimos sobre la situación lo que puede determinar nuestros sentimientos.

Pasos para tener un mejor diálogo interno

La tarea de hacer amigos a partir de enemigos como el diálogo interno negativo es una actividad intencional, coherente y persistente. Aquí hay cinco pasos que ayudarán personalmente a los maestros con esa tarea en el salón de clases:

  1. Comience consigo mismo como persona, como maestro. ¿Cómo es su diálogo interno?
  2. Preste atención al diálogo interno de sus estudiantes y ayúdelos a que entiendan cómo afecta eso sus actitudes. ¿Es el diálogo interno su amigo o enemigo?
  3. Implemente actividades que guíen a los estudiantes hacia un diálogo interno positivo, productivo y fortalecedor.
  4. Rodéese de energía positiva.
  5. Encuentre un recurso en Dios y piense en lo valiosos que él nos dice que somos, tanto profesores como estudiantes.

Primer paso. Comience con usted mismo. ¿Cómo es su diálogo interno? Piense en lo que hace que su diálogo interno sea positivo o negativo a lo largo del día. Lleve un diario. Si usted ha pasado por el proceso, le será más fácil identificar el diálogo interno de sus estudiantes.

El primer paso no es solo identificar sus mensajes de diálogo interno sino también tratar de usar el mejor diálogo exterior. Tiene que trabajar de manera intencional para que el salón de clases sea un lugar positivo. Busque oportunidades de afirmar lo que están haciendo sus estudiantes. “Raúl, me gustó como ayudaste a Samuel. Eres tan considerado”. ¿Observó a una estudiante que está leyendo en su escritorio? Acérquese a ella y bríndele afirmación: “Nora, veo que estás leyendo tranquila en tu escritorio. Buena idea. Tú sí que sabes cómo usar tu tiempo sabiamente”. Usted tiene que convertirse en un ejemplo para que ellos puedan ver cómo se hace.

Se han hecho estudios que indican que los comentarios hechos por personas significativas en las vidas de los niños y jóvenes pueden tener gran influencia para ayudarlos a desarrollar un concepto mejor de sí mismos y un diálogo interno saludable10. Según Harter,11 esas personas importantes son los padres, los maestros, los compañeros de clase y los buenos amigos. Cuando los maestros hacen un esfuerzo consciente de dirigir comentarios positivos a sus estudiantes, esto influye de manera positiva en el diálogo interno de ellos.

Los niños que informaron que las personas significativas les hablaron de manera positiva, mostraron tener un diálogo interno positivo más alto y un diálogo interno negativo más bajo que los niños que dijeron que las personas significativas les hablaron de manera negativa12. Los investigadores Craven, Marsh y Debus informaron que los niños suelen internalizar los comentarios positivos que reciben de sus maestros, como por ejemplo: “Te fue muy bien en el dictado; felicitaciones”. Los niños usan esto para alimentar su diálogo interno positivo (“Yo sé escribir muy bien las palabras del dictado”), y para completar con seguridad tareas futuras parecidas. Mediante frases así, los niños pueden crear conceptos de sí mismos que describen sus habilidades e influyen sobre sus intereses. Burnett13 lo llama “el poder de lo positivo”, porque el docente está mejorando el ambiente escolar al aumentar el número de declaraciones positivas en las aulas y crear un ambiente de aprendizaje saludable.

Al mismo tiempo, los estudiantes imitan lo que ven. Si observan que el maestro trata a los demás con paciencia, respeto y cariño, ellos harán lo mismo. Los maestros tienen que ser conscientes de lo que dicen, de cuánto dicen, cómo lo dicen y a quién lo dicen, porque esto puede influir de gran manera la autoestima de un niño y el trato mutuo de los estudiantes. Por ejemplo, si los estudiantes ven que al maestro no le gusta Brandon y lo encuentra irritante, es muy probable que ellos también desarrollen esa misma actitud. Se aplica también lo contrario. Si la actitud del maestro hacia Brandon demuestra que lo reconoce como miembro valioso de la clase, entonces ellos harán lo mismo.

Segundo paso. Observe y escuche el diálogo interno de sus estudiantes para averiguar qué se están diciendo a sí mismos. A veces, ellos expresarán sus sentimientos en voz alta. Si los estudiantes están participando de un diálogo interno positivo, es más probable que digan algo como: “Lo puedo hacer”, “Lo intentaré”, “Las personas se llevan bien conmigo”, “Tengo buenos amigos”. Ese tipo de diálogo interno los ayudará a esforzarse más para memorizar las tablas de multiplicación, pronunciar una palabra difícil o responder de manera positiva cuando son rechazados por sus amigos. Si el diálogo interno de los estudiantes es negativo, escuchará frases tales como: “Nadie me quiere”, “No soy inteligente”, “No lo puedo hacer,” “Nunca entenderé esto”. Esto puede indicar que el niño está deprimido, porque siente que no tiene amigos o se siente abrumado por un problema que piensa que es incapaz de resolver.

Otra manera de reconocer los mensajes internos negativos de sus estudiantes es observando su comportamiento. Por ejemplo, ¿no están haciendo su tarea? ¿Están solos durante el almuerzo? ¿No juegan con otros niños durante el recreo? Pregúnteles por qué no están haciendo la tarea o por qué suelen estar solos, o qué están pensando.

Busque maneras de hallar que los estudiantes identifiquen y sean más conscientes de sus diálogos internos, dado que esto puede ayudarlos a cambiar los pensamientos que los llevan a fracasar. Algunas buenas maneras de desarrollar la conciencia propia implican actividades tales como llevar un diario personal de los pensamientos que los ayudan o no, o discutir ese tema después de leer una historia (como La pequeña locomotora que sí pudo). Asimismo, si ven ejemplos y videos, y luego piden a sus estudiantes que identifiquen y discutan el diálogo interno de las personas de la historia, esto podrá ayudarle a mostrarles el efecto que tiene su propio diálogo interno.

Después de esas discusiones, anime a los estudiantes para que escriban de sus luchas personales y comprendan qué tipo de diálogo interno usan diariamente. Pregúnteles qué diálogos negativos quisieran convertir en positivos. Esos ejercicios y discusiones los ayudarán a prestar atención a los pensamientos que causan las emociones que sienten.

Recuerde que frecuentemente, el diálogo interno se produce a un nivel bajo de conciencia, porque nuestras actitudes y creencias se van desarrollando, y a menudo resultan de los aportes que recibimos de nuestros seres queridos, maestros y amigos. Al comienzo, lo más importante es el reconocimiento. Los mensajes negativos continuarán dominando si los estudiantes no aprenden a reconocer qué tipo de diálogo interno usan y eso los privará del diálogo positivo que los puede ayudar a enfrentar los problemas, mantener la motivación y sentirse bien consigo mismos.

Si se ayuda a los estudiantes para que identifiquen y modifiquen sus diálogos internos podrán controlar con mayor facilidad sus emociones14, lo que puede reducir la impulsividad y mejorar el autocontrol. Eso les permite incorporar las perspectivas de otras personas en el discurso privado e incluir diversas perspectivas a la hora de resolver problemas emocionales y sociales, algo que puede afectar la comprensión.15 Esto a su vez puede mejorar la empatía y la comprensión de otros puntos de vista. La capacidad de modificar el diálogo interno negativo de manera exitosa parece ser un buen indicador de la inteligencia emocional de una persona.16 Se define como inteligencia emocional la capacidad de monitorizar las emociones propias o de otras personas, discriminar entre emociones diferentes y catalogarlas apropiadamente, y usar información emocional para guiar el pensamiento y el comportamiento.17 Es fundamental fortalecer las capacidades de unir la inteligencia, la empatía y las emociones para mejorar el pensamiento y la comprensión de las dinámicas interpersonales para desarrollar la inteligencia emocional.18

Tercer paso. Implemente actividades en el salón de clases que guíen el diálogo interno en una dirección positiva, productiva y fortalecedora en el ámbito del diálogo interno. Eduque a los estudiantes sobre los peligros del diálogo interno negativo y cómo vencerlo. Algunos ejemplos de actividades:

  • Cree una unidad acerca de la importancia del diálogo interno y pídale a la clase que identifique las diferencias entre el diálogo interno positivo y negativo. La unidad puede ser integrada al plan de estudios primario y secundario como un módulo autónomo, o como un tema suplementario en las áreas de religión o salud.
  • Prepare lecciones de temas específicos para el mes usando frases como “Borrado de archivos defectuosos”, “Cómo deshacerse de los virus de la mente”, o “Piensa de manera positiva” (o invente los suyos propios).
  • Escriba una breve representación para los estudiantes, en la que se muestre el poder del diálogo interno, y pídales que la representen para estudiantes de grados menores.
  • Inicie discusiones sobre cómo reconocer los mensajes que son perjudiciales a nuestro diálogo interno y cómo sustituirlos con mensajes positivos.
  • Encuentre la manera de animar a la clase para que esté pendiente del diálogo interno negativo y de cómo cambiarlo. Dé el ejemplo.
  • Diga algo negativo y luego corríjalo. Por ejemplo, si llama a un niño por el nombre equivocado, puede decir: “Me olvidé tu nombre”, y entonces puede añadir: “A veces cometo errores, pero siempre trato de mejorar”.
  • Pida a los estudiantes que compartan instancias en las que han usado el diálogo interno para ayudarse a superar tareas o situaciones difíciles.
  • Trate estos temas en las reuniones de la asociación de padres y maestros o cuando los padres visiten la institución. Pida a las familias y a la familia institucional que trabajen juntos en esto.

Es clave insertar un diálogo interno positivo rápidamente y en forma concreta para sustituir al diálogo interno negativo. Es bueno tratar de hallar maneras para que sus estudiantes dejen de usar palabras negativas y “paren” sus pensamientos negativos. Esta es una buena actividad de diálogo interno que se puede practicar a lo largo del día. En psicología, a esta técnica se le dice “parar el pensamiento”. Se ha comprobado que es una buena manera de ayudarnos a interrumpir el ciclo negativo.19 Es mejor que nuestros estudiantes se deshagan de esas actitudes lo antes posible. Dé el ejemplo sobre cómo hacerlo. Dígales que si se dan cuenta de que están pensando: “Nunca voy a aprobar ese examen”, tienen que rechazar ese pensamiento negativo inmediatamente y remplazarlo con una frase que sea más racional y precisa. Por ejemplo: “Yo puedo aprobar si me preparo adecuadamente para el examen,” o: “No soy tonto. En el pasado he aprobado varios exámenes”. O: “Yo puedo hacer esto. Empezaré a prepararme desde ahora”. Esos pensamientos no solo son verdaderos sino que también sustituyen la actitudes negativas con pensamientos más productivos y útiles. Brinde a los estudiantes una lista de mensajes negativos, y trabajen juntos para identificar respuestas positivas.

Participar de esas actividades y otras parecidas no solo contribuirá a un ambiente positivo y de comprensión en el salón de clases, sino que también ayudará para que los estudiantes tengan un espíritu positivo generado por un diálogo interno positivo. Esas actividades también ayudarán a los niños que no reciben muchos mensajes positivos de otras personas, y les enseñará cómo cultivarlos.

Cuarto paso. Cultive y promueva una atmósfera positiva en la escuela. Hable de cómo puede ser un amigo positivo y edificante, y de por qué el diálogo interno negativo es desalentador. Analicen juntos de qué manera las amistades pueden apoyar el diálogo interno positivo o negativo, y muestre en una representación cómo se produce esto. Escoja una semana para investigar y encontrar mensajes alentadores en canciones. Pídales que den ejemplos en la clase y expliquen por qué piensan que el mensaje es positivo. Cree una unidad y deles la tarea de identificar mensajes positivos en libros, música y otros medios de comunicación para que los compartan con sus compañeros de clase. Después, pídales a los estudiantes que dediquen algunos momentos a describir los pensamientos positivos que estos libros los llevaron a experimentar. Busque otras formas de entretenimiento en las cuales se pueda participar diariamente para producir energía positiva.

Quinto paso. Como cristianos creemos que podemos encontrar un recurso nuevo en Dios, quien puede mejorar nuestro diálogo interno. Los pensamientos que nos expresan frases tales como “Yo no sirvo para nada” pueden ser transformados: “Dios me ama y soy valioso” (Juan 3:16). Los mensajes que afirman “Estoy solo y no tengo a nadie” pueden ser remplazados con el aliento de Cristo, que nos asegura: “No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes” (Juan 14:18). Los maestros pueden agregar estos hermosos pensamientos a cualquier lección que trate con el diálogo interno. Los pensamientos de Pablo adquieren un nuevo significado si los entendemos en el contexto de cuán importante es el diálogo interno positivo. Él escribió: “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí”. “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:8, 9, 7).

Organicen discusiones en la clase sobre cómo tratar e interactuar con los demás, recordando que todos somos hijos de Dios. Analicen maneras de mostrarse inspiradores y positivos, identificando cómo Cristo hizo exactamente eso mientras vivió en esta tierra.

Si practican estos pasos, tanto estudiantes como maestros se acostumbrarán a pensar de manera positiva. Sea paciente. Puede necesitar varias semanas o meses para refutar el repertorio de mensajes negativos. La identificación de ese tipo de adoctrinamiento propio, desafiándolo y remplazándolo por un diálogo interno saludable, presenta un desafío que se hace evidente al tratar de quebrantar cualquier mal hábito. Es difícil hacerlo, pero al final vale la pena. Los maestros quedarán sorprendidos al ver que estas estrategias ayudarán a mejorar el espíritu de solicitud y aliento en el salón de clases, lo que conducirá tanto a maestros como a estudiantes a una vida de mayor satisfacción, más positiva y productiva.

Este artículo ha pasado por la revisión de pares.

Nancy J. Carbonell

Nancy J. Carbonell, PhD, es profesora del departamento de posgrado de psicología y consejería de la Universidad Andrews, en Berrien Springs (Míchigan, Estados Unidos). Carbonell es psicóloga certificada, y practica la disciplina en forma privada en Berrien Springs. Ha publicado en el área de vida familiar, relaciones raciales, y el poder del diálogo interno. Sus intereses de investigación incluyen la comprensión de la diversidad, el efecto de los valores y las creencias sobre las relaciones multiculturales y la capacitación ética de los consejeros.

NOTAS Y REFERENCIAS

  1. Michael Siegrist, “Inner Speech as a Cognitive Process Mediating Self-Consciousness and Inhibiting Self-Deception”, Psychological Reports 76:1 (Febrero 1995), pp. 259-65.
  2. Michael Bruch, Victor Meyer y Edward S. Chesser, “The Role of Evaluative Self-Schemata in Self-Talk: Some Predictions and Explorations”, Scandinavian Journal of Behaviour Therapy 16:4 (Enero 1987), pp. 149-66; Donald Meichenbaum, Cognitive-Behavior Modification: An Integrative Approach (Nueva York: Plenum, 1977); Max R. Uhlemann y Sharon A. Plater, “Effects of Self-Statements and Coping Strategies on Adaptational Outcomes of Stress”, Canadian Journal of Counselling and Psychotherapy 24:1 (Enero 1990), pp. 3-16.
  3. Barbara L. Fredrickson, “The Role of Positive Emotions in Positive Psychology: The Broaden-and-Build Theory of Positive Emotions”, American Psychologist 56:3 (Marzo 2001), pp. 218-26; Eric L. Garland et al., “Upward Spirals of Positive Emotions Counter Downward Spirals of Negativity: Insights from the Broaden-and-Build Theory and Affective Neuroscience on the Treatment of Emotion Dysfunctions and Deficits in Psychopathology”, Clinical Psychology Review 30:7 (Noviembre 2010), pp. 849-64; Jeremy T. Goldbach y Jeremy J. Gibbs, “Strategies Employed by Sexual Minority Adolescents to Cope with Minority Stress”, Psychology of Sexual Orientation and Gender Diversity 2:3 (Septiembre 2015), pp. 297-306; Divya Kannan y Heidi Levitt, “A Review of Client Self-Criticism in Psychotherapy”, Journal of Psychotherapy Integration 23:2 (Junio 2013), pp. 166-78; Christopher R. D. Wagstaff y John Leach, “The Value of Strength-Based Approaches in SERE and Sport Psychology”, Military Psychology 27:2 (Marzo 2015), pp. 65-84.
  4. Ethan Kross et al. “Self-Talk as a Regulatory Mechanism: How You Do It Matters”, Journal of Personality and Social Psychology 106:2 (Febrero 2014), pp. 304-324.
  5. Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI® Copyright ©1973, 1978, 1984, 2011 por Biblica, Inc.® Usada con autorización. Todos los derechos reservados.
  6. Lev S. Vygotsky, Thought and Language (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1962). El trabajo de Vygotsky fue publicado originalmente en 1934.
  7. E. Jane Costello, et al. “Prevalence and Development of Psychiatric Disorders in Childhood and Adolescence”, Archives of General Psychiatry 60, no 8 (Agosto 2003), pp. 837-44.
  8. Albert Ellis, “Rational Psychotherapy and Individual Psychology”, Journal of Individual Psychology 13 (Enero 1957), pp. 38-44; Albert Ellis, Overcoming Destructive Beliefs, Feelings, and Behaviors: New Directions for Rational Emotive Behavior Therapy (Amherst, NY: Prometheus Books, 2001); Aaron T. Beck, Cognitive Therapy and the Emotional Disorders (Nueva York: Plume, 1979); Meichenbaum, Cognitive-Behavior Modification.
  9. Los nombres usados son seudónimos.
  10. Paul C. Burnett, “An Investigation of the Social Learning and Symbolic Interaction Models for the Development of Self-Concepts and Self-Esteem”, Journal of Family Studies 2:1 (Abril 1996), pp. 57-64; Paul C. Burnett, “Children’s Self-Talk and Significant Others’ Positive and Negative Statements”, Educational Psychology 16:1 (Marzo 1996), pp. 57-67.
  11. Susan Harter, Manual for the Social Support Scale for Children (Denver, Colo.: University of Denver, 1985).
  12. Rhonda G. Craven, Herbert W. Marsh y Raymond L. Debus, “Effects of Internally Focused Feedback and Attributional Feedback on Enhancement of Academic Self-Concept”, Journal of Educational Psychology 83:1 (Marzo 1991), pp. 17-27, doi: 10.1037/0022-0663.83.1.17.
  13. Paul C. Burnett, “Children’s Self-Talk and Academic Self-Concepts: The Impact of Teachers’ Statements”, Educational Psychology in Practice 15:3 (1999), pp. 195-200.
  14. Philip C. Kendall y Muniya S. Choudhury, “Children and Adolescents in Cognitive-Behavioral Therapy: Some Past Efforts and Current Advances, and the Challenges in Our Future”, Cognitive Therapy and Research 27:1 (Febrero 2003): 89-104.
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